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Leyendo a Pérez Galdós

En la conmemoración del Centenario del fallecimiento del insigne escritor, parecía obligada la lectura de una obra suya, y fue en febrero cuando la abordé. De este extraordinario autor hay que tener en cuenta su ingente obra, pero igualmente su evolución social que en muchos casos la explica. Un hombre bueno y mejor escritor, que supo situar también a la mujer, en el centro de su narrativa, con ejemplos como: Fortunata y Jacinta, Tristana, La de Bringas…

Y fue sobre ésta última sobre la que me decidí, sin ninguna razón premeditada, y sobre la que basaré mis reflexiones; sus personajes, el entorno social, así como la vida y evolución política del propio autor, serán el eje de este artículo.

Aunque exista un adulterio en todo el enredo novelesco, encuadrado en la corte de la reina Isabel II (1860), perfectamente descrita en el deambular palaciego, por el piso tercero, donde moran burócratas y empleados de palacio, sin que éste sea el objeto principal de la obra, como yo en principio llegue a imaginar, se trata más bien a mi juicio, de la forma de salir del terrible atolladero, a donde se ve conducida la mujer de Bringas, por su desmedido afán de lucimiento, para ser aceptada en una clase decadente, hueca y, que vive más de las apariencias, del lucro de su vida vacía a través del engaño, que de su propia contribución a la sociedad.

Se relata la vivencia de una mujer burguesa al uso, atrapada en un matrimonio convencional, donde la vida le podía haber llevado mansamente por el camino de la virtud y el clasismo propio de su mundo, pero que su curiosidad, rebeldía y desgobierno, le hacen embarcarse en una serie de gastos suntuarios, para mantener ficticiamente el nivel de vida parejo a la clase que le rodea, que vive más de la propia imagen, que de la realidad económica y social propia de su poder adquisitivo.

Excesos que se van acumulando sin que el marido se entere, haciéndola transitar, por pura necesidad, por caminos de autosuficiencia para resolverlos que, despojándola de sus artificios, la sumergen en un mundo inestable y lleno de vivencias, hasta entonces desconocidos para ella, donde le es mostrada con toda crudeza, la auténtica condición de sus amistades, lanzándola a la resolución de los problemas creados, en soledad, autonomía y suficiencia, (más o menos moral) que la prepararán para el nuevo orden social que se les precipita.

Todo ello dentro de esa España, y en especial de ese Madrid palaciego del s. XIX, del quiero y no puedo, del hidalguismo endémico, donde se relata la vida de muchas familias que por figurar, irán bien vestidas y acudirán al teatro, aunque solo puedan comer tortilla de patata a diario, como indica el propio relato.

Todo ello irá adentrando al lector, en un ambiente donde se observa el caldo de cultivo para el alzamiento militar y civil inminente, denominado La Gloriosa o Septembrina, que condujo al destronamiento de la reina Isabel II, dando inicio con posterioridad, al periodo denominado SEXENIO DEMOCRATICO, que se dividió en dos etapas históricas:

  1. Primera monarquía parlamentaria – Amadeo I (1871/1873).
  2. Primera república española (1873/1874).

El relato va transitando a través de la vida de los personajes, que moran en el Palacio Real, trabajan para la Administración del Estado, o prestan sus servicios directamente a la Monarquía, donde se va hilvanando la inquietud, preocupación y caldo de cultivo, que condujo al estallido social y militar posterior, primero en forma de monarquía parlamentaria, durante el reinado de Amadeo I de Saboya, y después en forma de república, la Primera República Española. Ambas fórmulas acabarán fracasando.

Todo ello nos traslada al del Galdós político (el menos conocido), que sabe interpretar la sociedad, el de valores republicanos que frecuentó los círculos liberales, pasando por el republicanismo moderado, para acabar abrazando a su admirado Pablo Iglesias, con quien formaría la Conjunción Republicano-Socialista (1909), el que fue tres veces diputado, el de la transformación de su activismo político, durante la última década de su vida, el que sintiéndose muy cerca del fundador del PSOE, llegó a decir: "Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado y admirable que hay en la España política".

El Galdós patriota hasta la médula, cuya admiración de la Institución Libre de Enseñanza, le hizo decidido regeneracionista. Escritor curioso, liberal templado de joven, que se fue desplazando hacia la izquierda según envejecía y mejor conocía el mundo y sus miserias.

De Benito Pérez Galdós se llegó a decir que, aunque canario de nacimiento, era “más madrileño que la Puerta de Alcalá”, dejando en Madrid una huella imborrable, con su vida y relatos, tal como Madrid había marcado para siempre la suya.

Y con ello rindo mi particular homenaje a D. Benito Pérez Galdós, personaje admirado por su obra literaria y por su intensa vida, que supo interpretar la sociedad española como nadie, que supo cuestionar la capacidad reformista de las clases medias y, que finalizó su vida luchando, para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.