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El Rito Escocés Antiguo y Aceptado en España

El primer Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus Dependencias de Ultramar, se constituido en España en 1808 por el rey José I, que también era Gran Maestro del Gran Oriente de Francia. Este Supremo Consejo se disuelve al verse obligado el rey a abandonar España en 1813.

A principios de 1811, el marqués de Clermont-Tonnerre, miembro del Supremo Consejo de Francia, formó en España cuerpos filosóficos que trabajaban hasta el grado treinta y dos del Rito Escocés y el 4 de julio de 1811, con patente expedida por el Supremo Consejo de Charleston, el Conde de Grasse-Tilly constituye regularmente el Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus Dependencias, siendo nombrado el Miguel José de Azanza Soberano Gran Comendador.

Según se ha afirmado desde el mundo masónico, los miembros del Supremo Consejo durante la primera época absolutista de Fernando VII no dejaron de trabajar, reuniéndose clandestinamente y tras la rebelión militar que se inicia en Cabezas de San Juan y que obliga a Fernando VII a restablecer la Constitución de 1812, la masonería tuvo un periodo de tranquilidad que permitió que el Soberano Gran Comendador Agustín Argüelles, que también desempeñaba la Gran Maestría del Gran Oriente de España, renunciara a su cargo, siendo sustituido por Antonio Pérez de Tudela. 

Como acertadamente señala Javier Alvarado, la realidad es que no se sabe a ciencia cierta quien o quienes fueron los Grandes Comendadores durante estos años. Incluso, plantea la posible hipótesis, de que José Bonaparte se mantuviera como Gran Comendador de forma honorífica hasta su muerte en 1844. Lo que es seguro, es que Agustín Argüelles (1776-1843) no pudo ser Gran Comendador, ni Gran Maestro en 1812 puesto que como afirma Alcalá Galiano, se inició en septiembre de 1820 en la logia madrileña Templanza.

Si tenemos en cuenta los hechos históricos, desde la salida de los franceses hasta la Gloriosa de 1868, que destronó a Isabel II, no se puede hablar de que existiera una masonería organizada puesto que, durante esos años, la Orden estuvo prohibida en España. Por tanto, cualquier continuidad de ésta, es difícil de sostener y mucho menos de demostrar desde un punto de vista histórico, dejando esta continuidad al imaginario masónico.  

Las libertades que siguieron tras el cambio político surgido en 1868 hicieron que la masonería experimentara una reorganización, que se mantuvo con la restauración de los borbones en la figura de Alfonso XII. La ley de Asociaciones de 1887 permitió su adscripción legal, pero no existió una masonería única y unida, sino que por el contrario, hubo multitud de obediencias que se autoproclamaron regulares, lo que provoca un confusionismo difícil de entender (hay que recordar que por principio no puede existir más de una obediencia regular por país). A esto hay que unir que cada una de ella establece un Supremo Consejo que se considera heredero del primero, es decir del fundado en 1811. La realidad es que ninguna de ellas puede probarlo sin, como he señalado, acudir al imaginario masónico. De aquí, que ninguna representación española pudiese asistir a la reunión internacional de Supremos Consejos celebrada en Lausana en 1875.

Entre las obediencias que existen en el último tercio del siglo XIX se pueden nombrar:

- El Gran Oriente Nacional de España (GONE). En 1865 es elegido Gran Maestro Ramón María Calatrava (1865-1876); después de muerto, le sucede el marqués de Seoane (1876-1887); y tras la muerte de éste, José María Pantoja (1887-1896). En 1873 un grupo de logias procedentes del Gran Oriente Ibero, se unen a esta obediencia. El 31 de enero de 1887, se origina la primera gran escisión, constituyéndose dos Grandes Orientes Naciones de España.

- Gran Oriente Nacional de España, presidido por Pantoja (GONEP). El 2 de enero de 1887, José María Pantoja es elegido Teniente Gran Comendador y Gran Maestre adjunto del Gran Oriente Nacional de España y tras el fallecimiento de Seoane, pasó a ejercer las funciones de Gran Comendador y Gran Maestre, manteniéndose como Gran Secretario Eduardo Caballero de Puga. Ambos dirigieron el GONE hasta su desaparición en 1896. Este Gran Oriente no aceptó las conclusiones adoptadas por el Congreso Universal de Lausana de 1875 manteniendo la tradición frente a la reforma. La autoridad del Soberano Gran Comendador y Gran Maestro ad vitam, está depositada en una sola mano con un Supremo Consejo y su Cámara de Ritos.

- Gran Oriente Nacional de España, presidido por el vizconde de Ros (GONER) y Gran Oriente Ibérico (GOIco). La fracción de logias encabezadas por el Vizconde de Ros constituían un Supremo Consejo el 20 de febrero de 1887 que se adhirió a los preceptos y acuerdos tomados por el Convento Universal de los Supremos Consejos reunidos en Lausana en 1875; este Supremo Consejo reivindicó ser la única autoridad en territorio español del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En 1893 cambiase su nombre por el de Gran Oriente Ibérico. El Vizconde de Ros concedió autonomía al simbolismo, logrando que se creasen Grandes Logias Simbólicas Regionales, encargadas de los tres primeros grados, mientras que el Supremo Consejo administraba los grados superiores. Se intentó la unión masónica con una parte del disgregado Gran Oriente de España representado por Miguel Morayta como Gran Maestre Interino de la Gran Logia Simbólica del Gran Oriente de España, y por Juan López Parra como Gran Teniente Comendador del Supremo Consejo del Gran Oriente de España. De esta forma, estas tres personas formaron un Directorio y promulgaron juntos un decreto, con fecha 3 de febrero de 1888, convocando a todas las logias a una Asamblea Constituyente de la que salió elegido Gran Comendador el Vizconde de Ros y como Gran Secretario Miguel Morayta. Miguel Morayta se separó por ciertas anomalías en el proceso electoral fundando el Grande Oriente Español a comienzos de 1889. Las logias que se mantienen fieles al vizconde de Ros tuvieron a éste como Gran Comendador hasta que presentó su dimisión en beneficio de Francisco Rispa Perpiñá, quien lo ejerció al menos hasta 1896.

- Gran Oriente de España (GODE). Se formó alrededor de 1869 a partir de un grupo de disidentes del Gran Oriente Nacional de España. El 18 de noviembre de 1869, Carlos Magnán era el Gran Maestre accidental; Juan de la Somera, Gran Secretario; y Francisco Javier Parody, Gran Secretario extraordinario. El Supremo Consejo de Grado 33 estaba presidido por Magnán aunque en calidad de adjunto interino. Magnán a mediados de 1870 fue relevado por Manuel Ruiz Zorrilla, que el 18 de julio, no era masón y el 20 de julio quedaba investido como la máxima autoridad de la obediencia. Ruiz Zorrilla presidió la obediencia hasta el 1 de enero de 1874, fecha de su dimisión, sin embargo, el verdadero director de la obediencia, hasta el 4 de septiembre de 1872, en que murió, fue el Gran Maestro adjunto Simón Gris Benítez. Está dividido en un Supremo Consejo, a cuya cabeza se encuentra un Soberano Gran Comendador, elegido entre los masones que ostentan el grado 33 y una Gran Logia Simbólica, dirigida por un Gran Maestre elegido por la Asamblea de representantes de las logias simbólicas. El 31 de enero de 1873, dimite Ruiz Zorrilla, siendo sustituido por José Carvajal que es expulsado por intentar manipular, a su favor, el proceso electoral, siendo elegido, finalmente, Juan de la Somera, que quedó investido como Gran Maestre el 26 de marzo de 1874. El Gran Oriente Ibero se unió al Nacional de España el 1 de junio de 1874. Juan de la Somera es sustituido por Práxedes Mateo Sagasta, el 5 de enero de 1876 que quedó investido como Gran Comendador y el 7 de marzo como Gran Maestre. A Sagasta, el 3 de noviembre de 1880 le sustituye como Gran Comendador y Gran Maestre Antonio Romero Ortiz que dirigió la obediencia hasta su muerte, el 18 de enero de 1884. Manuel Becerra le sustituyó y tras su dimisión en 1886 dejó a la obediencia en el desorden y la división. En 1887 se dividió de nuevo en dos Grandes Orientes de España: uno presidido por Ignacio Rojo Arias, nombrado Soberano Gran Comendador tras la dimisión de Becerra; y el otro dirigido por Morayta como Gran Maestre adjunto de la Gran Logia Simbólica, y por Juan López Parra como Gran Comendador interino del Supremo Consejo.

- Gran Oriente de España de Rojo Arias (GODER). Tras la dimisión de Becerra quedó como Soberano Gran Comendador del Gran Oriente de España el senador Rojo Arias. Al considerarse heredero legítimo de Becerra, quedó enfrentado con la fracción del Gran Oriente de España que encabezaban Morayta y López Parra. Este Gran Oriente se extingue en 1890, aunque hubo un intento de reconstitución de su Supremo Consejo en 1893.

- Gran Oriente de España de Pérez, Gran Oriente Legal y Regular de España o Gran Logia Simbólica (GODEP). Tiene sus orígenes a comienzos del mes de julio de 1875. El motivo de su creación es una carta enviada por Juan de la Somera a un hermano residente en Cuba, concediéndole el poder de otorgar grados superiores a los miembros de las logias antillanas, lo que es considerado una intromisión inadmisible, comenzando un proceso que finaliza con la expulsión de Juan de la Somera, Juan Utor, Clemente Fernández Elías y Francisco Javier Parody y que pone a la cabeza de la Gran Logia Simbólica a Juan Antonio Pérez.

- El Grande Oriente Español (GOE). Esta Obediencia gestó en 1887 una fusión con el Gran Oriente Nacional de España del Vizconde de Ros, quedando constituidos en Gran Oriente Nacional de España. En octubre, se produjo la escisión y Miguel Morayta se separó con un grupo de logias para constituir a principios de 1889 el Grande Oriente Español. Desde este momento quedó investido como Gran Presidente del Supremo Consejo y Gran Maestre Miguel Morayta, y como Gran Secretario Joaquín Ruiz.

En estos años, muchas logias simbólicas - las que trabajan en los tres primeros grados: aprendiz, compañero y maestro -, especialmente las que se encuentran fuera de Madrid desean la descentralización pues ven, en los altos grados una desvirtuación de la masonería, y porque las obediencias y los Supremos Consejos son gobernados casi siempre desde Madrid, lo que es percibido con suspicacia. Esto lleva:

- A la creación de las Grandes Logias Simbólicas Regionales puesto que algunos Supremos Consejos, conscientes del malestar, organizan sus respectivas obediencias creando Grandes Logias, Regionales o Provinciales, con amplia autonomía.

- Muchas logias simbólicas que se agrupan constituyendo Grandes Logias Simbólicas independiente. Entre ellas se pueden citar la Gran Logia Simbólica Independiente Española (GLSIE), la Gran Logia Simbólica Regional Catalana Balear (GLSRCB), la Gran Logia de Castilla la Nueva (GLCN), la Gran Logia Regional Galaica (GLRG), la Gran Logia Regional de Andalucía (GLPRA), la Gran Logia Simbólica Provincial de Málaga (GLSPMa), el Gran Consistorio de Málaga, la Gran Logia Simbólica Independiente Ibérica instalada en Málaga, la Unión Valentina constituida en Valencia, la Logia Maestral de Madrid, la Gran Logia Unida de España, con sede en Madrid, la Federación de Logias Independientes de los Valles Galaicos, y la Asamblea de Logias Confederadas de Barcelona.

Con lo que respecta a obediencias extranjeras con logias en España, se pueden citar al Gran Oriente Lusitano Unido, Gran Oriente de Uruguay, Gran Oriente de Bélgica, Gran Oriente de Francia y Supremo Consejo de Francia, Gran Oriente de Italia, Gran Logia de Hamburgo y Gran Consejo de Suiza.

Tras la crisis finisecular que se inicia en 1896 en el que la masonería española queda totalmente desmantelada, y ya, a principio del siglo XX, solo resisten y pueden reorganizarse el Grande Oriente Español, presidido por Miguel Morayta y el Supremo Consejo relacionado con él; y la Gran Logia Catalana-balear (en 1914 se convierte en la Gran Logia Regional Catalana-Balear estableciendo pacto a Amistad con el Grande Oriente Español y en 1921 pasa a denominarse Gran Logia Española y adquiere un carácter nacional) que defiende la separación del simbolismo frente al filosofismo, negándose a supeditarse al Supremo Consejo con sede en Madrid.

Hasta 1930 los miembros de ambas obediencias trabajan en los grados filosóficos en el mismo Supremo Consejo, a partir de entonces y ante los conflictos entre el Grande Oriente Español y la Gran Logia Española, esta última crea el Supremo Consejo de Grado 33 Divergente para España y sus dependencias que tiene una corta vida.

Entre 1923 y 1933, González Lineza encabeza una escisión dentro del Grande Oriente Español, al no estar de acuerdo con el proceso federativo del Gran Oriente Español. Crea una nueva obediencia denominada Grande Oriente de España y un nuevo Supremo Consejo denominado Supremo Consejo de Grado 33 del Serenísimo Grande Oriente de España del que él es el Gran Comendador y que declara son continuación de los que existieron en el siglo XIX.

Como consecuencia de la guerra civil española y la feroz persecución desatada contra la Masonería, ésta tiene que abandonar España. La Gran Logia Española queda desmantelada casi totalmente mientras que el Grande Oriente Español y el Supremo Consejo reciben asilo en México.

Para la armar este artículo se ha utilizado las obras de Javier Alvarado Planas, Masones en la Nobleza de España. Una hermandad de iluminados, Madrid, La esfera de los Libros, 2016; Pedro Álvarez Lázaro, “Pluralismo masónico en España”, en José Antonio Ferrer Benimeli (coord.) La Masonería en la España del siglo XIX. Actas del II Symposium de Metodología aplicada a la Historia de la Masonería Española, Valladolid, 1987, Vol. I, pp. 19-55; Manuel Según Alonso, La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX, Madrid, Sanz y Torres, 2019 y el Museo Virtual de la Masonería de la UNED.

Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019 (en imprenta).