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El ábside de San Clemente de Tahull

Cristo en majestad románico, el equivalente occidental, en San Clemente de Tahull, Cataluña, España. / Wikipedia Cristo en majestad románico, el equivalente occidental, en San Clemente de Tahull, Cataluña, España. / Wikipedia

La obra que comentamos hoy se sale del rango habitual, pues se trata de una pintura mural, que encontrada en la iglesia románica de San Clemente de Tahull, en el valle de Bohí (Lérida), y actualmente reside en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

No cabe duda de que estamos hablando de una de las mejores obras del románico europeo. Su genialidad reside en la combinación de diversas visiones bíblicas: el Apocalipsis, y las de los profetas Isaías y Ezequiel. En el centro el Pantócrator, el Cristo del Juicio Final.

Su autor es conocido como el maestro de Tahull, del que se sabe poco al respecto. Esto no nos debe extrañar ya que en la Edad Media no existía el concepto de «artista» sino el de artesano que servía a la nobleza y la Iglesia, sin que se les adjudicara un renombre. No obstante, podemos hablar de dos teorías sobre su origen: una nos habla de un maestro italiano, a quien ayudarían otros menos hábiles; por otro lado, se apunta a que se trataba de un artesano local.

Esta dificultad para conocer las autorías es debida a que los maestros y sus talleres se convertían en un crisol de las influencias que recibían allí donde trabajaban. Hay que contar también con el influjo de los manuscritos medievales, traspasando su estilística desde los pergaminos a los frescos, o la técnica que hasta ese momento solo se había visto sobre tabla.

La pintura del ábside forma parte de todo un conjunto ornamental, en el que encontramos también los arcos de triunfo laterales, la consagración y una ventana. Para determinar su autoría podemos ceñirnos a la fecha de consagración de la iglesia. Sobre uno de los pilares del templo apareció una cartela de decoración pictórica en la que se da cuenta de la fecha de la consagración del templo. Hecho de notable importancia por cuanto que proporciona un punto fijo en el tiempo en torno al cual se decoró el templo: 1123.

La inscripción dice:

ANNO AB INCARNACIONE

DNI: M: C: XX: III: III: IDUS: DBR

VENIT RAIMVNDUS EPC BARBASTRE

NSIS CONSECRAVIT HAC ECLESIA IN HONORE

SANCTI CLEMENTIS. (*)

El ábside, que cierra la cabecera, presenta una temática muy común en el arte románico: el del «Señor en majestad» o Pantócrator, la llegada del final de los tiempos.

Si nos situamos frente a la pintura podemos comprobar diferentes niveles de narración. En el superior encontraremos el cielo, con Jesucristo apoyando los pies en la bola del mundo, bendiciendo con la mano derecha a la manera griega y sosteniendo con la izquierda un libro que nos muestra la inscrición EGO SUM LUX MUNDI. El rostro nos presenta una serenidad majestuosa, con la mirada perdida en el infinito, y los rasgos bien definidos a base de unas enérgicas pinceladas. La cabeza está orlada por el nimbo crucífero y sobre sus hombros las letras Alfa y Omega: «soy el principio y el fin»,

Flanqueando la imagen central nos aparecen los cuatro evangelistas, el Tetramorfos: representación de los evangelistas: Juan el águila, Lucas el toro, Marcos el león y Mateo el ángel, y se relacionan con la segunda venida de Cristo. Todos ellos portados por ángeles. Fuera del espacio de los evangelistas se encuentran dos serafines, cubiertos de ojos, que simbolizan la revelación.

En el cilindro absidal, en un segundo nivel, y bajo decoración pictórica de arquillos apoyados en columnas, vemos a una serie de Apóstoles y a la Virgen. Sus nombres aparecen pintados en un friso que corre sobre ellos: Tomás, Bartolomé, María, Juan, Iacobus y Felipe. El mismo hieratismo que encontramos en la figura del Cristo la podemos observar en estas figuras que, en cambio, consiguen volumen y perspectiva gracias al uso del color.

Por debajo de todo lo descrito el artista habría colocado el mundo terrenal, pero por desgracia no queda ningún vestigio de él.

La composición es cerrada y simétrica en la que el Cristo ocupa el lugar central. Hay un predominio en los elementos compositivos de líneas verticales y rectas que se compensan o intentan equilibrar con horizontales y curvas.

Como conclusión podemos decir que estamos ante uno de los mejores ejemplos de pintura medieval, que aúna todos los elementos para los que fue facturada. Auténticos evangelios sobre los muros para catequizar a un pueblo en su mayoría analfabeto, y cuyo dominio fue la base del sistema feudal.

(*) El año de la Encarnación del Señor 1123, el 10 de diciembre vino Ramón, Obispo de Barbastro, consagró esta iglesia en honor de San Clemente mártir y puso reliquias en el altar de San Cornelio, obispo y mártir.

EGO SUM LUX MUNDI

Cuando los mares devuelvan sus muertos, cuando los huesos se recubran de carne, cuando los ojos se abran de nuevo, será el día del Juicio. Cuando las tumbas se revuelvan todo se habrá cumplido. El final de los tiempos y su segunda venida en todo su esplendor.

Cada alma sabrá qué dio y qué debe. Para unos será la paz eterna, para otros el llanto y crujir de dientes. Los ángeles harán sonar sus trompetas, los sellos se romperán y un resplandor inundará cielo. Su voz resonará: Ego sum luz mundi. El principio para unos, el fin para los impíos.

Alfa y omega…

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.