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No hay sitio para la crítica religiosa en la Feria del Libro de Bangladesh

  • Escrito por Azad Majumder
  • Publicado en Crónicas

"¿Por qué debería tener miedo?", se pregunta el escritor de ficción Alamgir Amin durante la Feria del Libro de Dacca, en la que colabora con la editorial Jagriti Prokashoni, la misma en la que publicaba el bloguero estadounidense-bangladesí Avijit Roy, asesinado a machetazos en esta feria en 2015 por fanáticos islamistas que no aprobaban sus escritos ateos.

El editor de Jagriti, Faisal Arefin Dipan, también fue asesinado de la misma forma y el mismo año, pero esas muertes no consiguen disuadir a Amin de participar en la feria y vender en el puesto de una editorial señalada por el fanatismo religioso, pero con la que ha publicado sus cinco libros.

"¿Por qué debería tener miedo? Escribo ficciones, en su mayoría cuentos que cualquiera puede leer", dijo a Efe el autor y músico de profesión, mientras despachaba en la feria literaria, que desde el 1 de febrero hasta este sábado ha ofrecido a los lectores solo aquello que no ofendía a nadie, bajo la atenta mirada de las autoridades.

"Alguna gente todavía viene aquí y pide los libros de Avijit, pero ya no los vendemos. Ni siquiera sé si están prohibidos", confesó Amin.

CENSURA POR HABLAR MAL DEL CIELO

Las autoridades de Bangladesh se muestran inflexibles para que la feria no exhiba ni venda nada que pueda molestar a los islamistas radicales o a cualquier otro grupo. El pasado 26 de febrero, el Tribunal Supremo ordenó a la organización del evento cultural la supresión de dos libros cuyo contenido consideró "perjudicial para los sentimientos religiosos" de un país de mayoría musulmana.

Los libros "Nanir Bani (Dictum de la abuela)" y "Dia Arefin", del escritor Diarsi Arag, fueron prohibidos a instancias de una petición del abogado Azharullah Bhuiyan, quien argumentó que no solo dañaban los sentimientos de los musulmanes sino de cualquier religión. "No hay un solo párrafo en esos libros que sea defendible.

En uno de ellos, el escritor afirma que hay tres tipos de personas que utilizan el burka (velo completo): una está muerta, otra moribunda y la otra es una puta", aseguró a Efe Bhuiyan. "En otro párrafo -continuó-, habla mal del cielo. No se trata, pues, solo del islam, hindúes, cristianos, judíos... Todos creen en el cielo, por tanto, hiere a todos los creyentes".

Para Bhuiyan, el contenido de esos libros no tiene nada que ver con la libertad de expresión que, según él, debe estar "condicionada" como cualquier otra libertad, y cree que con su acción judicial ha evitado males mayores.

"Llevar burka es una elección personal; ahora, si a alguien, por usarlo, se le llama puta, ese tipo de narrativa es inaceptable", insistió. "Somos un país pacífico. Imagine lo que pasaría si las fuerzas fanáticas se hicieran cargo de este problema.

No creo que tenga nada que ver con la libertad de expresión porque toda libertad está condicionada. No podemos ejercerla obstaculizando la libertad de elección de otros", explicó el letrado.

Por su parte, los organizadores aseguraron que retiraron los libros de Arag incluso antes de que llegara la orden judicial. "Nuestra política menciona claramente qué tipo de libros se pueden publicar.

Según la misma, cualquier libro que dañe la moral pública o la armonía entre comunidades no puede publicarse", especificó a Efe Jalal Ahmed, miembro del Comité Organizador de la Feria del Libro.

PUBLICAR: UN NEGOCIO ARRIESGADO EN BANGLADESH

La polémica llevó a las autoridades a clausurar la caseta de la editorial Kalanjali, en la que se vendieron los libros ahora prohibidos, aunque su dueño, Kaler Lekhak Likhon, asegura que no es el editor de los mismos. "No soy el editor de los libros, alguien los llevó a mi puesto de venta. Ni siquiera estaba al tanto de su contenido, ahora mi caseta está clausurada.

Perdí mi negocio y mi reputación, lo que me causó una depresión", se lamentó. "Fui castigado por no saber nada. Publiqué libros de 40 escritores que ahora están enfadados porque sus libros no se venden", dijo Likhon a Efe. Pese al clima de censura oficial y autocensura ante el temor de sufrir ataques, algunas casetas aceptaron el riesgo y se aventuraron a vender libros de autores ateos.

Es el caso de los puestos de Joyotee, que vendió libros del poeta Daud Haider, exiliado en Berlín desde 1974 por escribir un poema crítico con la religión, y Sabyasachi, que lo hizo con un poemario de Taslima Nasreen, que en 1994 se vio obligada a huir del país tras las masivas protestas islamistas que pedían su muerte por hacer comentarios críticos sobre el islam.

"El trabajo de un editor no se limita solo a publicar poesía o novelas, tenemos que publicar libros que permitan a la gente pensar", dijo el dueño de Sabyasachi, Satadi Bhovo, quien publicó el último libro de Nasreen, "Golpo", en 2018. "A veces es difícil saber qué dañará el sentimiento de quién. Es un negocio arriesgado, pero tenemos que hacerlo. Publicaré más libros de ese tipo", aseguró. EFE.