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Manuel Becerra, 200 años de un ateneísta combativo y controvertido


  • Escrito por Alfonso J. Vázquez Vaamonde
  • Publicado en Cultura
Manuel Becerra, por Francisco Jover y Casanova. Siglo XIX. (Museo del Prado). / Wikipedia. Manuel Becerra, por Francisco Jover y Casanova. Siglo XIX. (Museo del Prado). / Wikipedia.

Contemporáneo con su nacimiento fue la creación en Madrid del primer Ateneo y con tal motivo estamos recordando a algunas figuras de su dignísima historia. En Madrid, desde 1906, hay una plaza dedicada a “Manuel Becerra”, que da también nombre a la estación de Metro que hay bajo ella. Casi todo el mundo, salvo alguna excepción, ignora quién fue, aunque Tele Madrid ha rejuvenecido su memoria dedicándole unos minutos de su ágil e interesante programa “el punto sobre la historia”. Fue un hombre de acción que, con sus virtudes y defectos, contribuyó en gran medida al progreso del país. En su pueblo natal también una calle con su nombre recuerda a este demócrata chairego, que es el gentilicio de los naturales de la “terra Cha”, la tierra llana, en la provincia de Lugo

El S. XIX fue un siglo muy especial en la historia de España; cierto que también un siglo muy desgraciado. En su desgracia contribuyeron con especiales méritos todos l los borbones con Fernando VII a la cabeza, que en mala hora fue engendrado por Carlos IV, otro que también, terminando con Alfonso XIII, único rey que fue condenado, bien que en rebeldía porque previendo la que se le venía encima, prefirió poner tierra por medio y no presentarse ante el juzgado cuando fue requerido a ello. La acusación y la condena fueron por traidor a su patria, condena que con mucho más mérito hubiera merecido Fernando VII, sin que, desde entonces, hayamos mejorado nada.

Nació en la parroquia Santa María de Outeiro (Castro de Rei), el día 20.10.1820, año en el que el malnacido de Fernando VII perjuró la Constitución de 1812, una tradición muy borbónica, diciendo lo de “caminemos juntos y yo el primero por la senda constitucional”. Fernando VII acabaría por segunda vez con ella con otro golpe de Estado, que parece ser la marca de la casa de estos borbones, el denominado el de los “100.000 hijos de S. Luis”, dirigidos por el Duque de Angulema, invitando a los franceses a invadir España para recuperar la dictadura borbónica. Una acción menor le costó a Luis XIV la vida y con él a la de parte de su familia

Vivió su infancia en la casa del Castillo y luego, ya en casa de una de sus tías, en Lugo, iniciaría sus estudios hasta 1844. Con su padre en la cárcel él atendió a su sustento con la compra y venta de grano en las ferias y casas rurales y recaudando para la Venerable Orden Tercera, como ya hicieran su abuelo y bisabuelo.

Su afición a las matemáticas fue temprana, ello le permitió algunos ingresos dando clases, algo que también hizo en Madrid. Aquí, con 20 años vino para intentar obtener una plaza en la Escuela de Comercio. José de Subercase, profesor de la Escuela de Ingeniero de Caminos, captó su talento enseguida y decidió tomarlo bajo su protección; a él, según se cuenta, le debe su formación en Matemáticas, Física y Astronomía, la cual fue crucial en su vida; logró superar el difícil examen de ingreso en la Academia de Ingenieros Civiles, carrera que terminaría luego. También en Madrid se ayudó dando clases de matemáticas, como él recordaría con motivo de su discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias el 16.05.1886.

En lo político fue un hombre de ideas revolucionarias; era un progresista que estaba en el sector más radical, lo que no le impidió acabar formando parte de gobiernos monárquicos, aun con Alfonso XII. Se podría decir de él que no hubo movimiento subversivo contra los borbones en el que no estuviera más o menos implicado. Participó activamente en los disturbios políticos de marzo y mayo de 1848 en las calles y plazas madrileñas, lo que motivó varias condenas en la cárcel y aún el exilio para evitar represalias. Firme opositor al conservadurismo imperante en aquella época también tomó parte activa en la jornada sangrienta del 26 de marzo de 1848.

En 1849 se funda el Partido Demócrata fruto de una escisión del partido progresista; a él se adhirió Becerra, que pasó a formar parte de su comité directivo junto a Rivero, Ordax, Salmerón y Cámara. Éste fundaría “El tribuno del Pueblo”, periódico en el que colaboraría Becerra cuya actividad, sin duda activa y hasta agresiva, encajaba con la de Sixto Cámara, de él fue colaborador hasta 1856. Ya en 1852 ambos presentaron un programa donde se pedía el sufragio universal, la libertad de imprenta, de culto y de trabajo así como los derechos de reunión y asociación junto a la educación primaria gratuita y obligatoria. Estas peticiones, hoy están reconocidos como derechos que nos parecen naturales. Nada en la vida del ser humano es natural, salvo su propia vida; todo lo demás es artificial, es decir, hecho con “arte”, es decir con “técnica”, que ambas palabras son sinónimos. Por eso es necesario volver de vez en cuando la vista atrás para darnos cuenta de cuanto debemos a los que nos precedieron; de paso, para plantearnos si dejaremos también tras de nosotros algo que merezca el aprecio delos que nos sucedan o simplemente malgastaremos nuestra vida en vivir de lo heredado si mérito alguno, que eso es lo que se hereda. El mérito – que sea decente o indecente es otra cosa - es el del que lo deja en herencia. También, viendo la vida de Becerra, debemos darnos cuenta de que ningún derecho se logra sin lucha y muchos son los que se pierden, p.ej. el derecho a no ser discriminado (art. 14 CE78) que se atropella en la actualidad en el Título II de la CE78,como no luchemos por recuperarlo frente a los tribunales de justicia y tantos partidos políticos igualmente corruptos que atropellan nuestro derecho a no ser discriminados.

En 1854 volverá a participar en los movimientos revolucionarios que permitieron el Bienio Progresista (1854-1856) que llevo a Espartero al poder. Becerra mandó una compañía en el tercer batallón de Milicias de Madrid, y al frente de dicho batallón en julio de 1856 se batió en combate que perdió siendo llevado al popular penal del Saladero lo que contribuye a crear una leyendo popular en torno a su nombre. Todo finalizaría con el golpe de Estado del general O'Donnell, apoyado por Francia y Gran Bretaña, en julio de 1856 - ¿qué tiene el mes de julio?

En 1856 fue desterrado a Bilbao de donde pasa a Francia donde pasó unos cinco meses, para luego el día 10 de abril de 1857 contraer matrimonio con la viuda María Ortiz de Durana, viuda de Rafael Coronel Castillo, dicho señora había tiempo que venía protegiendo a Becerra en su casa de Madrid. Literariamente fue colaborador entre otros en los diarios: La Tribuna del Pueblo, ya mencionado, en El Pueblo, La Discusión, La Democracia.

En octubre de 1857 O’Donell sería substituido por Narváez. Habiendo vuelto tras la amnistía de Narváez bajo acusación de una intentona revolucionaria vuelve a la cárcel de donde es expulsado a Bilbao y de allí pasa a Paris donde vive con María Gálvez, viuda del demócrata Rafael Coronel y Castillo, con la que se casará por poderes.

Devuelta a España, y bajo amenaza si se dedica a actividades política abre una academia de matemáticas y en el Ateneo imparte cursos sobre Astronomía y Filosofía positiva iniciando un libro sobre matemáticas. Durante este período Becerra modera su actitud admitiendo en 1856 a la monarquía dentro de su concepto democrático.

Vuelve luego dedicarse a la enseñanza hasta 1866, ve con buenos ojos y forma parte activa en las tentativas revolucionarias del general Prim, por lo que es condenado a muerte logrando escapar a Francia donde estuvo exiliado hasta que estallo la revolución de septiembre de 1868 que puso en la Calle a Isabel II de borbón en que vuelve a la vida política.

Prim lo incorpora a su gobierno en 1865. Eso le granjeó la acusación de “chaquetero”. Desde su cartera de Ultramar trato de abolir la esclavitud en América, pero sin éxito. Los ”propietarios” de España querían, además, seguir siendo “propietarios de esclavos”. Diputado, de la Junta Superior Revolucionaria en octubre de 1868 es elegido Diputado en las elecciones de 1869. Luego sería Ministro de Ultramar en 1869-70 durante la regencia del General Serrano. Y elegido diputado en 1871 y 1872 sería Ministro de Fomento en el 72/73 con Amadeo I.

Fue representante en Cortes en la legislatura 1871/1872 Diputado por Becerreá; legislatura 1872 (1 y 2) Diputado por Becerreá; legislatura 1873/1874, Diputado por Becerreá; legislatura 1884/1886, Diputado por Becerreá; legislatura 1886/1891 Diputado por Becerreá; legislatura 1893, Diputado por Becerreá; legislatura de 1893 senador vitalicio. El 10.11.1888 fue nombrado Hijo Predilecto e Hijo Preclaro por la Diputación Provincial de Lugo, distinción que nadie más posee.

El 16.05.1886 es nombrado Académico de número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Otro golpe de Estado, esta vez Martínez Campos, vuelve a imponer los borbones a los españoles. Un Becerra más moderado pero siempre progresista, participa en los tres gobiernos presididos por  Sagasta como Ministro de Ultramar. Fue un destacado  Masón,  Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo en los años 1884-1889 y Gran Maestre del Gran Oriente de España.

Fallecería en Madrid el 19.12.1869. La leyenda popular lo identificaba por su pertinaz defensa de la libertad y la democracia, valores a los que dedicó su vida; un ansia que hoy parece olvidado pero que entonces estaba enraizado entre los más desfavorecidos que lo veían como su valedor y entre los más decentes, que, porque lo eran, eran sus valedores.

Su figura alcanzó tintes de héroe literario. Pérez Galdós le hace aparecer en su obra “Fortunata y Jacinta”. En cuanto a su actividad en el Ateneo, aparte de la actividad política en la que junto a Prim participaron tantos otros ateneístas como Figuerola, Echegaray. Rivero, Moret, Sagasta y también Becerra, destacan sus conferencias sobre astronomía.

"Fue revolucionario, se batió en las barricadas en las que predicó la libertad y luchó fieramente en su juventud por la democracia. No es hidalgo en la hora de la muerte llevar al sepulcro abierto coronas de espinas que cubran la frente helada de cadáver. Becerra padeció el mal de su tiempo. Como la mayor parte de los hombres de la gloriosa revolución de septiembre, renunció, por gozar de la victoria, a la virtud de la consecuencia. Sirvió a la revolución, a la dinastía de Sabaya, a la República y después a los Barbones. Es la hora de los grandes juicios; pero no somos nosotros su brazo ejecutor. Perdonémosle el pecado de haber (sic) servido a los Barbones, recordando que antes luchó con las armas en la mano contra ellos y por la libertad".

Este es el retrato, un tanto contradictorio, pero así fue su vida, que de él trazó el periódico "El Telegrama"' el día de su muerte. R.I.P.

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