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Juana La loca, de Francisco Pradilla

Doña Juana "la Loca" (1877), de Francisco Pradilla. Museo del Prado (Madrid). / Wikipedia Doña Juana "la Loca" (1877), de Francisco Pradilla. Museo del Prado (Madrid). / Wikipedia

La pintura histórica española es uno de los hitos artísticos de nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX, que tiene como característica beber de las fuentes del Romanticismo.

Nos encontramos ante obras de grandes dimensiones, lienzos de gran formato, que en ocasiones parecen el escenario de una función teatral; paletas de olores sobrios que dan origen a una narrativa minuciosa dentro de los cánones del academicismo, con una base documental del hecho muy precisa, fiel al retrato histórico, vinculada al nacionalismo, y que sirvió a los poderes como propaganda.

La que hoy nos ocupa, Juana La loca, tiene como autor a Francisco Pradilla, y fue realizada en 1877. Cuenta un episodio de la vida de la reina castellana, quien fue tildada de haber perdido el juicio, simplemente por la ambición de su padre, Fernando El católico.

Esta obra tuvo un éxito excepcional desde el primer momento, obteniendo la medalla de oro de la exposición de Bellas Artes de 1878. Se hicieron infinidad de reproducciones, alguna de ellas atribuida al mismo autor, oleográficas.

El tema que da origen a la obra no puede ser más romántico: el amor y la muerte. Surge del suceso acaecido tras la muerte de Felipe de Habsburgo, esposo de Juana. Fallecido en Burgos, no se sabe si por haber sido envenenado por sus enemigos, la reina, transida por el dolor, ordenó exhumar su cuerpo casi tres meses después, y lo llevó por campos y villas desde la capital burgalesa hasta Granada, en donde el archiduque quería ser enterrado, a excepción de su corazón, que fue enviado a la ciudad de Brujas.

El momento que ilustra el lienzo es el de una de esas paradas que Juana hacía para velar el cadáver embalsamado e incluso abrir el féretro — ella llevaba la llave del candado colgada al cuello—para contemplar los restos de quien había sido su gran amor. La figura de Juana centra la atención de la escena. Erguida y vestida con terciopelo negro, divide la composición en dos. Podemos ver su abultado vientre en el que se gesta su último hijo, póstumo. La viuda tiene la mirada perdida, fuera de la realidad, ajena a los cortesanos y villanos que rodean la escena. El humo de la hoguera forma un contrapunto con el ataúd y el cortejo, dibujando un aspa con la reina como centro.

Las damas, nobles y religiosos de la derecha son una pléyade de actitudes entre las que destacan el cansancio, el tedio o la compasión, como es en este último caso el de la figura sentada frente a la reina. A la izquierda del lienzo una masa anónima se pierde en el horizonte, cuya luz lechosa se confunde con el humo de la hoguera.

El cuadro es de una gran minuciosidad en los detalles, en las telas que nos remonta a la pintura del norte de Europa, e incluso la paleta de colores tiene ecos del mismo Rembrandt.

Situados frente a ella, la sensación fotográfica es grande, como si con una cámara se hubiera plasmado ese momento triste y patético en la vida de una mujer enamorada que la fortuna o infortunio la llevo a ser reina a destiempo.

POBRE JUANA

Pobre Juana, apodada La loca solo por querer amar. Pobre Juana que no nació para ser reina, sino que fue el destino el que hizo, aliado con la Parca, que a ella llegara la corona. Juana encerrada en la torre, recordando…

«Escucha, Felipe, escucha. Ahora es mi corazón el que late por los dos. Nadie entiende lo que llaman una locura, pero yo sé, amor mío, que tú me oyes, aunque mis palabras no broten de mis labios. Hija de reyes soy, reina por derecho propio, pero ya nada me importa más allá de regar el jardín de nuestro amor con mis lágrimas. Ante este féretro, rodeada por una Corte que no me entiende, solo tú, amor mío, me acompañas. Todo se diluye a mi alrededor para convertirse en el sepulcro en vida que será, de ahora en adelante, mi existencia».

Pobre Juana, enamorada de un fantasma, y recordando en su torre. 

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.