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Haro acepta con sobriedad y resignación su Batalla del Vino más triste

  • Escrito por Eduardo Palacios
  • Publicado en Cultura
Haro ha vivido desde primera hora de la mañana una jornada triste, marcada por el silencio, la resignación y la disciplina social. EFE/ Raquel Manzanares Haro ha vivido desde primera hora de la mañana una jornada triste, marcada por el silencio, la resignación y la disciplina social. EFE/ Raquel Manzanares

La ciudad riojana de Haro ha vivido desde primera hora de la mañana una jornada triste, marcada por el silencio, la resignación y la disciplina social, algo muy diferente de lo que es habitual cualquier 29 de junio, cuando se celebra su acto más conocido en todo el mundo: la Batalla del Vino, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Haro fue uno de los epicentros del inicio de la pandemia de la COVID-19 en España el pasado mes de marzo y, desde entonces, la situación de la pandemia en esta ciudad ha mejorado, la vida ha vuelto a sus calles, que poco a poco quieren recuperar su pulso habitual.

Pero desde hace meses los jarreros tenían claro que las fiestas de San Felices y San Pedro no serían iguales a las de otros años y el bullicio y las multitudes de su Batalla del Vino no podrían volver este año, algo que no ocurría desde hace cerca de 80 años.

Cualquier 29 de junio empieza muy pronto en Haro, con una gran tradición vitivinícola. Cientos de personas suben, casi sin luz, a los Riscos de Bilibio vestidos de blanco inmaculado y pertechados con botas, pistolas de agua, sulfatadoras, cubos y todo tipo de armas cargadas de vino para "combatir" a todo aquel que se ponga a tiro.

Así, cada año comienza esta tradición que conlleva el que miles de personas lanzan unos 70.000 litros de vino y regresan a la Plaza de La Paz de Haro para dar vueltas a su quiosco al ritmo de la música antes de ir en cuadrilla a almorzar, caracoles si se sigue la tradición al pie de la letra.

Pero el día de San Pedro de 2020 ha sido muy diferente y, desde el inicio de la jornada, el ambiente que debía ser festivo se ha tornado en resignación y casi silencio, ya que, aunque el Ayuntamiento había hecho un llamamiento para que las cuadrillas llenaran las calles, de blanco, a la hora del desayuno, los jóvenes apenas se han dejado ver al comenzar el día.

De hecho, el comportamiento de los adolescentes, entusiasmados con la Batalla del Vino cada año, ha sido una de las lecciones positivas de este día, dado que no se han producido incidentes ni la policía ha tenido que actuar en ningún intento de reproducir la batalla del vino en los accesos a la ermita de San Felices, donde se encuentran los Riscos de Bilibio.

Sí que a la hora de la tradicional "bajada" se han dejado ver algunas cuadrillas para almorzar, en la "herradura" -la zona tradicional de bares- o en la zona recreativa de la Fuente del Moro; incluso se han visto decenas de camisetas blancas "teñidas" de morado, como hubieran quedado tras la batalla.

Porque, aunque haya restricciones, Haro no quiere perder su fiesta y quiere mantener su tradición, a la espera de que el año próximo pueda volver a declararse la "guerra" y a reeditar la Batalla del Vino.

"Da un poco de pena", ha asumido la alcaldesa de Haro, Laura Rivado, en declaraciones a Efe, aunque "todo el mundo comprende la situación en la que estamos y se han portado bien".

De hecho, ha recordado, a través de las redes sociales y en privado, "la gente ha encontrado fórmulas para disfrutar de este día" y "en la calle, quienes han salido, han respetado las normas de higiene y distancia", pero espera que "el año próximo pueda volver la normalidad también a la Batalla del Vino".

Una normalidad que también quieren las cuadrillas, como la de Miguel Ángel, una de las más veteranas de Haro, que desde hace 40 años repetía el mismo ritual, "pero el bicho ha podido con ello", ha admitido a Efe.

"Teníamos la voluntad de hacer algo, pero no ha podido ser y por eso hay que mantener la alegría en la calle, con el almuerzo de caracoles y buen vino, pero siempre respetando las normas", ha afirmado este jarrero mientras recuerda "los años felices que hemos pasado en los riscos y que esperamos que vuelvan".

Históricamente, esta fiesta se remonta a los pleitos entre Haro y la localidad vecina burgalesa de Miranda de Ebro por la posesión de los Riscos de Bilibio, ya que una sentencia del Reino de Castilla señalaba que la ciudad jarrera tenía que reivindicarlos cada 29 de junio porque, de no hacerlo, estos pertenecerían a Miranda.

La Cofradía de San Felices se ha ocupado de otro aspecto de la tradición y ha colocado un pendón en la ermita de San Felices para recordar esta fecha hasta el año 2021. EFE.