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EL PERIÓDICO
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“¿Qué libro me recomiendas?” ¡¡Help me!! (Continuará)


¡A temblar! Todas y cada una de las veces que alguien me pregunta: “y tú, ¿qué libro me recomendarías?”, se me cuaja el estómago y me da un brinco el cerebro. Sin hipérboles.

Rápidamente echo mano de mi última lectura, y por lo que sea, ni me acuerdo del título; solo veo la tapa y como mucho la editorial… o ni eso tan siquiera.

Empiezo a balbucear de qué va el argumento pero rápidamente desecho tal sugerencia; lógico, no lo he terminado y todavía no estoy en condiciones de apostar por él; aunque ya lo dijo Borges: “si un libro no te atrapa en las primeras 40 páginas, busca otro; hay mucho que leer”.

Sigo con el salto cerebral, rebuscando en posibles y anteriores lecturas que me han llamado la atención, porque me gustaron o me disgustaron. Y no hay manera, oye. Que se han borrado del disco duro todas las páginas de ese libro que devoré. ¡¡Help me!!

La cosa se complica cuando la pregunta viene de alguien que ha sentido, así, a bote pronto, el irreprimible deseo, el propósito de año nuevo (aunque estemos en marzo) de empezar a leer.

Eso sí que es un reto. Se trata de alguien de cierta edad, profesional, aburrido de la pandemia (como todos) y que está harto de oír que la lectura distrae, acompaña, enseña, divierte…

Será cuestión de intentarlo. Y acude a ti con la certeza y la convicción de que tienes el remedio para su desacostumbrado hábito de leer un libro. Porque suele ocurrir que periódicos sí que lee, de cabo a rabo, bueno, solo uno, el más afín a sus ideas: para qué perder tiempo con lo que dicen otros si se inventan todo; y la radio: también está enterado de las últimas noticias que escucha por la mañana al despertarse, por la noche antes de dormir y algún que otro programa que pilla mientras va en el coche.

Me entra la duda de si mandarlo a una gran librería a que pasee por los pasillos y pregunte a los encargados de las secciones que le pueden interesar o si proponerle que consulte los listados de “los más vendidos” al modo de los Top 40 musicales o los hit parade.

En cualquier caso, me desasosiega la preguntita de marras.

Y el cerebro revolucionado se enquista de repente y me oigo enunciar un título que siempre me ha funcionado. Lo firma un autor extranjero que intento fonetizar lo más claro posible en su idioma de origen y acabo por deletrearlo (no por incapacidad ajena de comprensión sino por mi inseguridad en la pronunciación exacta del mismo).

En cuanto lo oye, viene la siguiente pregunta: ¿y no sería mejor empezar por este otro? Aumenta mi salto estomacal ahora. Aquí se abre una disyuntiva según esté mi ánimo:

“¡Pues venga, adelante!” y así ya me he sacudido de encima el consejo que pretendía de mí, o bien comienzo una serie de escaramuzas ante el susto, la sorpresa, la decepción y el espanto que me produce escuchar el título que él me sugiere, y el autor del mismo.

Entro en bucle y me enredo: que si ya lo he leído, qué pérdida de tiempo y de dinero, vaya tontería, eso lo escribe cualquiera… así está claro que no contribuyo a que se anime a leer: nunca y nada.

Mal vamos, pero intento rectificar, es decir, volver al punto de origen y así me da tiempo a que acudan a mi mente los dichosos títulos de tantos libros que he leído y que ahora solo oteo blue screen; cortocircuito.

Y ha acudido a mí porque sabe que leo y mucho, aunque compulsivamente; he de reconocer que padezco de ese TOC. Puedo pasar días y días sin abrir un libro y luego engullo tres o cuatro en una semana: atracón literario que no sé yo si llego a digerirlo.

Sobre todo porque a mí me gusta leer varios libros a la vez y de distinta catadura. Libros en papel, que toco, y “pagineo” con los dedos; a veces “enmarrano” con un lápiz del número 2 y pego post-it (no hay forma de que pueda prestarlos: se me ve el plumero). Soy incapaz de hacer una lectura ordenada y rutinaria: 10 minutos todos los días antes de dormir, por ejemplo.

Pero hemos dejado al lector en ciernes con la cara del revés y sin contestarle.

Aprovecho esos instantes de despiste e incertidumbre para contarle que en este momento yo estoy leyendo un libro sobre parejas de pintores, un ensayo filosófico sobre el valor de la mirada, una novela de intriga de más de 600 páginas y una biografía de una mujer.

“Ya, muy bien… ¿y?” Efectivamente: yo ya he tenido mi tiempo de terapia y protagonismo de lectora avezada y los títulos para aconsejarle siguen resistiéndose.

Una estrategia muy escolar que suele funcionar, a veces, es someterlo a un tercer grado y soltar una batería de preguntas para que nos proporcione datos y así afinar y atinar con el libro que quizá, y con suerte, podamos aconsejarle.

“¿Qué tipo de lectura te gusta?” Mal. Por ahí vamos mal. Pregunta muy amplia.

“¿Lectura de ocio?” Peor. Es como si mis neuronas se hubieran ido de juerga y sin mascarilla.

Retomamos el cuestionario: “¿Libro de viajes?” Y él sorprendido, me dice: “¿una guía de una ciudad o de senderismo? Para eso ya está internet”. Pues también tiene razón.

Sigo intentándolo: “¿Qué te gusta? ¿Policíaca? ¿De amor? ¿De llorar? ¿Histórica?” Ah! he de aclarar que entiendo que quiere una novela; ni se me ocurre aconsejarle un libro de teatro, ni un poemario. “¿Novela negra? ¿Antigua?” Y así varios géneros más.

Sigo sin acertar. Pruebo con otro criterio. “¿Largo? ¿Corto? ¿Facilito? ¿De pensar? ¿Para pasar el rato? ¿Para leer en el metro? ¿En la cama? ¿Cuentos?” Me atrevo con alguna colección de relatos por eso de que la escasa longitud puede ayudar al que se inicia en la lectura, pero la experiencia me ha demostrado que no, que no va por ahí la cosa. Siempre he mantenido que leer narraciones cortas resulta muy difícil precisamente por lo escueto de la extensión y la intensidad del contenido.

Mejor un novelón de los que pesan, de los que se te clavan en el diafragma cuando lo lees tumbada y que anima mucho al cerrarlo y ver cómo avanzas con tanta página.

Sigo: “¿Barato? ¿Caro? ¿De autor español? ¿Extranjero? ¿Alguna versión de película? ¿De tapa blanda? ¿O de tapa dura? ¿Algún premio famoso? ¿De mujeres? ¿Escrito por mujeres?”

Me consta que a los médicos les gustan los pacientes que leen: “¿cuál me recomiendas tú?”, me preguntaban en el hospital. He elaborado una lista de tres páginas con títulos clasificados por géneros y nivel de complacencia personal y la envío al ramo sanitario y a todo aquel que tenga interés por si deciden hacerme caso y elegir alguna de mis sugerencias.

Hace tiempo, una colega me dijo: “tengo un amigo que quiere empezar a leer, ¿qué libro me recomiendas?” ¡¡Help me!!

Nota: en otro artículo comentaré alguno de los libros que estoy leyendo y hablaré de esa lista.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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