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En palabras de Jo ... Mujercitas

  • Escrito por Teatro Español
  • Publicado en Cultura
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A partir de la novela de Louisa May Alcott, hablaremos de la mujer que se esconde en Mujercitas, o mejor dicho de las mujeres que se esconden tras la pieza. En esta obra, veremos el proceso de escritura de una de las piezas más célebres de todos los tiempos, pieza que influyó en mujeres como Gertrude Stein, Patti Smith, Simone de Beauvoir y Joyce Carol Oates, entre otras. Partiendo de un hecho histórico, la censura que la autora sufrió sobre su obra en 1880 por parte de sus editores, daremos cuenta de la revolución que en Mujercitas se esconde, del conflicto que la propia autora sufrió al escribirla, de lo que supone ser mujer y además escritora en su época, pero también en ésta, nuestra época. En Mujercitas, asistiremos a una nueva lectura del clásico de Alcott, lectura en la que se dará cuenta de la valentía femenina, de esas revoluciones que, aunque discretas, son capaces de cambiar una época, de producir... movimiento.

LA OBRA

En palabras de Jo... Mujercitas narra el proceso de escritura de la célebre pieza de Louisa May Alcott y que tanto ha influido en diferentes mujeres de generaciones posteriores. Así, haciendo uso de otras piezas de la escritora (también sus dramas y sus novelas eróticas) y de sus firmes convicciones políticas y feministas, volvemos a revisitar la célebre Mujercitas, desde el presente, desde la ironía, desde el doble significado, leyendo “entre líneas”... desde lo que quizás... a la vista de la biografía de la autora... pensamos que quería decir.

En esta nueva obra a partir de Mujercitas, pretendo mostrar los sinsabores del proceso de escritura, los precios a pagar que la propia escritura conlleva, acercando al espectador no sólo la célebre pieza de Louisa May Alcott, sino también su faceta más desconocida. Pretendo sumergir al espectador en el entorno doméstico de la autora, componer su vida y su obra a partir de las pistas que de la misma tenemos, como si estuviéramos, efectivamente, ante un “domestic noir”, género que la autora cultivó con ahínco bajo seudónimo, género en el que las aventuras sucedían en el entorno del hogar (lugar al que estaban destinadas las mujeres de su época), género en el que, sin embargo, las mujeres fueron mucho más que un cadáver y asumieron los papeles protagonistas. Sí, Louisa May Alcott llevó una doble vida, hizo de su vida una revolución discreta, y yo pienso que esas son las mejores revoluciones, las revoluciones discretas.

Lola Blasco

Cuando tenía cinco años mi madre me leyó Mujercitas, y antes de cumplir los diez me regaló un ejemplar para que fuera mío y lo leyera yo. Eso fue a principios de los 70, y aquel mundo de mujeres de la familia March me deslumbró. La imagen de Jo leyendo un libro en lo alto de un árbol se me quedó grabada para siempre. Con el paso del tiempo me di cuenta de que aquella experiencia era compartida. Casi todas las chicas que he conocido recuerdan algo especial asociado a su lectura. Y con los años esa lista no ha hecho más que crecer en el ámbito de la cultura: artistas como Gertrude Stein, Patti Smith, Simone de Beauvoir y Joyce Carol Oates le brindan un sincero elogio. Y lo hermoso es que bajo sus palabras se percibe el reconocimiento de una deuda para con esta obra, que de alguna manera marcó sus vidas. ¿Cómo pudo marcar positivamente la vida de tantas mujeres, incluida la autora de El segundo sexo? ¿Qué hay de especial en Mujercitas? Preguntas emocionantes sin duda, ante las cuales me lanzo a la aventura de dirigir esta nueva relectura de un clásico de la literatura femenina y mundial.

Pepa Gamboa

NOTA DE LA AUTORA

“La libertad es el mejor marido” sentencia sin reparos Louisa May Alcott en su célebre Mujercitas, sentencia que, sin embargo, es posible que no recordemos debido a la censura que la novela sufrió y a que la versión que nos llegó fue recortada y... dulcificada. Mujercitas, ambientada en la Guerra civil estadounidense, es considerada como una novela para adolescentes, para regir la conducta de las mujeres adolescentes que, debido al desarrollo tecnológico, habían sido relegadas de nuevo a los hogares. Una novela didáctica para enseñarles... su conducta. Y es que, si bien es cierto que puede entenderse así, yo prefiero pensar que Mujercitas, lejos de la cursilería con la que ha sido percibida durante generaciones, habla de la adolescencia pero entendida como la minoría de edad a la manera kantiana, la autoculpable minoría de edad de las mujeres que no logran emanciparse. No deja de ser sospechoso que frases como: “la libertad es el mejor marido”, o “nadie me querrá y es una suerte, porque en toda familia debe haber una solterona”, convivan con otras de menor vuelo como: “y así la joven comprendió que hacer una buena obra es en sí una recompensa”. Del mismo modo, uno no puede entender sin cierta sorna frases como: “Meg se había vuelto más femenina y más diestra en las artes del ama de casa, y estaba más guapa que nunca porque el amor es un tratamiento de belleza”, después de reflexiones críticas como: “en Norteamérica las muchachas firman primero su declaración de independencia y disfrutan de la libertad con republicano entusiasmo, pero, cuando se casan, abdican en favor de su primer vástago”. ¿Cuál de las dos es la verdadera autora? Me pregunto... ¿Cuál la mujer? ¿Cuál... la escritora? Y es que es esa fascinación por Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas, la que va a regir la dramaturgia de esta pieza en la que se pretende dar cuenta del proceso de escritura de una de las novelas más célebres de todos los tiempos.

Es de sobra conocido que Louisa May se basó en su propia vida y en su relación con sus hermanas para escribir Mujercitas. Su fascinación por el teatro la llevó a escribir numerosas piezas que, no sin cierta tiranía, obligaba a su familia a representar. La propia Alcott interpretó pequeños papeles, aunque nunca se dedicó a ello profesionalmente. A la manera de esos dramas, veremos el proceso de construcción de los diálogos en Mujercitas, diálogos que, a menudo, están cargados de un amargo subtexto y nos permiten jugar con la teatralidad que la propia autora propone. Esos pequeños dramas aparecen también en otra novela de la autora mucho menos conocida, Detrás de la máscara. Y es que si bien son pocos los que no conocen Mujercitas, muchos menos los que saben de su gusto por las novelas góticas o incluso, eróticas, novelas que la autora escribió bajo el seudónimo de A.M Barnard. La autora, en sus memorias, llegó a decir que las historias de “sangre y truenos” eran para ella casi una necesidad psicológica después de escribir Mujercitas, “mi ambición natural es el estilo escabroso” dirá... Estilo que no podrá cultivar gracias al éxito de Mujercitas, ya que se verá obligada, debido a las peticiones de los lectores, a continuar con la saga.

Me pregunto si Alcott sentiría que había vendido su alma al diablo, como Fausto.... o como el autor amargado del Maestro y Margarita... Me lo pregunto como mujer, me lo pregunto... como escritora... Alcott, amargada por la pobreza, dirá antes de escribir Mujercitas: “haré lo que sea por ser famosa”. Y lo hizo. Y Mujercitas fue el precio de ganar su independencia como mujer, al tiempo que perdía su alma como escritora. Años más tarde escribirá otra novela relevante: Un moderno Mefistófeles...

En esta nueva obra a partir de Mujercitas, pretendo mostrar los sinsabores del proceso de escritura, los precios que la propia escritura conlleva, acercando al espectador a la historia de Mujercitas, pero con ojos nuevos... ¿Acaso no puede entenderse el corte de pelo de Jo como una manera de declarar su lesbianismo dentro del código victoriano? ¿Lesbianismo con el que se identifica su tía, la solterona? ¿Es verdaderamente el profesor su marido o sólo es una tapadera? Pretendo aprovechar el drama que ya contiene en sí misma la célebre pieza, para hablar también del drama de la mujer en la época victoriana, la época del corsé y del consolador, la época en la que la prostitución se extendió por doquier, y el libertinaje...

Alcott contemplará con tristeza, la multitud de cartas en las que las lectoras le piden que Jo se casé... “No han entendido nada”, pronunciará con tristeza. Jo, alter ego de la autora, se quejará en la novela del gusto del público por los folletines... Me pregunto qué pensaría la mujer, la escritora, cuando poco antes de morir, en 1880, sus editores suprimieron capítulos enteros de la novela, y se esforzaron en “dulcificar” los términos vulgares... Me lo pregunto como mujer, me lo pregunto como escritora. Con todo, Mujercitas influyó veladamente en toda una multitud. No en vano para la autora de El segundo sexo, Simone de Beauvoir, Mujercitas será una obra de referencia. Una revolución discreta, la de Alcott, me pregunto qué pensaría cuando le mutilaban su obra, qué pensaría...

Quizás Alcott sólo soñaba con éste, nuestro tiempo...