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Pongamos que hablo de… bóvedas, colores y maquetas


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Intento visualizar el día desde la noche anterior. Las visitas que he programado realizar prometen por su interés, variedad y enriquecimiento cultural. Pasear y aprender, un lujo. Todo esto en Madrid. Calles, plazas, edificios…una mañana ocupada en el ocio instructivo, ameno y agradable bajo un cielo gris y un día neblinoso; la faz “enmascarillada”, claro.

El miedo se anticipa con suspense y atracción; y además le acompañan monstruos y sombras en las bóvedas del Centro de cultura contemporánea CONDEDUQUE. La tensión y la intriga ya están servidas frente a la plaza de Guardias de Corps donde vigila atenta desde su pedestal, el busto de Clara Campoamor (1888-1972) abogada, escritora política y defensora de los derechos de la mujer.

La entrada churrigueresca de la puerta principal adelanta algo de lo que nos espera: Bajo la superficie; que quede claro o quizá oscuro que nos adentramos al subsuelo, y sin luz prácticamente, descendemos la larga escalinata metálica que precede al inicio de la exposición.

Parece que se encoge el alma del visitante cuando se enfrenta a los miedos y a su plasmación artística de los demás. Caminamos siguiendo el pálpito de lo sorprendente, de lo desconocido: ese miedo tan interno y tan interiorizado. Para eso es el miedo de cada uno con las zonas umbrías que lo rodean y lo atraviesan, sin dejar de presentir que nos acompaña alguien o “alguienes” indefinidos que no llegamos a percibir físicamente pero cuya presencia nos conduce por la señalización que pisamos. Esos monstruos que se agigantan en nuestra imaginación y que nos invaden a lo largo del viaje a las tripas del sótano, albergue de obras de hombres y mujeres, artistas actuales que exponen “¿impunemente?” sus terrores próximos al pavor y… ¿al pánico?

Miedos personales y ajenos. Quizá coincidentes con los de uno mismo. En cualquier caso, variados y particulares como las versiones que se atisban; sobrecogedoras y estridentes bajo un techo abovedado que también inspira cierto temor.

Esculturas desgajadas de roquedales, móviles acartonados, cinturones que envuelven espejos, vídeo lacerante y una metamorfosis de caballo humano o de humano caballuno, composiciones raquíticas en unas salas erráticas que poco iluminan el espíritu y que reflejan un arte contemporáneo de la realidad contemporánea; bloques pétreos y muros granulosos…

Cruzo de nuevo el patio del antiguo cuartel y desde la salida, miro a la fémina (en bronce) que luchó tanto por nuestro voto. ¡Qué miedo su época! Y cuántas sombras alumbró ella para desquitarse de los monstruos que la acorralaban.

Pero una explosión de color me azota en la cara tras la monocromía dejada atrás bajo tierra: la visita a la Casa de México es un festival para los sentidos; sonrío relajada al contemplar todo lo que nos ofrecen sus salas: colorido y paleta impresionista a raudales, esculturas, mobiliario, terracotas, pinturas…mi imaginación vuela a Puebla, a Valle de Bravo, a Monterrey… ¡hay tanta historia, tanto país, tantos pueblos y lugares allí recogidos! El recorrido invita a recuperar la memoria de Nueva España y a imaginar escenas tras los biombos que se abren ante los ojos sorprendidos y maravillados del paseante, porque de eso se trata, de un paseo por el arte académico y el arte popular, la orfebrería y platería, estampas religiosas y profanas, elaboración e ingenuidad dentro de un enclave urbano lleno de cromatismo y luminosidad.

Otra faceta de mi callejeo madrileño. Lleno de contrastes y sensaciones. El ánimo cambia conforme avanza la mañana y experimenta saltos que acompasan el ritmo del trajín ciudadano. Qué distinto y qué completo el cuadro de exposiciones tan cercanas en la distancia y tan distantes en el tiempo, pero que unidas configuran parte del ser humano como humano y como artista.

Hasta llegar a la minuciosidad de las casi 30 maquetas que nos descubre el Teatro Español por la celebración de sus 130 años de historia; una colección homenaje a tantas representaciones llevadas a cabo en el recinto dramático. A escala reducida, nos transportan a los movimientos de los actores por el escenario, el mutis por el foro, la subida del telón, que premia la espera del espectador para averiguar qué se esconde tras el pesado cortinaje y que con tanta facilidad mecánica se eleva: elementos escenográficos calculados al milímetro desde la “corbata” hasta las cajas; todo ello con un trabajo minucioso y cuidadoso como merecen los grandes títulos que hemos podido disfrutar; la idea que diseñó la mente del creador, del escenógrafo y del maquetador para que luego se materialice ante la atención de la cuarta pared: Fuenteovejuna (c 1612), El alcalde de Zalamea (1636), Marat-Sade o Una luna para los desdichados (2012), La cantante calva (1950)…

Toda una maquinaria de exacta precisión sin perder detalle del ojo avizor que percibe “en pequeño” la grandiosidad del teatro.

Y de nuevo las bóvedas; pensamiento recurrente al reparar que el artista maquetador ha reflejado hasta el ciclorama para facilitar la profundidad del marco en el que se encuadra la escena. Una composición casi con vida, reducida al bolsillo, de todas las vidas que se representaron en el antiguo Teatro del Príncipe. Mi visita y mi recorrido terminan. Calles, plazas, edificios…En esa mañana madrileña.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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