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La Plaza de las Pasiegas de Granada

Frente a la fachada principal de la catedral de Granada está la Plaza de las Pasiegas, que encierra en su nombre una carga de emotividad protagonizada por unas mujeres valientes, decididas, que procedentes del Valle del Pas en Cantabria acudían a Granada como nodrizas al reclamo de mujeres de familias pudientes que el escritor granadino Julio Belza calificó de «madres melindrosas o con impotencia a la hora de amamantar sus críos».

Partían desde el Valle del Pas, su gran patria chica, casi siempre aprovechando el viaje en la carreta de vecinos de la zona, vendedores ambulantes, que recorrían España con los productos de su tierra. Lo hacían después de haber parido y lactado a su propio hijo durante un mes. Como el camino era largo, se llevaban un cachorrito de perro al que daban de mamar durante el tiempo que durase el trayecto para que no se les cortara la leche; cachorro al que cogían un gran cariño y que, una vez cumplida su misión, quedaba al cuidado, ya convenido, de los vecinos que las habían ayudado en el viaje.

Al llegar a Granada se dejaban ver en la Plaza de las Pasiegas donde, casi de inmediato, eran contratadas, por necesidad o por 'capricho', por mujeres de la burguesía granadina a punto de ser madres. La llegada de las nodrizas pasiegas a Granada comienza a finales del XIX, pero sus predecesoras, las que abrieron camino hasta la Corte, les llevaban ya dos siglos de ventaja.

La tradición de las amas de cría arranca en el siglo XVII. La figura de la nodriza era imprescindible en las casas de la nobleza española. Fue la Casa de Fernando VII quien solicitó la primera nodriza española para Isabel II de Borbón, Princesa de Asturias (y Reina de España, con sólo tres años, entre 1833 y 1868), primogénita del cuarto matrimonio del Rey con su sobrina María Cristina de Borbón Dos Sicilias.

La nodriza se llamaba Francisca Ramón González, cántabra, natural de Peñacastillo, tenía 21 años y contaba con un ama de cría de retén, de nombre Josefa Falcones, de 19 años, natural de Torrelavega. Se dice de las nodrizas pasiegas que eran mujeres por delante de su tiempo, símbolos de mujer emprendedora, buena administradora y capaz, que dejaron de ser anónimas al imprimir su huella de humanidad y lealtad en el núcleo familiar en el que se integraban.

Se trataba, por exigencia expresa, de jóvenes recién paridas sin haber cumplido los veintisiete, robustas y bien dotadas por la naturaleza, circunstancia que les ayudó a superar las dificultades económicas sacando adelante a su familia, que, en aquella época, solía ser numerosa. La 'limpieza de sangre' era condición indispensable, es decir, que entre sus antepasados no hubiera ni judíos, ni árabes ni moriscos.

La elección de ama de cría tenía tal relevancia, que en las memorias palaciegas figura el anagrama real en las convocatorias previas a los nacimientos con este mensaje: «Comisión de la Real Casa para elegir nodriza al futuro vástago»; ello unido a las normas exigidas que eran minuciosamente analizadas por los médicos de Cámara, tal es el caso del doctor Esteban Sánchez Ocaña, médico de la Casa Real de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena. Él fue el encargado de elegir a la nodriza de Alfonso XIII, entre las jóvenes madres procedentes de Cantabria y se decantó por Maximina Pedraja, natural de Heras.

A mediados del siglo XX empieza el ocaso de las amas de cría desplazadas por el biberón, que mandó al paro a muchas mujeres que eran el sostén familiar. El paso del tiempo puso un velo en su historia, pero no ha conseguido borrar la huella de aquellas mujeres que tuvieron que emigrar en busca de una vida mejor fuera de su entorno, dejando atrás, al cuidado de la familia, hijos casi recién paridos, pasando de una vida sencilla, llena de carencias, a ser testigos del lujo y bienestar de las familias más adineradas del país.

El punto negativo sobre las amas de cría lo pondrían algunos intelectuales de la época que cargaron las tintas con mucha dureza, dedicándoles artículos que denigraban su dignidad de mujer. Sin duda había más un fondo de crítica a la realeza y clases poderosas y mucha ignorancia hacia la actitud de abnegación y sacrificio de las amas de cría, que se vieron forzadas a escapar de la miseria del medio rural, anteponiendo la necesidad a los sentimientos.

Se sabe que a Jaén fueron dos; a Málaga, una; a Sevilla, tres y muchas a Granada, impactando tanto en la ciudad que cambiaron el nombre de la llamada Plaza de las Flores por el actual de Plaza de las Pasiegas.

Debido al hermetismo de las familias, hay muy poca referencia de los hogares que solicitaron nodrizas pasiegas en Granada; incluso en la actualidad nos ha sido muy difícil encontrar datos al respecto, al tratarse de nombres muy sonados que siguen flotando por el aire de Granada, tales como el gran poeta Ángel Ganivet y las familias Rosales y García Lorca.

Sobre la madre de García Lorca circula el rumor de que cambió dos veces de nodriza, que le pudieron los celos al advertir la preferencia del niño por su ama de cría que, fuera quien fuera y de donde fuera, le conectó con el mundo, con los valores humanos.

Cuentan que Lorca siempre mostró especial querencia por la Plaza de las Pasiegas y tuvo a las nodrizas en su memoria al dedicarles un poema: «Ha vuelto la cara del almidonado pecho de la nodriza, ese pequeño monte volcánico estremecido de leche y venas azules».

Paco Robles está jubilado y se dedica al Partido Socialista y a la Memoria Historica, memorialista, historiador aficionado y buscador de verdades sin ser historiador universitario. Vocal de la Asociacion Granadina para la Recuperacion de la Memoria Historica AGRMH y Secretario CEP de Memoria Historica del PSOE de Granada.