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Familia, amigos y políticos dibujan en un documental a un Maragall visionario

  • Escrito por Jose Oliva
  • Publicado en Cultura
El expresident de la Generalitat de Cataluña y exalcalde de Barcelona, Pascual Maragall. EFE/Juan Carlos Cárdenas/Archivo El expresident de la Generalitat de Cataluña y exalcalde de Barcelona, Pascual Maragall. EFE/Juan Carlos Cárdenas/Archivo

Familia, amigos y políticos dibujan en el documental "Maragall i la Lluna" a un personaje "visionario" que supo aprovechar los Juegos Olímpicos de 1992 para "situar Barcelona en el panorama internacional", ha explicado el codirector de esta producción, Josep Maria Mañé.

Mañé ha dicho en una entrevista con EFE que la idea del documental nació en la productora Benecé, que comenzó a recoger testimonios para la fundación Catalunya Europa, muchos de ellos relacionados con Pasqual Maragall. "Vimos que tenía potencial para explicar la vida política de Maragall a partir de los que le habían tratado".

Para la construcción del guión, Mañé y la otra directora, Francesca Català, situaron como eje vertebrador y narradora a Lluna Pindado, que tenía 8 años en 1993 cuando el entonces alcalde de Barcelona se instaló en su casa para entrar en contacto con el barrio de Roquetes, en el distrito obrero de Nou Barris, como hizo con otros barrios.

Veinticinco años después, Lluna inicia una búsqueda que comienza con el recuerdo de aquellos días, en que tuvo que dejar su cama "a un señor muy importante al que le sobresalían los pies". "Aprovechamos el descubrimiento que va haciendo Lluna en sus entrevistas con varios personajes para demostrar la dimensión política de Pasqual Maragall", señala Mañé.

El principal reto de esta producción fue "sintetizar las horas que teníamos grabadas de testimonios, y el resultado es que tienes la impresión de que se podía haber profundizado más en alguna cuestión". También era una dificultad "hablar de alguien del que no podemos tener testimonio, no poder ofrecer su punto de vista, a pesar de que está vivo".

Para el director, los "momentos más emocionantes" son las conversaciones que Lluna mantiene con Diana Garrigosa, esposa de Maragall y fallecida el pasado mes de febrero cuando se estaba cerrando el montaje del documental.

"Garrigosa evoca la época del Pasqual Maragall joven que acaba de ser padre, sus dos años en Nueva York, la época en que hizo política en la clandestinidad y la parte final, cuando repasa el último año como presidente de la Generalitat y la enfermedad del Alzheimer".

No evita el documental aspectos oscuros como "la guerra sucia a la que contribuyó CiU en su lucha por ganar las elecciones en Barcelona, cuando se difundió el rumor de que Maragall era alcohólico, extremos que niegan varios entrevistados, pero que calaron en algunos círculos".

También recoge las luchas en su partido, el PSC, los enfrentamientos con el PSOE, las divergencias con Jordi Pujol. Precisamente, Mañé revela que "los dos políticos que declinaron salir y que habrían sido interesantes fueron los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, aunque sí se pudo incluir alguna opinión discordante como la del exministro José Bono".

En relación a los JJOO de 1992, Mañé señala que "Maragall no era muy entusiasta de los Juegos como acontecimiento, sino que los veía como herramienta transformadora para poner Barcelona en el mapa internacional y así construir las rondas, rehabilitar una ciudad en la que se pudiera vivir mejor, solventar la apertura al mar, las conexiones internas.

De hecho, la Barcelona que tenemos hoy". Admite el director que "seguramente el precio que se tuvo que pagar fue que Barcelona se convirtiera en una ciudad turística, gentrificada, aunque no fue la idea inicial, pero sí la consecuencia directa".

Testimonios como los políticos Joaquín Almunia, José Bono, Josep Lluís Carod-Rovira, Antoni Castells, Joan Clos, Narcís Serra, Manuela de Madre, María Teresa Fernández de la Vega, Miquel Iceta, Artur Mas, Jordi Pujol, Josep Piqué, Eulàlia Vintró, Joan Saura, el diseñador Javier Mariscal, los periodistas Iñaki Gabilondo y Milagros Pérez Oliva, el filósofo Josep Ramoneda, el arquitecto Josep Antoni Acebillo o el cantante Joan Manuel Serrat desfilan por la película.

"Todos dibujan el perfil del Maragall alcalde, el Maragall presidente de la Generalitat intentando llevar a cabo un Estatut para crear una relación diferente de Cataluña con España que pudiera contentar a la gente, aunque esa causa no prosperara", resume Mañé.

También emerge, añade el director, "la relación de Maragall con Europa, su manera de entender las ciudades, y su idea de construir un Partido Demócrata europeo por encima de los partidos nacionales".

Su paso por el Palau de la Generalitat es definido por Diana Garrigosa como "su período más amargo, sobre todo el último año, cuando le llovían palos por todos los lados en su intento de construir un acuerdo entre las izquierdas para llevar a buen puerto el Estatut".

"Decide dejar la política cuando se da cuenta de que su propio partido no apuesta por él, ve que no puede luchar contra los suyos, y aunque no se siente traicionado, constata que no le han apoyado", destaca Mañé, para quien Pasqual Maragall ha sido "una figura incómoda para todos, para su partido, para el PSOE, porque iba mucho por libre".

Una vez fuera de la política, Maragall centra su "lucha" contra la enfermedad del Alzheimer que le diagnostican. El documental acaba con un colofón positivista con Pasqual Maragall, en su casa, cantando y bailando con Silvia Pérez Cruz, una de sus cantantes preferidas, el tema "Le parapluie" de Georges Brassens, con Lluna al piano.

La música ha acompañado en estos últimos años a Maragall en sus silencios, revela Garrigosa, "música muy heterogénea, Bach, Vivaldi, Mozart, Silvia Pérez Cruz, Paco de Lucía y sigue siendo un fan de Brassens". EFE.