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Cultura y música en Eslovenia


  • Escrito por José Subirá
  • Publicado en Cultura

José Subirá, del que ya hemos rescatado en El Obrero (Hemeroteca) una de sus piezas periodísticas, es un verdadero tesoro, no sólo por su labor musical en sí, sino por su aportación al conocimiento de la misma, especialmente a través de sus escritos en la prensa, donde hizo un ejercicio de divulgación a un altísimo nivel. Merece que se estudie bien todas estas aportaciones. En este caso nos adentramos en un sugerente trabajo (“El ambiente musical esloveno”) que publicó en el verano de 1931 en El Socialista.

“Si miramos a la Europa Oriental nos hallamos con manifestaciones ate trajeas muy variadas, unas genéricas y otras específicas. Entre estas últimas hay dos que, con cierta similitud aparente en los ~cata" se refieren a países absolutamente distintos y cada unió con sus caracteres propios: refiérese la uno a les eslovacos y la otra a los eslovenos. Los eslovacos pertenecen a la región más oriental de la República Checoeslovaca, surgida sobre las ruinas de la guerra mundial, y cuya música había resurgido con fisonomía inconfundible merced a Smetana, tras cual apareció una pléyade de compositores, entre los cuales figura Dvorak-el autor de la sinfonía "Nuevo Mundo»-como el más conocido en esta Península nuestra de la Europa occidental.

Los eslovenos pertenecen al grupo eslavo de la Carintia, la Camelia, la Estiria y la Istria. Durante largo tiempo se hallaron sometidos al yugo del imperio austrohúngaro, no obstante su condición étnica, que las hacía parientes del grupo serbocroata, y poseyendo una lengua propia, desde el comienza del siglo XVIII emprendieron una lucha, si no por la independencia, al menos por la defensa de su personalidad. Las consecuencias de la guerra mundial, que tan numerosas decisivas modificaciones había de producir en la vida política de muy diversas nacionalidades, modificó profundamente aquella situación, y hoy los eslovenos gozan de vida propia en buena parte, mediante la Incorporación de su territorio a Yugoeslavia, si bien hay un trozo territorial que se halla sometido a Italia.

Ese movimiento, encaminado a enaltece la defensa de la nacionalidad, tuvo su expresión bajo diversas formas, resaltando la artística-por lo que a nuestro alteres especial se refiere-bajo la doble faz literaria y musical. Es algo de lo que también ha sucedido con Bohemia y Eslovaquia, o con otras regiones irredentas, cuyo despertar al sentido de la conciencia nacional bajo la opresión de monarquías tiránicas se manifestaba por medio de las letras y de les notas.

Tras aquel despertar, merced a la intervención de Napoleón, que crea el Estado Ilírico, el país, sometido a los habsburgos, continúa floreciendo, agudizando su personalidad propia y desentendiéndose de la doble influencia latina y germánica, y esto último se realiza muy especialmente a partir de los albores de nuestro siglo.

Entre los poetas y literatos que desde el siglo anterior han contribuido o contribuyen a mantener el espíritu esloveno, merecen ser citados Francisco Preseren, Vodmik, Jurcic, Tauchar y Juan Cankar. Y entre los músicos son dignos de mención singular Simón Jenko, F. Gerbik, Lajovic, Mario Ko.jog, Matej Hubad, director del Conservatorio de Lubliana, y Hugalino Sattner.

A este último quiero dedicar unas líneas con motivo de dos producciones suyas, si no recientes, por lo menos de altísima calidad artística y de vastas proporciones, que son conocidas e interpretadas en países germánicos con éxito no decayente desde su estreno. Tanto una como otra requieren el concurso de cantantes solistas, coros y orquesta, recordando ambas esos suntuosos frescos musicales en los que ere Maestro, con sus cantales, el compositor flamenco Peter Benoit.

«El juramento de Jefte» desarrolla el conocido asunto legendario. Jefte lucha ton los amonitas; los vence y retorna victorioso. Había jurado inmolar en sacrificio a los dioses el primer ser que saliese a su encuentro. Y la víctima es la propia hija de aquel que hizo tan temeraria promesa. Tras una obertura solemne, se suceden diversos números (coros, plegarias, lucha, festejos, sacrificio), todo ello con un espíritu musical repleto de idealismo noble.

«Al Olivo» es una cantata en dos partes para análogo concurso vocal-instrumental, besada en una poesía de Simón Gregoric. Comienza con un «allegro pastoral» y se desarrolla esplendente, manteniendo la unidad dentro de la variedad. Los acentos alegres alternan con las expresiones místicas, y las elevaciones técnicas se alían con los acentos populares en feliz maridaje.

Por estos días han pasado ante el atril de mi piano estas dos obras de Hugolino Sattner. Y en mi deseo de divulgar la existencia de artistas desconocidos entre nosotros, trazo estas líneas para elogiar sintéticamente, pero con sinceras palabras, a este compositor, que, entre los del grupo esloveno, labora por la belleza musical con un tesón, un entusiasmo y una eficacia verdaderamente indiscutibles.”

(Fuente: El Socialista, número 7319, de 22 de julio de 1932).