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Belén López lleva al Teatro Real un flamenco que "pellizca el alma"


Fotos de Belén López cedidas por el Teatro Real. Fotos de Belén López cedidas por el Teatro Real.

"Emocionada, feliz y con nervio", así se encuentra la bailaora Belén López ante su debut el próximo viernes en el Teatro Real con "Flamenca", un espectáculo que recoge "el origen del flamenco, su pureza y su verdad, el que pellizca el alma".

Sin artificios ni adornos que puedan distraer, Belén López quiere expresar sobre las tablas "el flamenco puro, ese que traspasa la piel", ha explicado este miércoles a Efe esta bailaora de raza que no se olvida de sus raíces, entre ellas las de Manuela Carrasco, Manolo Caracol, Camarón de la Isla o Carmen Amaya.

"Artistas que no necesitaban de grandes escenarios ni argumentos para emocionar, para llegar al público", ha añadido López quien asegura que "es muy difícil llegar al público sin adornos, en lo sencillo está la dificultad".

Siempre con "hambre de flamenco" trabaja la técnica en el estudio para desnudarse en el escenario y mostrar su alma. "Sobre las tablas me siento libre, bailo lo que siento".

Le gusta rodease de gente que le aporta en el día a día y le enriquece en el escenario, por eso llega al "tablao" del Teatro Real acompañada por el bailaor José Carmona "Rapico" como artista invitado.

Las guitarras de Juan Jiménez y Carlos Jiménez, el cante de Antonio Moreno Maya "El Cancu" y Saúl Quirós y la percusión de Rafael Jiménez "El chispas", acompañaran a Belén López que mostrará su baile más genuino, lleno de fuerza y temperamento, de técnica impecable, gran creatividad y la marca de una juventud marcada en los escenarios.

Le cuesta definir su arte, su baile y no le gusta hablar de ella, "que hablen los demás", ha dicho con pudor esa bailaora milenial nacida en Tarragona en 1986 que desde muy niña ha mostrado una enorme sensibilidad por el espectáculo y una pasión sin límites por el flamenco.

"Detesto bailar con pasos, prefiero bailar para mi y permito que los demás me vean", ha contado la artista que no pierde vista los arranques de Francisca Sadornil Ruiz, "La Tati", Antonio Canales o Antonio Montoya, "El Farruco". "Bebo de todos, pero no copio. Cojo de aquel que me levanta el cuerpo".

Con este espectáculo pretende desnudar al flamenco y dejarlo en su esencia. "El flamenco es grande de por sí. No necesita adornos, solo cante, guitarra, percusión y baile".

Aunque hay mucho estudio y constancia en el taconeo de Belén López, en "Flamenca" también hay un hueco para la improvisación, ese rincón donde reside la magia, "el duende y donde me dejo llevar por las emociones, porque el flamenco nace de los sentimientos".

Con sólo cinco años actuó en un homenaje a Carmen Amaya, durante la Diada de Sant Jordi, ante dos nombres históricos de la danza: Antonio Ruiz Soler y Pilar López.

Tres años después, Ángel Corella la invitó a participar en un homenaje a UNICEF en el Teatro Madrid y, en poco tiempo, se traslada a vivir a la capital, donde baila regularmente en distintos tablaos y comienza estudiar en el Conservatorio de Danza de Madrid.

A partir de ese momento su trayectoria ha sido imparable. En 2004 gana el Premio Nacional de Flamenco Mario Maya, en 2005 es galardonada con el Premio a la Artista Revelación otorgado por el Corral de la Pacheca y en 2016 obtiene el Premio Desplante del Festival de Cante de las Minas de La Unión.

Ahora, vive esta pandemia con pena y desolación. "Veo el futuro con incertidumbre, no se cuida la cultura, el arte", se lamenta Belén López quien asegura que "el flamenco es algo muy grande, necesitamos apoyo, estamos huérfanos".

El flamenco es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010, "un cartelito que nos dieron para estar contentos, pero nada más, lo cierto es que hoy hay grandes genios en las colas de Cáritas esperando una cesta de comida", ha contado López, quien pide con ahínco más apoyos y ayudas.