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Colecta de 1917

Ya que estamos en plena lucha contra la enfermedad como la nueva plaga del mundo, es bueno recordar que no es la primera vez que el género humano se enfrenta a este tipo de situaciones ( y con certeza no será la última) y que en esos momentos a falta de un poder político progresista ha sido la “sociedad civil” quien ha dado el ejemplo a seguir.

Uno de estos casos lo podemos seguir a través de la Revista “Acción Femenina” del Consejo Nacional de Mujeres de Uruguay, que en su número de septiembre de 1917 decía...

“Se acerca el día en que la población de la República se verá solicitada para concurrir con su óbolo a proteger una de nuestras más útiles y nobles instituciones: la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis.

La colecta anual con que se contribuye a sostener esta obra nobilísima de profilaxis e higiene social, es una obra femenina, exclusivamente femenina, ejecutada año tras año por todas las mujeres del país.

Al llamado del Comité de Damas de la Liga, afiliado a nuestro Consejo, todas las mujeres prestan gustosas su concurso y rivalizan a porfía para aumentar los recursos de, la benemérita Institución. La primera colecta alcanzó una cifra elevada, que las ulteriores circunstancias económicas de la población no permitieron a ninguna otra alcanzar.

Luce su obra, esta primera colecta, en el Sanatorio Diurno y la Escuela al Aire Libre, organismos preciosos cuyo solo delecto aboga en favor de su bondad misma, son insuficientes.

Por lo que respecta a la Escuela al Aire Libre, particularmente, es doloroso constatar la necesidad urgente de su ampliación, tiene sólo capacidad para cien niños. Tal vez las condiciones económicas actuales, que pesan dolorosamente sobre la población más necesitada, la carestía de la vida, la disminución del trabajo, el aumento de la miseria, hacen sentir más fuertemente aún, la necesidad de varias Escuelas al aire libre, distribuidas en los diversos radios de la ciudad.

Es que al factor enfermedad hay que sumar el factor miseria, para comprender la urgencia de la creación de estos organismos. Diariamente acuden al Consultorio del Cuerpo Médico Escolar, numerosas madres, con sus chicos pálidos, ojerosos, flacos, débiles, anémicos, con ese aspecto característico del predispuesto debilitados diariamente, al atenderlos, pensamos: “En realidad este niño no es un tuberculoso, pero, indefectiblemente lo será”.

A las habitaciones insalubres en que viven, esos ya famosos conventillos, faltos de aire y de luz, hay que agregar la insuficiencia de alimentación. El contagio tuberculoso flota en el ambiente, como una amenaza perpetua de los infinitamente pequeños: ¡ay de los débiles! Si las condiciones fisiológicas no son muy brillantes y la alimentación es escasa, la víctima es segura.

¡Cuántas madres nos traen sus chicos al Consultorio de la Corporación y nos piden por favor, un pase para la Escuela al Aire Libre! Y cuántas agregan: “¡Doctora, por caridad, deme el pase para este niño. Tengo tantos chicos y gano tan poco! Allí siquiera les dan comida!”.

Y he ahí, ingenuamente expuesto, el desconsolador problema de cuya solución depende el porvenir de nuestro pueblo, el destino de nuestro país. ¡Comida! ¡Comida para los escuálidos cuerpecitos que muestran su desconsoladora flacura los días de inspección médica en las escuelas, cuando, quitados los pobres harapos que los cubren, aparecen en su dolorosa verdad! ¡Comida, para llenar los huecos de esos esqueletos; aire puro, aire cargado de aromas vegetales, para esos pulmones que lo reclaman para expandirse; luz y' sol para esa sangre empobrecida por la miseria; luz, aíre, sol alimentos, para esos centenares de chiquillos que serán indefectiblemente víctimas del terrible flagelo, de esa espantosa peste blanca que siega, antes de la florescencia, millones de existencias humanas.

¡Luz, aire, sol, alimentos para esa infinidad de criaturas que serán indefectiblemente otros tantos focos de contagio para los que vendrán después, que continuarán, incesantemente, esa herencia de enfermedades y dolores que recibieron de los suyos y trasmitirán a los que les habrán de seguir, que constituyen fatalmente un gravísimo peligro social, una amenaza perpetua para las generaciones ulteriores; eslabones incalculables de esa infinita cadena de enfermedades y degeneraciones de las que fueron víctimas, y por las que se convertirán, inevitablemente, en otros tantos victimarios!

Luz, aire, sol, alimentos para los niños de nuestro pueblo, que representan la futura riqueza de nuestra nación, que son su porvenir, que serán su gloria o su vergüenza; su fuerza y su riqueza o su degeneración y su miseria!”

Paco Robles está jubilado y se dedica al Partido Socialista y a la Memoria Historica, memorialista, historiador aficionado y buscador de verdades sin ser historiador universitario. Vocal de la Asociacion Granadina para la Recuperacion de la Memoria Historica AGRMH y Secretario CEP de Memoria Historica del PSOE de Granada.