LA ZURDA

Un experto dice que "en una mala racha cualquiera puede entrar en una secta"

  • Escrito por  Toni Conde
  • Publicado en Crónicas
El psicólogo experto en sectas Miguel Perlado. EFE/Javier Cebollada/Archivo El psicólogo experto en sectas Miguel Perlado. EFE/Javier Cebollada/Archivo

El psicólogo experto en sectas Miguel Perlado (Pamplona, 1973) busca desmentir en su nuevo libro "¡Captados!" (Ariel) el "mito" por el cual se piensa que acabar dentro de una secta solo le ocurre a gente ignorante y asegura que "en una mala racha, cualquiera puede entrar".

En una entrevista con Efe, el psicólogo, que pasa consulta en Barcelona y que calcula que un 0,8 % de los españoles -unos 380.000- han pertenecido alguna vez a una secta, asegura que "en momentos de crisis personal, cuando las convicciones tiemblan, es cuando una secta puede actuar".

Enfatiza Perlado, que es perito judicial en casos de sectas, que "no se entra en una secta de un día para otro, sino que se empieza alguna actividad con un grupo y muy poco a poco, las piezas van encajando para que seas parte de la secta".

Todas las personas buscan obtener certezas que expliquen y simplifiquen la realidad, dice Perlado, y, ante crisis personales, "todas nuestras creencias entran en duda, por lo que la secta aprovecha esas inseguridades para ofrecernos lo que buscamos: seguridad y creencias firmes".

El psicólogo advierte que los captadores "no son trileros ni vendedores de humo" y despeja la imagen de la secta como algo oscuro y poco fiable: "Se presentan como una actividad cualquiera a la que puedes acudir, sin que parezca nada raro y, si ven que tu perfil es captable, es cuando empiezan a hacer su trabajo".

"Alguien podría ir varios días a un curso sobre psicología con apariencia académica, que en realidad es una secta, y que no pase nada -según Perlado-, pero puede que otra persona cumpla con el perfil para ser captado, por lo que los captadores actuarán y se asegurarán de que siga asistiendo, hasta que sea miembro".

El psicólogo alerta de que hay que saber identificar bien las sectas, "aunque sea algo complejo", porque "existen unos elementos sectarios y, dependiendo de cuántos de estos elementos estén presentes en el grupo, se podrá hablar de secta o no".

Una secta ejerce "una dinámica de abuso, de control coercitivo, de dependencia, daño y aislamiento del exterior en el individuo", además de "anular la individualidad y tener una estructura piramidal donde se obedece el dogma del gurú".

Por eso es importante diferenciar las sectas de las religiones, porque en una religión "se potencia la personalidad del individuo y no se anulan sus expresiones y relaciones personales, al contrario que en las sectas".

Un adepto establece un vínculo muy especial con el gurú, que es la fuente de los dogmas que deben obedecer los miembros de la secta, aunque Perlado apunta que "esta relación es bidireccional, muchos de los gurús creen en lo que dicen, presentan una patología y necesitan de los miembros para difundir su mensaje".

El especialista rechaza la metáfora del "lavado de cerebro", porque una relación entre el gurú y el adepto es una relación de "control de la personalidad muy fuerte", pero esta es más gradual y a veces se puede dar "incluso en el caso de una relación entre dos personas, donde se habla de relación sectaria".

Cuando se sospecha que alguien forma parte de una secta, Perlado recomienda "analizar bien el caso para poder confirmarlo" y, una vez se tiene la certeza, empezar el trabajo para sacar a la persona de la secta.

"El adepto tiene que decidir si quiere salir o no", defiende Perlado, que alerta de que "una salida forzada puede salir mal, hay que sembrar la semilla de la duda en el adepto para que se dé cuenta de como la secta le ha anulado.

La experiencia es que la mayoría acaban saliendo de forma voluntaria". Pero una vez fuera, empieza el trabajo de reparación: "Es una situación de trauma, el adepto tiene que recuperar su identidad y asumir que se la cambiaron, lo que supone un gran coste personal y sentimientos de vergüenza y culpa".

Diferentes factores pueden afectar al grado de recuperación, como el uso de drogas en la secta o el tiempo que se ha tardado en salir, pero Perlado advierte de unas consecuencias que son comunes: "Una gran proporción de exadeptos salen con daños psicológicos en su autoestima y en la confianza hacia si mismos". EFE.