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Cuento de Navidad 2020


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Érase una vez un lugar en el que todo el mundo sufría por la pérfida acción de la incontrolada pandemia… No.

Como este año ha sido tan poco grato y tan amargo no habrá señor Scrooge, no habrá fantasmas. Solo habrá cosas buenas.

Empecemos nuevamente.

Era un día de otoño, frío y encapotado, las personas estaban desequilibradas, mustias, perezosas, con mohines de irracionalidad y nerviosismos atroz. En esto llegó IDA, el “Hada de la Ilusión Dispersa Amplificada”, conmocionó al lugar con su retórica afable y divertida: La parte era el todo-decía risueña-, porque el todo era la parte y sin todo no hay parte aunque sin parte pueda o no haber el todo… O algo parecido.

Fue aplaudida por su capacidad de inclusión, su retórica sensata. El pluralismo social la vitoreaba y pedía que siguiera dando vueltas al ruedo.

Cada vuelta era una propuesta con respuesta, la más prodigiosa y con doble salto mortal en el albero fue contra la bicha contagiosa que machacaba a los humanos de aquella región. Ella la podría hacer irse cerrando zonas básicas de salud sin confinarlas. Un prodigio.

A las leyes de educación las toreaba de tal forma que evitaba recibir fondos para su implantación. Allí, en esa región, no se podía consentir ni el laicismo edulcorado que emanaba de los poderes de la nación ni nada que supusiera cambio. Un portento.

Los vítores vitoreaban a los vítores, era un auténtico bivitoreo existencial con retazos de patafísica expandida.

Así el Hada pensó que aquel era un magnífico lugar para desplegar sus criterios, el que deja aparcado la amplitud de pensamiento y el que decelera el desarrollo del pensamiento crítico, lugar donde las identidades son proscritas y el pensamiento único está ligado al posicionamiento del capital en cada momento, al que se orla y adora.

Vio con mente preclara cual sería el lugar, estaba ahí, frente a ella, era el sitio donde los bulos se fabricaban y crecían sin mesura, creo. Tras lanzar tres cabriolas seguidas de sus palabras mágicas, se hizo realidad un hospital que trataba pandemias. Era algo único, un hospital monotemático, listo para tratar a enfermos de una sola patología, si tenía dos patologías, el paciente no servía para ser ubicado en ese iniciático espacio de salud.

La idea fue valorada como inconmensurable por las ciencias: fusa, difusa y confusa. A partir de ese día se podían tener hospitales para tratar los papilomas, hospitales para tratar las cataratas, los juanetes y las migrañas, los ictus y los flatos. Hubo sociedades estratocientíficas prepandémicas y carnavalescas que fueron un paso más allá: se podrían crear centros hospitalarios para tratar los flatos en el fandango, los flatos de primer grado y hasta los flatos rotos. Era el principio de una nueva ciencia hospitalaria. Hospitales públicos, de desconocida gestión, hecha a la medida de la pupa.

Además, la genial ocurrencia de la buena Hada IDA, fue crear el hospital de una sola habitación. Sí, ¿para qué intimidad? En otros hospitales obsoletos se tienen compartimentos estanco a modo de habitaciones para separar a las enfermedades, no a los enfermos, ¡hay que socializar!, repetía cada hora y tres cuartos.

Que a un paciente hay que ponerle una lavativa de alquitrán o cemento armado, porque está estreñido o diarreico perdido, no tiene porque ser un acto íntimo e individual, que alguien tiene náuseas y vomita, pues se ve, se oye y se huele, y allí no ha pasado nada. Se trata de un espectáculo gratis. Si por un casual alguien fallece, se le tapa con una sábana y se le lleva a otro sitio. Magia, un paciente desaparece con una sábana fantasmal. ¡Más espectáculo gratis!

A partir de ahora, muchos laboratorios dijeron: no habrá blíster para las píldoras, irán todas en frasco y el que no recuerde si ha tomado su pilule, pues que esté más espabilado para la siguiente toma, ¡a tomar...!

Todo allí dentro se hizo con precisión de relojero suizo decimonónico, las camas guardan la distancia social admitida y aconsejada por el ministerio, las camas están junto a los gases que el paciente podría necesitar, hay sala de curas, no, perdón, sala para realizar las curas. Por tanto, nada que objetar por parte de los laicos, ácratas irreverentes.

Los más mayores del lugar se admiran al recordar como la magia del Hada IDA, los traslada a sus años infantiles, cuando iban a ver a sus abuelos al hospital, ese que estaba dividido por salas, eran unos espacios muy largos, altos, con grandes ventanales y con camas a derecha e izquierda, atendidos por monjitas. Era muy divertido entrar en esas enormes salas y escuchar los lamentos de unos y otros. Por supuesto, los hombres en un pabellón y las mujeres en otro, como debe ser y como debería ser desde el comienzo de la escuela, los niños con los niños y las niñas…

Un bello hospital con vistas a un aeropuerto, con los aviones que suben, con los aviones que bajan, con sus motores acunando los sueños de los intranquilos inquilinos forzosos, cerca de una Ciudad de la Justicia que justamente nunca lo llegó a ser, allí en mitad del campo.

Los más ancianos siguen dándole a los recuerdos, rememoran cuando se puso en marcha otro hospital llamada Ramón y Cajal, una birria en comparación con este otro. Allí tuvieron sus grandes problemas con la tecnología. Cada vez que pasaba un tren por la cercana estación de cercanías, los aparatos dejaban de responder con la eficiencia requerida, las vibraciones de las máquinas tractoras los alteraban.

En este otro las vibraciones aéreas puede que no creen conflictos porque, por no tener no tienen ni quirófanos.

Alguien ausente de la realidad pensará que es un dislate pero no, no lo es, el Hada IDA, sabe que de haber construido un hospital como todos los hospitales, hubiera habido muchos problemas. El primero con la contratación de profesionales sanitarios. Un hospital de pandemias es otra cosa muy distinta y ella lo supo desde el primer momento y así lo explicó.

-Cuando no hay pandemias se puede ocupar la superficie con multitud de eventos, desde una partida de gua a una macro fiesta, puede ser usado como palacio de congresos, para exposiciones diversas, pero comerciales, auditorio, exaltaciones patrias, manifestaciones irresponsables, manifestódromo ultramontano, cursos de banderas, demostraciones sindicales y procesiones de todo tipo.

La noble Hada, ofreció al exigente pueblo toda una suerte de opciones que podrán llevarse a cabo cuando se confine al virus que confina a la sociedad.

Y siguió explicando su apuesta hospitalaria:

-En esta Navidad podrá existir algún paciente que la viva junto a unos cuantos vivos sanitarios que les parece bueno el medrar en las nuevas instalaciones, pero el próximo año podría ser el sitio donde se cobijará la mayor fiesta navideña del siglo, con 40 dj´s y las reapariciones estelares de Joselito junto a Mecano y Concha Velasco con Mocedades, pongo por caso. Será un lugar que admita todo menos nacionalismos regionales. Solo nacionalismos patrios incluyentes.

Al fin y al cabo,- prosiguió con marcada elocuencia- si se ha desviado el presupuesto en un 100% es porque puede servir el recinto para muchas cosas más, por eso cuenta con unos grandes almacenes donde guardar, jamones sillones, pistas, escenarios, focos, trampolines, camas y edredones y poder ofrecer un espacio multifunción a una ciudad que necesita de lugares para concentrar gente que la llene con jornadas apasionantes, donde se puedan llevar a cabo nuevos y grandes eventos: Desde un vía crucis con visita papal incluida, hasta las fiestas de Cristianos y Migrantes, un Feria de Abril en verano o una regata de traineras de secano. Desde espacios para alojar a los atosigantes migrantes, hasta para dar a los desahuciados un primer lugar donde alojarlos hasta que se pongan en marcha las viviendas sociales, (de esas que luego se venden a los fondos buitre)

Repito, por eso ha costado el doble, porque es un lugar versátil con múltiples funciones.

Lo mismo,- recordó el Hada a quienes la escuchaban- ya que está en un espacio mágico, el edificio que se construyó para la Ciudad de la Justicia, se puede utilizar para otra cosa, como las mencionadas antes y albergar a los que lo necesitan, porque, es la forma de poder vender el edificio a esos fondos buitre que tanto requieren de viviendas humanitarias.

La pobre Hada no lo sabe porque es Hada, pero la gente se muere también de frío, de hambre y de ninguneo, pero nadie le llevó la contraria porque era Hada.

Como dijo Milton Berle: Si la oportunidad no llama, construye una puerta. El Hada IDA, construyó esa puerta, aunque se le olvidó poner el pomo y la mirilla.

Puede que la ciencia no llame, pero pueden llamar los Machucambos para unas fiestas retroyeyé, los dinosaurios para un monográfico o los constructores para seguir haciendo apaños y sacar para la extra de navidad de 21.

Quién sabe, lo mismo el 22 de diciembre del 21, se celebra el sorteo de navidad allí, en el hospital que ya no lo será y los niños de San Ildefonso colmarán de premios a los sufridos ex enfermos del miasma caustico 2020.

Pero fuentes bien informadas y amigas del cotilleo, piensan que tiene una doble misión ese hospital. Ellos se fijan en las siglas del nombre con que ha sido bautizado: IZ, creen que es una forma de acercarse al PSC y de paso a los catalanes en general.

Otros piensan que el nombre tiene un grado de simbolismo muy pronunciado y concuerda con lo que ocurre aquí desde hace años. Esa mujer Isabel Zendal, salió de España acompañada de su hijo y no regresó nunca más a su patria.

Este Hada no da puntada sin hilo. Es todo un portento.

Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.

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