Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

“Mi hijo Siegfried”: Wagner en el Real


La soprano Ricarda Merbeth (Brünnhilde) y el tenor Andreas Schager (Siegfried) / © Javier del Real. La soprano Ricarda Merbeth (Brünnhilde) y el tenor Andreas Schager (Siegfried) / © Javier del Real.

Sonido que envuelve. Primeros compases y ya sentimos a Richard Wagner (1813-1883). En esta ocasión, el público del Real todavía paladea el sabor del café recién tomado en plena sobremesa. Pandemia obliga y el toque de queda provoca cambios en el horario del espectáculo. A las 16.30, todos expectantes.

El foso no da para más: hay que albergar a un gran número de músicos tal y como diseñó el maestro su Siegfried; vemos pues, que en los palcos cerca del proscenio se ubican parte de los instrumentos.

Y ya…ahí está el martilleo tan característico. Nos compadecemos del compositor de Leipzig al sufrir con esos golpes un nuevo achaque de sus famosas jaquecas: uno y otro día. Dolor machacón e impenitente.

De todos es conocida la complejidad que entraña cualquier representación de Sigfrido, tercer “drama” según su autor de la tetralogía El anillo del nibelungo.

En un suburbio indefinible, una “banlieu” marginal y marginada, conviven el joven protagonista, magnífico Andreas Schager, y el “ayo”, cuidador de su educación y crecimiento desde que nació, sin conocer a su madre. Despoblado lleno de chatarra, restos oxidados y herrumbre; inmundicia en tonos ocres y grises. La plancha de metal, telón al uso escenográfico, enmarca un cuadro claustrofóbico. Devastación material y humana: el “superhombre” de Nietzsche se va a derrumbar, abocado a su propia autodestrucción.

El tiempo se espesa y la orquesta acompasa con su melodía plúmbea una intensidad in crescendo, tenebrosa. Otra vez la turbación del compositor sin encontrar paz en su cabeza retumbante.

Y esa espada…difícil de soldar los pedazos en una forja que se resiste. No hay herramientas capaces de recomponerla. Sonidos metálicos. Enfado y discusiones; luces y sombras en réplicas crispadas; música atronadora que nunca solapa a Andreas Conrad, Mine exigiendo a su pupilo gratitud y obediencia por la deuda protectora contraída. Siempre mugre: confesiones, reproches y sorpresas que dejan al descubierto un origen oscuro de abandono y el deseo de vivir para quebrar la decepción y no respirar más ese aire enviciado y agobiante.

Pasa el tiempo…

…Y se aprecia con la llegada de un misterioso caminante, intruso a modo de conciencia que invade intrépido la escena y rompe su orden. Desde las simas abisales de la tierra a la altura celestial, en una oposición constante entre dioses y monstruos, los diálogos rotundos se suceden en un ambiente distópico bajo la amenaza de los gigantes del averno.

Movimientos plomizos en el escenario y un dragón al que vencer con la espada casi “animada” provista de poder salvífico para quien ignorante del miedo, se enfrente al monstruo, símbolo de estirpes y clanes, fuerza y competición. Muchos recuerdos atávicos en el imaginario popular: Pantocrátor en mandorla, David y Goliat, el guerrero san Jorge…

Compases cavernosos del viento y metal; movimientos de cúspide cenital en la realidad y la ensoñación; la orquesta modula los contrastes: del miedo al reposo, de la sospecha y la sombra a instantes de placidez, y la percusión que conduce a sorpresas eléctricas ante los ojos de un público entregado.

El tiempo pasa…

Con la cuerda de fondo, lo arcano se acrecienta en un bosque tubular y cilíndrico: árboles desmochados se alinean en un laberinto ciego y aciago que en su quietud, atenaza las conciencias. Su inmovilismo y su rigidez, entre sombras esparcidas por el albor, se dulcifican con el fraseo musical pegadizo y acompañante, certero…

Adivino que a la ópera se va con los deberes hechos: biografías aprendidas del elenco para la fecha elegida, recorrido histórico de la misma representación, montajes ejecutados en el pasado, comparaciones y comentarios, libreto releído…seguro que cada uno tiene su propia exégesis. Yo debo de ser muy mala estudiante. Tengo la desfachatez de presentarme in albis. Y me dejo querer.

Desde el fondo y en diagonal aparecen sombras amenazantes al eco de voces que resuenan hacia una cueva; luz y oscuridad se confabulan pero no evitan ciertos momentos de nostalgia y añoranza a la vez que la melodía de un pajarillo procura instantes de paz y silencio intenso en medio de una escena bucólica, lograda por la siempre aplaudida Leonor Bonilla.

Con denodado afán y movimientos frenéticos e impacientes, se funden las limaduras del acero del que brotan chispas en un fuego crepitante; y por fin… Notung, la espada que se va a clavar en las fauces de una pinza excavadora gigante descendiendo del techo: un dragón mecánico, imponente, dispuesto a engullir a su adversario humano. Hendida en su corazón maquinal provoca la muerte del ingenio articulado que yace exangüe en la mitad del escenario: impresionante en medio de la deforestación forestal.

Y el tiempo pasa…

Pócimas, brebajes y bebedizos que adormecen y nublan la mente, miedo a la traición y al engaño, deseo de una amistad fiel y siempre protegido, blandiendo la espada como escudo y salvoconducto en la búsqueda de un tesoro oculto; mientras, Okka von der Damerau, nos recuerda, atinada, que la tierra Erda se despierta, recobra su propia vida y continúa tejiendo otras con esa rueca sin dejar de rodar.

Aparece el fuego. Acordes grandiosos alteran el sueño de Brunilda que dormida descansa y se sobresalta por el coraje del joven, una fuerza de la naturaleza, que traspasa esa línea divisoria entre dos mundos. Amor a primera vista. Temblores, miedo, vacilación, encantamiento ante la figura femenina. Sigfrido, profano de sus sentimientos más recónditos ahora despiertos, obran el milagro y la joven recupera el hálito, en una escena bellísima de Ricarda Merbeth con la cuerda, sublime.

Sol y luz, rayos resplandecientes. Brunilda y Sigfrido abarcan el espacio ante su amor victorioso. Amor omnia vincit. Teatral, melodramático y grandilocuente.

El público en sus butacas. El tiempo ha pasado.

¿Un Sigfrido novedoso? ¿Una carcasa innovadora?

Diferente sin lugar a dudas. Ahí reside el valor y la maestría de esta ópera; su atemporalidad. Música apoteósica bajo una diestra dirección de Pablo Heras-Casado para una historia de apoteosis que culmina con el aplauso unánime y los gritos entusiastas de ¡bravo! El Real en pie.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider