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Montejurra 1976: La primera demostración de guerra sucia del régimen monárquico-franquista

Este mes de mayo de 2020 se cumplen 44 años de los angustiosos y criminales sucesos acaecidos en la concentración anti-régimen del Montejurra-76. Fue el 9 de mayo. Aquél día grupos de la extrema derecha española, amparada por el Estado y apoyada por otros similares grupos italianos, argentinos, portugueses y franceses, asesinaron a Aniano Jiménez Santos y a Ricardo García Pellejero, hiriendo a otro buen número de carlistas que pacíficamente participaban en dicha manifestación, algunos de ellos de carácter muy grave. Fue el primer crimen de Estado de la Monarquía franquista.

Montejurra es una montaña situada cerca de la ciudad navarra de Estella que fue el escenario, en el siglo XIX, de una importante victoria de los carlistas contra los isabelinos. En la década de 1940, los carlistas, que habían sido vencidos en el campo de los vencedores, quisieron celebrar un Viacrucis anual en memoria de todos los carlistas muertos también durante la Guerra Civil española. Los organizadores eran los seguidores de D. Javier de Borbón Parma, el regente carlista que en 1936 había dado la orden de alzamiento de los requetés y que tras ser expulsado de España por Franco, luchó en la resistencia francesa, fue detenido por la Gestapo y estuvo internado en el campo de concentración nazi de Dachau.

Con el tiempo aquél Viacrucis se fue complementando con parlamentos políticos críticos con el sistema dictatorial y, a partir de mediados de los años cincuenta, con la aparición de Carlos Hugo de Borbón Parma -hijo de D. Javier-, se fue convirtiendo en un acto político que reivindicaba cambios en el régimen franquista.

Durante los años sesenta se fue agrandando, llegando a alcanzar una afluencia de casi cien mil personas que desafiaban al poder del estado franquista. Allí intervenían con sus discursos dirigentes y Procuradores carlistas del Tercio Familiar (de las conocidas como Cortes trashumantes) algunos de los cuales fueron detenidos y otros sancionados con fuetes multas, por atentar contra el orden establecido. Estas posiciones críticas acabaron provocando la expulsión de España de toda la familia Borbón Parma (los abanderados del carlismo renovador) lo que provocó una nueva vuelta de tuerca en las críticas al régimen: manifestaciones callejeras, pintadas y manifiestos. También hubo acciones de comandos armados realizadas por los Grupos de Acción Carlista (GAC) que, sin llegar a provocar ningún muerto, desafiaron al sistema con métodos más contundentes. Todo ello supuso nuevas detenciones, consejos de guerra, juicios en el Tribunal de Orden Público y más sanciones y multas.

Al iniciarse la década de 1970, tras los Congresos del Pueblo Carlista en Arbonne, se constituyó el Partido Carlista que participó, junto al resto de la oposición, en las luchas obreras, sociales y políticas contra la dictadura. Durante esos años, bajo el slogan de Libertad, Socialismo, Federalismo y Autogestión, Montejurra fue un claro punto de referencia de la oposición de izquierdas al franquismo.

Tras la muerte del dictador, el nuevo régimen monárquico de Juan Carlos no podía permitir que la izquierda en general y el carlismo en particular cuestionaran la monarquía franquista, ni tampoco los manejos políticos de los instalados con la intención de lavar la cara a la dictadura y dar continuidad al poder liberal-capitalista que toda la izquierda rechazaba. Por eso, siendo ministro del interior Fraga Iribarne y Secretario General del Movimiento Adolfo Suarez, se fraguó la llamada "Operación Reconquista de Montejurra". Lo contó el periodista Santiago Belloch en su libro Interior, donde se incluyen, manuscritas, las declaraciones inculpatorias del general Sáenz de Santamaría que fuera director general de la Guardia Civil. Supuestamente había que reconvertir de nuevo esta manifestación de lucha popular en la inocente "romería religiosa" con la que se inició. Esa fue la razón por la que, además de la extrema derecha española e internacional, el régimen echó mano de antiguos tradicionalistas -vendidos para la ocasión al francomonarquismo-, con la intención de atraer a posibles carlistas nostálgicos.

Estaba todo preparado por las cloacas del Estado. Lo habían planeado para que fuera -o al menos pareciera- un enfrentamiento entre carlistas. Por eso prepararon el camino desde seis meses antes, implicando al hermano menor de Carlos Hugo, el bon vivant Sixto que, a pesar de estar toda su familia expulsada de España, el Gobierno le dio cancha para que viajara libremente por las Españas tratando de convencer a antiguos tradicionalistas que llevaban años apartados del carlismo militante. Se les financió también con grandes cantidades de dinero para la operación, y se propició que algún que otro alcalde y ayuntamiento de provincias cercanas facilitaran autobuses, comidas y dietas. Con todo ello se creyeron capaces de movilizar a grandes masas de gentes patrióticas ingenuas que pudieran anular el todavía multitudinario acto de Montejurra, organizado por el Partido Carlista, al que se solía invitar a gran parte de las organizaciones de la oposición al régimen.

Ese año, a diferencia de otros, el Estado había movilizado a un importante contingente de antidisturbios de la Policía Armada y también a la Guardia Civil. Sin embargo, cuando se produjo la primera agresión en el Monasterio de Irache con porras, cadenas, piedras y pistolas, la Fuerza Pública no intervino para impedirla. Tenían órdenes de la superioridad de no hacerlo. Porque el objetivo era que el centenar de agresores espantara a la multitud carlista y se hiciese con el control del acto, darle un giro y hacer un llamamiento a los asistentes, en la creencia de que iban a seguir sus consignas no sólo los que habían conseguido meter entre las masas carlistas, sino, también estas. Sin embargo, los carlistas no se arredraron, los más jóvenes salieron en defensa de todos, con sus cayados de monte, hasta conseguir detenerlos y lograr finalmente que se retiraran. Aquí fue donde cayó herido de muerte Aniano, un militante del Partido Carlista y de la HOAC de Santander, que murió tres días después.

El Viacrucis inició la subida –vigilada a distancia por los antidisturbios-, primero por la larga explanada, en una masa compacta y en tensión por lo acontecido, hecho que iba transmitiéndose de boca en boca. Lugo arrancó la dura subida, como era costumbre, por el largo sendero zigzagueante, flanqueado por las cruces de piedra de las Doce Estaciones y acompañados de una densa niebla. A medio camino, apareció por otro sendero una comitiva con Carlos Hugo y su esposa, Irene, llegados clandestinamente, que se incorporaron al conjunto de los carlistas que ascendían.

Los agresores, en ver desbaratada la “reconquista” en Irache, intentaron otra vez hacerlo desde la cima de la montaña sagrada del carlismo. Subieron con Jeeps por el “camino de los cañones” -una pista asfaltada que, por la parte posterior del sendero, llega cerca de la cima de Montejurra- donde reforzaron al contingente que ya la había tomado la noche anterior. Se instalaron con armas cortas y una ametralladora. Cuando entre la niebla los primeros carlistas llegaban a la cima, se les impidió el paso. La multitud se fue acumulando en las proximidades y entonces, con un altavoz, alguien dijo que iba a habar Sixto. Una multitud de voces acalló a los del altavoz gritando “Carlos Hugo, libertad” y “vosotros, fascistas, sois los terroristas”. Fue entonces cuando, entre la niebla, empezó a sonar el tableteo de la ametralladora y algunos disparos sueltos. La gente se echó al suelo como pudo cayendo heridos algunos. Ricardo, un joven estellés de 20 años, murió mientras le bajaba por el sendero un grupo de carlistas que intentaban hacerle la respiración artificial. Mientras tanto, en la Décima Cruz, un sacerdote celebró la Misa que estaba prevista realizar en la cumbre.

Tras los crímenes de Montejurra la Fuerza Pública bloqueó Estella para impedir la llegada masiva a la Misa funeral de cuerpo presente por Ricardo, que se había de celebrar al día siguiente. Sin embargo Carlos Hugo e Irene, junto a otros dirigentes carlistas, consiguieron burlar el bloqueo. En la Misa concelebrada se leyó una comprometida homilía, suscrita por más de cien sacerdotes de Navarra, en la que se denunciaba no sólo el asesinato de Ricardo y a sus autores conocidos, sino también la actuación irregular de las Fuerzas de Orden y la versión falsa de los hechos dada por el Gobierno Civil porque, en dicha homilía, se dijo que “no es cierto que el enfrentamiento armado fuese entre grupos políticos rivales. Fue un grupo advenedizo y extraño el que disparó a mansalva […] La gente […] los conoce […] Lo que quiere conocer ahora son las responsabilidades de tan incomprensibles hechos”. Y añadía que “este pueblo […] pide a gritos el establecimiento de una vez para siempre de una libertad para todos, de una reconciliación objetiva, de una sociedad y unas instituciones democráticas sin regazos y sin trampas. Un pueblo que está cansado de represión y de injusticia”, y terminaba con una llamada a los cristianos a la “esperanza de la resurrección para Ricardo, que vive y vivirá eternamente a pesar de los que lo han matado”.

Antes del Evangelio se leyó un emotivo poema en memoria de Ricardo que decía así:

A Ricardo García pellejero,

asesinado cuando subía a Montejurra

 

Por tu cuerpo destrozado

por las balas.

Por tu juventud de Mayo robada.

Por el odio y la locura

fríamente calculada.

Por el amor de los tuyos;

por el viento de tu alma

que nos mueve el pensamiento

y nos llora en nuestras lágrimas,

que nos resuena en la sangre

y nos grita en las gargantas.

Porque han vuelto a herir de muerte

a Estella y toda Navarra;

del Monte del Pueblo han hecho

otro campo de batalla

y han puesto en el Vía Crucis

una estación de venganza.

Porque es hora de parar

a las fieras desalmadas

que nos rondan y persiguen

que nos cercan,

que nos matan,

que nos devoran los días

y el futuro nos arrancan…

Pedimos justicia a gritos,

justicia que es esperanza

y deseo de hacer nuestra

la paz de cada jornada,

que no florece la sangre

ni en odio se desparrama.

Ricardo García, amigo,

mártir del pueblo, granada

roja y abierta, raíz

que hundimos para el mañana…

Para ti nuestros claveles

que Dios pondrá en tu solapa.

Para nosotros… la lucha

por continuar tu escalada.

Tras el funeral se bailó un Aurresku y se cantó el Agur Jaunak, antes de la marcha a pie hacia el cementerio en medio de un silencio impresionante.

A pesar de la gran cantidad de pruebas que hubo en contra de los asesinos materiales, se quiso presentar como un enfrentamiento entre carlistas para desacreditar al Partido Carlista y a su líder, Carlos Hugo de Borbón Parma, que formaban parte de la oposición democrática al régimen imperante en aquel momento.

Al año siguiente, el 8 de mayo de 1977, el acto de Montejurra no solamente fue prohibido, sino que, cuando ya estaba legalizados partidos como el comunista PCE y el socialista PSOE, el Partido Carlista no fue legalizado y Carlos Hugo seguía en el exilio sin autorización para entrar en España. Y todo eso sucedía a un mes vista de las elecciones, llamadas democráticas, de junio de 1977. Millares de carlistas, sin embargo, rompiendo controles de la Guardia Civil, ese año, conseguían reunirse en el castillo de Javier, a unos 90 km. de Montejurra.

Los abogados del Partido Carlista José Ángel Pérez-Nievas y Juan Francisco Martín de Aguilera, intentando descubrir a los inductores intelectuales de los crímenes de Montejurra, recibieron todo tipo de trabas por parte de las instituciones para impedir que llegaran a los responsables máximos de la “Operación Reconquista”.

Solamente fueron encausados dos de los agresores -uno de los cuales fue el autor material de la muerte de Aniano que, pistola en mano, fue fotografiado y difundida su imagen ampliamente por la prensa- quienes, tras recibir un trato de favor, fueron rápidamente amnistiadas a principios de 1977.

Además, el abogado Pérez-Nievas tuvo que mantener una larga lucha legal de 27 años, con todo tipo trabas de los organismos del Estado, hasta conseguir, finalmente, que Aniano y Ricardo fueran considerados como víctimas del terrorismo a todos los efectos. Sin embargo, la Audiencia Nacional en su sentencia no sólo evitó llegar a los autores intelectuales del crimen, sino que todavía tuvo la desvergüenza de mantener que el acto terrorista se había producido por el “enfrentamiento entre los partidarios [de] ideologías divergentes aunque insertas en el Partido Carlista del que constituyen dos facciones distintas”.

Cerca del Monasterio de Irache, junto al punto donde dispararon a Aniano, el Partido Carlista alzó un monolito de piedra con una placa que reza: "Ricardo y Aniano: Vuestra sangre es semilla de libertad".

Josep Miralles Climent. Licenciado en Geografia e Historia por la UNED. Doctor en Historia (UJI). Autor de numerosos artículos y libros de historia del carlismo, entre los que podríamos destacar:

Los heterodoxos de la Causa, Huerga y Fierro editores, Madrid 2001, 160 pp.

El carlismo frente al Estado español: rebelión, cultura y lucha política, BPC, Madrid 2004.

Estudiantes y obreros carlistas durante la dictadura franquista. La A.E.T., el M.O.T. y la F.O.S., Ediciones Arcos, Madrid 2007.

Carlismo y represión franquista. Tres estudios sobre la guerra civil y la posguerra, Arcos, Madrid 2009.

El carlismo militante (1965-1980). Del tradicionalisme al socialismo autogestionario. Tesis doctoral, UJI, 2015.

Montejurra 1976-2016. 40 años después. Ediciones Arcos, Madrid, 2016.

La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada. Enfrentamientos, marginación y persecución durante la primera mitad del régimen franquista (1936-1975), Schedas, Madrid, 2018.