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Tópicos revolucionarios de Fernando Valera


  • Escrito por Alberto Marín Alcalde
  • Publicado en Cultura

Fernando Valera Aparicio (1899-1982) fue un personaje fundamental del exilio republicano, ya que llegaría a ser el último presidente del gobierno de la República. Sobrino del escritor Juan Valera, desde joven se vinculó al republicanismo, de la mano de Blasco Ibáñez, para ingresar en la Alianza Republicana, que, como sabemos terminaría integrándose en el Partido Republicano Radical Socialista. Valera estuvo en esa creación, junto con Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz y Ángel Galarza. En 1931 sería elegido diputado en las Constituyentes, y estuvo en la comisión encargada de la redacción de la Constitución, además de ocupar varios cargos de responsabilidad en la Administración. Al disolverse el Partido, marchó con Martínez Barrios para fundar la Unión Republicana, siendo elegido diputado en las elecciones de 1936.

En el exilio pasó complicaciones por la ocupación nazi de Francia, iniciando un periplo por Marruecos, México y de nuevo, París al terminar la Segunda Guerra Mundial. En ese momento comenzó su papel primordial en los gobiernos del exilio, y estuvo en el famoso Contubernio de Múnich. Aunque aceptó disolver las instituciones republicanas decidió seguir viviendo en París. Valera dedicó gran parte de su vida a mantener la llama de la legitimidad del gobierno republicano durante la larga noche del franquismo.

Valera escribió muchos libros. En este trabajo queremos rescatar la reseña que le dedicó el periódico Ahora a su obra Tópicos revolucionarios, en diciembre de 1932, y firmada por Alberto Marín Alcalde:

“Entre los valores más selectos alumbrados por el nuevo régimen figura con títulos muy legítimos el autor de este libro. Orador notable. Femando Valera destaca especialmente como conferencista pulcro, culto y elegante. En rigor las páginas de "Tópicos revolucionarios" muestran en la disposición del plan y en el ritmo—un poco reiterativo—del pensamiento una fisonomía literaria que está pidiendo, como marco adecuado, estrado, mesa, dosel y un público burgués de las siete de la tarde. Este libro podría ser, si el autor se lo propusiera, espléndido guión de una serie de disertaciones de tipo ateneístico. Sus modos dialécticos tienen esa fina arquitectura de la nueva oratoria, cuya plasticidad se logra tanto más acendradamente cuanto más sobria moderación ostentan los ademanes.

El autor de "Tópicos revolucionarios" es un espíritu devoto de la doctrina liberal. Tan firme es su fe. que la doctrina corre el peligro de convertirse en rígido doctrinarismo. Fernando Valera, en su libro, sale al paso de los clamores redentoristas que se alzan en las filas avanzadas del marxismo.

La tesis del autor constituye un alarde de ingenio metódico. El constructor ha prestado mayor atención a la euritmia de la fábrica que al cimiento en que ésta se asienta. En opinión de Femando Valera, los tópicos revolucionarios que a la sazón caldean el ánimo de las masas vienen a ser la expresión simplista, fácil, mítica, de una mentalidad primitiva. Frente a la verdad, que es de naturaleza complicada, enrevesada y dificultosa, se alza la simplicidad del mito utópico: "Una de las características del movimiento social contemporáneo—dice el autor—es el influjo inconsciente que sobre él ha ejercido siempre la mentalidad hebrea, o para hablar con mayor exactitud, bíblica. Hay un sentido bíblico de los problemas humanos, cuyas notas esenciales son el edenismo, el profetismo, el mesianismo y el apocalipsis." Con estas palabras, sugestivas en su originalidad conceptual. Femando Valera leva anclas sosegadamente y se lanza a navegar por mares de altura.

En el drama bíblico y en los credos revolucionarios ve el autor del libro una realidad interpretada por un mito. La verdad es el dolor humano. El mito es la felicidad y perfección primitiva del hombre en el Paraíso. Pero el orden natural fue quebrantado un día, y surgió el pecado en forma de propiedad individual, que había de conducir a la implantación del Estado burgués.

Entonces truena la voz de los profetas, que anuncian la buena nueva de la redención social, obra de un taumaturgo que habrá de sacrificarse por el bien de sus hermanos. Finalmente, llegará la catástrofe del apocalipsis, en que el mundo artificioso creado por el egoísmo humano se derrumbará estrepitosamente para dejar paso a la sociedad fraterna de los tiempos primitivos.

Femando Valera presenta en esquema las equivalencias de escenas y personajes: Paraíso terrenal: orden natural. Satanás, el Estado. El pecado original: la propiedad privada. El Mundo del Pecado: la civilización burguesa. La Profecía: anuncio de la Revolución social. El Mesías: la revolución. El Apocalipsis: catástrofe inminente del capitalismo e implantación del Estado social. La Nueva Jerusalén: el comunismo integral. La Ciudad Santa: Rusia. El Pueblo Escogido: el proletariado. La Casta Sacerdotal: el partido comunista. A desvanecer la atmósfera mesiánica en que se desarrollan estos mitos van encaminadas las páginas de "Tópicos revolucionarlos". "Creer en mitos—dice el autor—vale tanto como Incapacitarse para la indagación de la verdad."

Planteado el problema en esta forma alegórica, mediante un paralelismo de imágenes equivalentes, la tarea de destruir el mito se ofrece fácil y aun placentera a la actividad del autor. El dolor es tara fatal de la humanidad. El orden civil, con todo su artificio, es preferible al estado de naturaleza. El derrumbamiento de la sociedad capitalista no lograría suprimir el hambre, las crisis y las desigualdades. La crisis actual del capitalismo es uno de tantos episodios en la historia del mundo, "tal vez un poco amortiguados sus efectos por la organización, cada vez más perfecta, de la sociedad civilizada”

Las afirmaciones liberales del autor bailarán calor de simpatía en un vasto sector democrático del país, firmemente esperanzado ante la empresa renovadora que en el orden social está acometiendo la República. Mas no sería prudente olvidar que la colaboración socialista es nota característica del nuevo régimen, al menos en esta su primera etapa. El socialismo, que a la sazón se halla representado en el Gobierno de España es, si se quiere, la derecha del marxismo; pero no ha renegado de la doctrina de Marx ni ha renunciado al aniquilamiento de la sociedad capitalista. De esos hombres, sin embargo, no se podrá decir que, atentos a un finalismo mesiánico, descuidan los complejos menesteres que a diario se presentan en el área de las realidades sociales. Los avances realizados en defensa de los intereses proletarios no se han producido, ciertamente, por un espontáneo impulso humanitario del Estado burgués. La organización y solidarización de los trabajadores, preconizada por Marx, han dado a la legislación de todos los países un tinte socializante que no se hubiera producido sin el estímulo de las masas clamorosas, alentadas en sus movimientos por la profecía del judío alemán.

La utopía tiene un confín: ensueño irrealizable. Pero la utopía es también manantial de creaciones. Podrán no gustamos las que combate Femando Valera en su libro. Pero sus frutos a la vista están, pese a la niebla mítica que meció su cuna.”

La reseña ha sido consultada en el número del 16 de diciembre de 1932 del diario Ahora. Francisco Arias Solís dedica un trabajo a nuestro protagonista, titulado, “Fernando Valera Aparicio”, en Globedia (agosto de 2009).

Por su parte, el reseñador, Alberto Marín Alcalde (1887-1959) fue periodista, autor teatral y literario. Podemos acercarnos a su vida y obra en la página que le dedica el Diccionario de la Real Academia de la Historia.