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El Socialista frente a Menéndez Pelayo


Marcelino Menéndez Pelayo. Marcelino Menéndez Pelayo.

Hace unos días publicamos un interesante trabajo de Francisco Martínez sobre Menéndez Pelayo. Recordemos que en noviembre hace años de su nacimiento en 1856. Pues bien, en este nuevo trabajo vemos una visión muy crítica hacia su figura, y sobre el uso que hacían determinados sectores políticos del personaje, desde la perspectiva socialista.

“¡Muy a menudo y en periódicos de la derecha se evoca el nombre de don Marcelino Menéndez Pelayo. Lancemos por delante la admiración sincera para cuanto sinceramente lo merezca en el glorioso archivero y bibliotecario. Y una vez rendido este homenaje, analicemos. Poco que analizar, es claro, pero sabroso, no en la gran obra del maestro, que puede que haya ¡micho, sino en la constante glorificación de que le liaren objeto sus correligionarios, Fijémonos en esto: sus correligionarios, no sus discípulos. La desdicha de Menéndez Pelayo es ésa: le exaltan sus amigos en religión; la ciencia, el arte, es el arma esgrimida, nada más. Importo Mucho la autoridad; su causa, que es la ciencia, tres cominos. No seremos nosotros quienes le regateemos la ciencia; pero sí quienes le denunciemos como bandera. No es el único, ni muchísimo menos.

Menéndez Pelayo tiene méritos enormes para las derechas, y por ellas le ensalzan; méritos circunscritos a su reaccionarismo, a su adhesión indiscutida a la Iglesia. Su ortodoxia ciega es su mejor obra. Su análisis al dictado en la historia de la Literatura, su mayor título. Menéndez Pelayo sabe muchas cosas, o, por lo menos, su memoria prodigiosa almacena cosas sin cuerno ni medida; pero el espíritu que mete en esas cosas es el común y corriente en la gente de Iglesia: esto es, no es análisis, sino acatamiento. Extrae los materiales y todos los pone a la disposición del papa. ¿Hay cosa más encantadora? No sabemos qué tal anden de historia literaria ni de reconstrucción de temas medievales la greguería derechista pero la coincidencia con el que llaman «polígrafo» es evidente. Todo se reduce a convertir la historia del siglo XIV y la del XV en una cuesta abajo. El caso es que la Casa de Trastamara decaiga horriblemente, que todo se relaje, que un abismo sin fondo se abra a los pies de Castilla... Para que venga Isabel la Católica, con su camisa sin mudar de tres meses, a realizar la obra grande y, sobre todo, a apoyar en ella a fray Tomás de Torquemada, por ejemplo. Esto es lo importante: preparar el terreno al absolutismo y buscarle justificación al siglo XVII. En cuanto fundamentemos nuestro Renacimiento y lo proclamemos indiscutible, casi tienen razón nuestras derechas. Razón hasta comienzos del siglo XIX, por lo menos. Desde Calomarde hasta la época lacustre—para ir hacia atrás—, siempre hay alguna diferencia.

Queremos explicar que Menéndez Pelayo es una interpretación histórica; la que conviene a las derechas. Por esto se le exhibe. Pero ni esa interpretación ni ese «polígrafo» son únicos. Menéndez Pelayo no era «polígrafo»: le faltan demasiadas disciplinas para serio. Y en esto no hay agravio. be talla mayor, enormemente, es Ramón y Cajal, y tampoco es polígrafo.

Sería conveniente exhibir algún literato historiador, de un temple liberal. Navarro Ledesma, verbigracia. También es crítico; también hace su historia, y original por cierto. Y sobre todo, «se deja leer». No es un autor para ilustrar un estante durmiéndose en él, virgen. Merecería también el recuerdo frecuente la gran figura de Eduardo Benot, el formidable «polígrafo» español. ¡Y éste sí que es polígrafo! Filólogo, matemático, astrónomo, estadístico, físico.

Y, felizmente, en plena actividad, ¿qué títulos le faltan corno crítico, historiador, filólogo, a don Ramón Menéndez Pidal?

Todas estas reflexiones no quieren mermarle nada al gran don Marcelino, sino esbozar que todas las sabidurías que se le atribuyen tienen otros varios y a veces más felices cultivadores, aunque, eso sí, menos reaccionarios.”

(Fuente: El Socialista, número 7301, de 1 de julio de 1932).