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Breve historia de las primeras logias españolas entre 1728 y 1802

Ya se señaló en un artículo anterior que España, al contrario de lo que pasa en el resto de Europa en el siglo XVIII, es un caso atípico en lo que respecta a la masonería. Esta tiene poca importancia porque la Inquisición desde 1738; y la autoridad real desde 1751, la condenan y prohíben. Se puede decir que a excepción de una presencia esporádica de algunas logias formadas por masones extranjeros que no tienen continuidad y que escapan al control de la Inquisición, la Orden no existió en nuestro país.

En abril de 1728, un grupo de seis ingleses fundan la primera logia en el continente. Esta será la logia madrileña conocida como la French Arms, las Tres Flores de Lys o Matritense. Logia de la que hay noticias hasta 1729, si bien, su nombre siguió figurando en las listas oficiales de la masonería inglesa hasta el 27 de enero de 1768. Fue la primera establecida en el extranjero y reconocida por la Gran Logia de Inglaterra, figurando en la Pine’s engraved ist of Lodges de 1729 con el número 50. Tiene su sede en la calle de San Bernardo en un hotel francés llamado Tres Flores de Lys. José Antonio Ferrer Benimeli reproduce en uno de sus libros un documento de fecha 15 de febrero de 1728 que se lee en la tenida del 17 de abril. Documento que le proporciona Dr. S. Vatcher, Venerable de la logia londinense Ars Quartuor Coronati, y a Mr. Hewitt, Librarian and Curator de la United Grand Lodge of England: “Muy respetable señor,

Nosotros los abajo firmantes, masones libres y aceptados, que actualmente residimos en Madrid, y en otras ciudades del reino de España, nos tomamos la libertad de escribir esta carta, como nuestro deber nos obliga, para comunicar a nuestro respetable Gran Maestre, a su digno diputado, a los grandes guardianes y a todas las logias de masones, ahora constituidas en Inglaterra que habiendo estado siempre muy deseosos de ver nuestra antigua sociedad propagada, sus verdaderos y virtuosos designios fomentados, y que el Arte floreciera en cada ciudad a donde nuestros negocios nos han llamado, resolvimos por lo tanto difundirlo en este reino, dondequiera que pudiera hacerse de una manera legal. Y como tuvimos algún tiempo la oportunidad de la presencia de Su Gracia el Duque de Wharton, le pedimos constituir una logia en esta ciudad. El cual atendiendo a nuestros ruegos accedió y realizó. Después de que nuestra logia estuvo formada aceptamos e hicimos masones a tres personas que al pie citamos; y justamente después se resolvió por unanimidad comunicar nuestras Actas a nuestro Gran Maestre y a los Oficiales Generales de Inglaterra, a todo lo cual Su Gracia se somete él mismo enteramente, haciendo actuado en esta ocasión como Segundo Diputado.

Por tanto, tenga Vd. la amabilidad de notificar a nuestro Gran Maestre, y a todas las logias en general, en la próxima Comunicación Trimestral, el contenido de esta carta, y esperamos el favor de ser inscritos en el Libro con el nombre de Logia de Madrid. Las reuniones están fijadas al presente para el primer domingo de cada mes, y esperamos enviar para la próxima Comunicación Trimestral, que tendrá lugar alrededor del día de San Juan Bautista del presente año, una lista más larga de miembros de nuestra logia, y una copia de los Estatutos, tal y como los redactemos, de forma que sean más apropiados al país donde al presente nos encontramos, para la Unión entre todos nosotros, y la Caridad hacia el pobre, como muy recomendada y ejercitada en nuestra Antigua Sociedad, sobre la cual, en general, rogamos a Dios Todopoderoso derrame su preciosísimo favor y bendiciones. Quedamos, señor y muy Venerable Maestre, vuestros fidelísimos siervos”.

La segunda logia que se constituye fuera de Gran Bretaña se funda el 9 de marzo de 1729 en Gibraltar. Se denomina St. John of Jerusalem número 51. Está formada por ingleses.

En Barcelona sobre 1750, algunos militares ingleses y franceses tienen encuentros masónicos sin que llegasen a inscribirse en ninguna logia. En Cádiz en 1755, un grupo de franceses e ingleses tienen reuniones masónicas, pero son delatados a la Inquisición.

En Madrid en 1772 un grupo de ciudadanos de los Países Bajos fundan una logia por mediación de La Discrète Impériale de Alost, dependiente del Gran maestre Provincial de los Países Bajos.

Estas logias tienen poca vida, puesto que en la relación de logias publicadas en 1787 no figura ninguna en España. Tampoco en la lista de Grandes Logias Provinciales de la Obediencia inglesa de 1796 se hace referencia a logias en España a excepción de las fundadas en la colonia británica de Gibraltar.

Habrá que esperar hasta pocos meses después de iniciarse el siglo XIX para encontrar la primera logia española formada por españoles y, curiosamente, no será en territorio español sino en la ciudad francesa de Brest. Ello, debido a los pactos entre Francia y España en la que la escuadra española, procedente de Cádiz, colabora con la flota francesa en su lucha contra Inglaterra.

Esta flota, que fondea en Brest el 8 de septiembre de 1799 y estará hasta el 29 de abril de 1802, estaba compuesta por quince navíos, cuatro fragatas y cuatro corbetas; sus efectivos eran en mayo de 1800 de doce mil quinientos cuarenta y seis hombres. Un grupo de oficiales españoles comienzan a visitar dos logias francesas. En agosto de 1801 fundan la logia La Reunión Española, que llegó a contar con veintiséis masones y tuvo a lo largo de su vida cincuenta y tres reuniones hasta el 23 de abril de 1802 que suspenden trabajos. La logia está auspiciada desde el 30 de agosto de 1801 por el Gran Oriente de Francia.

Como señala José Antonio Ferrer Benimeli, Georges Demerson estudió la vida de esta logia gracias a su libro de actas que localiza en una biblioteca privada de Finisterre.

Al poco de llegar a Brest, se encuentran quince oficiales españoles en la logia Heureuse Rencontre y en la logia Elus du Sully, cinco. Estos al ver que su estancia, ante el bloqueo inglés, se prolonga deciden fundar una logia. Creación que no está provocada por una falta de entendimientos con los masones franceses, sino por el deseo de expresarse en su propia lengua.

En su segunda sesión, celebrada el 25 de agosto de 1801, se concreta la organización interna de la logia, eligiéndose venerable maestro al teniente Díez de la Rivera. En esta sesión se adopta el nombre de Reunión Española y se decide solicitar a la logia Elus de Sully el uso de su templo. Las reuniones se celebran los segundos y séptimos días de cada diez días.

A partir de esta tercera sesión las reuniones adquieren carácter oficial, iniciándose el acta con la fórmula de “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, bajo sus Auspicios”.

Sus miembros, en la sesión décima, afirman que sus trabajos tienen el propósito del “bien de la humanidad, y que son propagadores de los principios filantrópicos”. Además, decretan que todos se servirían del tercer apellido para los asuntos de logia en un claro intento de ocultarse probablemente por miedo a la Inquisición. Sus miembros, un mes después de la primera reunión, el 27 de septiembre de 1801, en el curso de una sesión destinada a la organización de sus trabajos, se preocuparon de la suerte del taller en caso de que tuviesen que partir, decidiendo que los papeles se dejarían en la logia Elus de Sully, a excepción de los más necesarios, que llevarían consigo.

El plan se puso en práctica seis meses después. Se entregaron los papeles a la logia Elus de Sully. Se nombró una comisión, que entregó una plancha a la logia Elus de Sully comunicando la suspensión de los trabajos y la intención de volver a abrirlos en España: “La Logia determinó que a los tres días de haber llegado a Cádiz se volvería a reunir en el café de San Francisco para tener una Junta”. Reunión que no hay constancia que tuviera lugar, así tras ocho meses de actividad la logia La Reunión Española de Brest, dejó de existir.

En el momento de la suspensión de los trabajos, pertenecían a la logia dos tenientes de fragata, tres tenientes de navío, un teniente de infantería, un teniente de artillería, tres alféreces de navío, tres alféreces de fragata, un alférez de infantería, un oficial de marina, dos oficiales del Ministerio de Marina, un contador de la Armada, otro de fragata, un boticario y cinco sacerdotes. Además, había otros siete españoles miembros de logias francesas de Brest (un teniente de fragata, tres tenientes de navío, un teniente de artillería y dos comisarios de la Armada). Solo dos miembros superaban los treinta años.

A su regreso a España, la Inquisición les incoa expedientes por pertenencia a la masonería.

La mayor parte de los miembros de la logia Reunión Española pidieron el retiro profesional entre 1803 y 1804 o pasaron a destinos de ultramar, como señala José Antonio Ferrer Benimeli, “seguramente por apremios de la Inquisición o del propio Cuerpo de la Armada, para evitar el desdoro que suponía el que varios oficiales estuvieran perseguidos por el Santo Oficio. Es muy posible que ésta fuera una solución de compromiso adoptada a altos niveles, pues el expediente se interrumpe en marzo de 1807”.

Bibliografía

FERRER BENIMELI, José Antonio: La masonería. Madrid, Alianza Editorial, 2019

FERRER BENIMELI, José Antonio: La masonería española en el siglo XVIII. México, Siglo XXI, 1974, pp. 48 - 272

FERRER BENIMELI, José Antonio: Masonería española contemporánea. Vol.1. Desde 1868 hasta nuestros días. Madrid, Siglo XXI de España editores, 1980, pp. 30 – 38

Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019.