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Carlos Hugo de Borbón Parma: décimo aniversario de su muerte

Cuando en el Mundo aparece un genio,

puede identificársele por este signo:

todos los necios conjuran contra él.

JONATHAN SWIFT

El 18 de agosto se cumplen 10 años de la muerte, acaecida en Barcelona, de Carlos Hugo de Borbón Parma, padre de Carlos Javier e hijo del “Viejo Rey Don Javier”, los tres últimos reyes de la dinastía carlista, pertenecientes a la casa de Parma, que dieron un impulso al carlismo para adaptarlo a los tiempos modernos sin renunciar a la tradición.

El carlismo que ellos han ido abanderando a lo largo de los últimos 84 años es un movimiento socio-político de casi 200 años de existencia, liderado por una dinastía proscrita, exiliada o itinerante, que fue expulsada por los partidarios de Isabel II y sus herederos en el siglo XIX, y por la dictadura franquista en el siglo XX.

En un reciente artículo de Juan José Garay Jáuregui -para matizar unas declaraciones de Gabriel Rufián-, titulado “¿Todos los borbones son ladrones?”, publicado en El Obrero, defensor de los trabajadores, se establecía una comparativa entre la rama horrada aunque proscrita, la carlista, y la de los borbones reinantes en las Españas desde Isabel II hasta hoy, que representan aquella estirpe de monarcas a los que tanto ridiculizó Valle Inclán.

Pues bien, los Borbón Parma, siempre apoyaron a la rama proscrita, razón por la cual fueron ellos también marginados y no reconocidos por ninguna de las élites gobernantes. Primero fue el dictador, el general Franco, quien al poco de iniciarse la guerra civil española, expulsó al “Viejo Rey Don Javier”, a pesar de haber sido éste quien dio la orden de movilización carlista de los requetés para combatir a la Segunda República. En Francia, por participar en la resistencia, fue detenido por la Gestapo e internado en el campo de exterminio de Dachau, cuando su hijo, Carlos Hugo, tenía 14 años. Los nazis preguntaron al gobierno español si tenían algún interés por Don Javier, y Franco contestó que no conocía a ese señor, que era el mismo que él había decidido expulsar de las Españas 7 años antes.

Hasta mediados los años cincuenta del siglo XX, los carlistas seguidores de Don Javier, fueron, no sólo marginados, sino perseguidos; aunque habían contribuido a ganar la guerra, finalmente habían resultado ser los grandes perdedores en el campo de los vencedores.

Nacido en el exilio, en 1930, Carlos Hugo, el hijo primogénito de Don Javier, tuvo una infancia y una adolescencia marcada por el compromiso de su padre. Después se graduó en Derecho en la Sorbona y se doctoró en Ciencias Económicas en Oxford, colaborando también con las primeras figuras del “milagro alemán”.

A mediados de los años cincuenta vino a vivir a España, primero clandestinamente en Bilbao –con el apoyo de un grupo de estudiantes y trabajadores carlistas, para conocer la realidad del país- y luego, con una nueva actitud de no beligerancia del carlismo con el régimen, se presentó en el grandioso acto de Montejurra de 1957. Aquella generación de jóvenes, con Carlos Hugo a la cabeza, promovieron la actualización del carlismo que les condujo a unos planteamientos renovados basados en la propia tradición. En aquel Montejurra memorable, Carlos Hugo habló de renovar la tradición, de libertades y autonomía, de actualización de los viejos fueros, de independencia sindical… Todo ello de forma muy sutil para no irritar demasiado a Franco, con quien llegó incluso a entrevistarse, pero manteniendo siempre la dignidad y la independencia del carlismo. Así pues, en 1958, continuó hablando de temas sociales y políticos poco gratos a la dictadura: del problema agrario, de participación política, de democracia, del Mercado Común, de socialismo, de federalismo. Para conocer mejor la realidad laboral, en 1962, llegó a trabajar de incognito en una mina asturiana de La Felguera, en el pozo de “El Sotón”.

Poco después, un grupo de trabajadores fundaron el Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT) que, junto a los estudiantes también carlistas de la AET, fue la punta de lanza de la renovación de este viejo movimiento popular.

En 1964 Carlos Hugo se casó con la princesa Irene de Holanda con la que tuvo 4 hijos: Calos Javier, Margarita, Jaime y Carolina.

Durante esa década de “tolerancia” Carlos Hugo, de acuerdo con su padre, Don Javier, y en colaboración con sus hermanas Mª Teresa, Cecilia y Mª de las Nieves, así como con los militantes más activos, fue conociendo las Españas y animando a los carlistas de todas las nacionalidades, que le aceptaron como el digno príncipe de la legitimidad proscrita.

Sin embargo, los planteamientos que Carlos Hugo representaba, junto a la cada vez más clara oposición al régimen por parte de las bases carlistas, contrariaron tanto al dictador y a sus planes sucesorios, que decidió expulsarlo de España, no sólo a él, sino a toda su familia. Corría el año 1968.

A pesar de ello, la evolución ideológica del carlismo continuó hasta quedar plasmada en el socialismo autogestionario. Por otra parte, la respuesta carlista a la expulsión no se hizo esperar. Hubo manifestaciones y protestas, con una nueva persecución como la que ya se había producido durante los primeros 20 años de franquismo. Nuevas multas, encarcelamientos, censuras, cierre de locales, etc. Muchos carlistas pasaron a la clandestinidad e incluso los hubo que se dedicaron durante unos años a una lucha armada contra los intereses del régimen, cuyos detenidos fueron sometidos a consejos de guerra.

Con Carlos Hugo a la cabeza, aunque en el exilio, el partido Carlista formó parte de todos los organismos unitarios de la oposición, tanto a nivel de las Españas, como en las distintas nacionalidades. Su hermana, María Teresa -recientemente fallecida por el Covid 19-, fue la encargada de presentar en París, la unidad de la oposición en la llamada “Platajunta”, es decir, la conjunción de la Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia Democrática. Sin embargo, los “grandes” partidos de esa misma oposición, traicionaron los acuerdos tomados y se plegaron a cambalaches con el gobierno de Suárez, que sirvieron entre otras cosas para marginar al Partido carlista y otros de la izquierda.

Efectivamente, cuando Franco murió y tras haber impuesto la monarquía heredera de la histórica rama liberal en la persona del corrupto –y ahora huido- Juan Carlos de Borbón, no cesó el acoso contra el carlismo. Primero fue con la “Operación Reconquista” donde, con los fondos de reptiles de las cloacas del estado al servicio de la monarquía franquista, con Adolfo Suárez y Fraga a la cabeza, intentaron -mediante un ataque de la extrema derecha a sueldo del nuevo poder-, destruir al carlismo al que le provocaron dos muertos y numerosos heridos entre los seguidores de Carlos Hugo, en el acto de Montejurra de 1976. Después, ante las primeras elecciones llamadas democráticas, se impidió la legalización del Partido Carlista, y el regreso de su líder que era el propio Carlos Hugo. Una parte de los objetivos del gobierno fueron alcanzados, pues el carlismo y Carlos Hugo quedaron tocados y se inició el declive del viejo movimiento.

1980 Carlos Hugo aceptó la invitación de su amigo el Nobel de Economía John K. Galbraith para investigar y enseñar en la universidad de Harvard.

De regreso a Europa en el año 2000, marchó a Italia, reclamado por el Gobierno regional de Parma -un ducado ligado a la monarquía española- que se encargó de revitalizar. Luego vino a vivir a Barcelona desde donde continuó manteniendo contactos con muchos de sus antiguos compañeros del Partido Carlista, aunque tuvo una dedicación más histórica que política.

Carlos Hugo de Borbón-Parma y Borbón, como jefe de la dinastía carlista, ha sido depositario del legado histórico de una rama de la Casa Real española que, tras su muerte, hace ahora 10 años, recayó en su primogénito, Carlos Javier de Borbón-Parma y Orange Nassau, una de cuyas últimas actuaciones fue la jura de los fueros del Antiguo Reino de Valencia, en el mes de diciembre de 2019. 

Josep Miralles Climent. Licenciado en Geografia e Historia por la UNED. Doctor en Historia (UJI). Autor de numerosos artículos y libros de historia del carlismo, entre los que podríamos destacar:

Los heterodoxos de la Causa, Huerga y Fierro editores, Madrid 2001, 160 pp.

El carlismo frente al Estado español: rebelión, cultura y lucha política, BPC, Madrid 2004.

Estudiantes y obreros carlistas durante la dictadura franquista. La A.E.T., el M.O.T. y la F.O.S., Ediciones Arcos, Madrid 2007.

Carlismo y represión franquista. Tres estudios sobre la guerra civil y la posguerra, Arcos, Madrid 2009.

El carlismo militante (1965-1980). Del tradicionalisme al socialismo autogestionario. Tesis doctoral, UJI, 2015.

Montejurra 1976-2016. 40 años después. Ediciones Arcos, Madrid, 2016.

La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada. Enfrentamientos, marginación y persecución durante la primera mitad del régimen franquista (1936-1975), Schedas, Madrid, 2018.