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Elvira Lindo retrata la "épica" cotidiana de una generación, la de sus padres


Fotografía de archivo del 18 de septiembre de 2020 donde aparece la escritora Elvira Lindo mientras posa durante su participación en la 15ª edición del Hay Festival en Segovia España en Miami (EE. UU). Fotografía de archivo del 18 de septiembre de 2020 donde aparece la escritora Elvira Lindo mientras posa durante su participación en la 15ª edición del Hay Festival en Segovia España en Miami (EE. UU).

La narradora española Elvira Lindo dijo este jueves que su regreso a la novela con "A corazón abierto" (2020) indaga en quiénes fueron sus padres para radiografiar una generación "poco conocida", descubrir su "épica" cotidiana frente a la "generación del yo", la de la escritora.

Lindo (Cádiz, 1962), en una conversación a través de un "streaming" ofrecido por la web de la Feria Internacional del Libro de Miami, apuntó que se "han contado muy pocas cosas" sobre la generación de sus padres, la del 39, la de la posguerra, una generación que callaba sus miedos y alumbraba solo sus "logros".

"Mi generación rompió con la de nuestros padres, se abrió a las costumbres de todo tipo, sexuales y culturales, y estábamos convencidos de nuestro protagonismo", señaló Lindo, para confesar que, "solo después de madurar", "vemos sus vidas" y la "épica que tenían y no habíamos advertido".

LA GENERACIÓN DEL YO FRENTE A LA DE LA POSGUERRA

"Somos la generación del yo. Y ellos (los hombre y mujeres de esa época) carecían de toda esa palabrería" de la que hemos abusado nosotros, dijo la escritora, cuya novela más reciente, editada por Seix Barral, fue reconocida como la mejor del año 2020 por los libreros de Madrid.

Partiendo de un episodio ocurrido en Madrid en 1939, la narradora de esta historia cuenta la apasionada y tormentosa relación de sus padres, pero sin entrar a juzgar, sintiéndose "acompañada todo el tiempo por ellos, por su presencia" en la construcción de la novela.

"Fue algo mágico. En mi indagación de quiénes fueron mis padres, por qué eran como eran, me sentí muy acompañada por ellos y a gusto, viendo todo en tiempo presente", explica la también periodista, quien subrayó que la novela no es en absoluto un ejercicio de nostalgia.

"Escribo para entender", subraya en la conversación con Elena Ramírez, editora.

NO JUZGAR OTRA ÉPOCA CON TUS OJOS DE AHORA

Desde la mirada extrema de Lindo niña o adolescente, la escritora observa la realidad y transforma en ficción cada destello de la memoria, hasta convertir a sus padres en personajes literarios para aproximarse a ellos "sin juzgarles con tus ojos de ahora".

"No estoy para señalar los defectos de mis padres, sino para estar ahí y ver cómo actúan, siendo una pareja como las de su época", advierte, para agregar que hay "muchas preguntas sin responder, conversaciones cortadas", en el caso de su madre por su temprana muerte cuando la escritora era una adolescente.

Apuntó que atreverse a contar una historia familiar es siempre "complicado, un terreno difícil y pantanoso", por lo que hay que tener muy claro lo que se quiere contar.

En su caso, la génesis de "A corazón abierto" se encuentra en un deseo de hace años: escribir algo sobre su padre, que murió en 2013, un "personaje peculiar y tendente a la extravagancia".

Lindo reconoce que su carácter rebelde y poco dócil le hubiera causado en su adolescencia y primera juventud más de un conflicto con su madre de haber vivido esta, pero que el proceso de escritura de la novela fue como una suerte de "posesión".

POSEÍDA POR LA VOZ DE LA NIÑA QUE FUE

"Sentí una especie de posesión por la niña que hace el relato a los 9 o 15 años. La niña que fui yo y narra la vida que tienen mis padres. Estaba fascinada por esa voz. Me divertí al entrar en esa voz y comprenderme en esa edad", comenta.

Esencial para la construcción de esta novela fue la dura anécdota que de forma recurrente contaba su padre en casa: cómo fue enviado con tan solo 9 años por su madre de Huelva a Madrid, donde le acogió una tía tirana a la que el niño puso el mote de "La Bestia".

Cómo aquel niño, falto de todo cariño, hacía la cola en el Auxilio Social, durante la posguerra, para recoger la comida que les daban y calentarse un poco el estómago. Hasta que un día aquel niño "valiente e intrépido" planea irse. "Y se va", sin avisar, a buscar a unos tíos que vivían en Aranjuez.