LA ZURDA

La lucha de los albañiles de Zaragoza por el salario mínimo en los años veinte

Los obreros de la construcción de Zaragoza se reunieron el 8 de enero de 1928 con el fin de defender el salario mínimo en su ámbito, y que habían conseguido unos años antes. Al término de dicha asamblea ofrecieron un manifiesto, que El Socialista publicó posteriormente.

En el texto se expresaba que los obreros de la construcción de la capital aragonesa habían luchado siempre porque se respetase el jornal mínimo, que fue establecido en un acuerdo con la patronal en el año 1921. Las condiciones de dicho pacto establecían que el salario mínimo de los albañiles, clasificados por categorías, sería de 10, 10’50 y 10’75 pesetas diarias. Por su parte, los peones debían percibir 8’25 pesetas. En ese momento, los trabajadores consideraron que estas cantidades representaban el ingreso mínimo indispensable para mantener a una familia en sus necesidades básicas. Interesa destacar como los trabajadores de la construcción definían el salario mínimo como el “aseguramiento vital necesario”.

Los trabajadores expresaban que desde 1921 a 1928 no había cambiado sustancialmente el coste de la vida, por lo que consideraban que no debían variar las cantidades establecidas en su momento para los jornales mínimos, en un ejercicio, a nuestro entender, de mucho realismo y nada radical, al no pedir aumento alguno, porque de lo que se quejaban era de que se estaban abaratando los salarios.

Durante el período de 1921 a 1928, en el argumentario para defender el mantenimiento de los salarios, se señalaba que había empeorado la situación de los trabajadores con una aguda crisis de trabajo y un consiguiente descenso de los jornales, es decir, paro y bajada salarial. Para poder trabajar en 1928 los peones debían hacerlo por jornales de 5 o 6 pesetas, cuando lo pactado anteriormente había sido de 8’25. Esa era la normal general en Zaragoza, con algunas excepciones por parte de algunos contratistas que respetaban lo pactado. En consecuencia, un peón albañil había visto reducido su poder adquisitivo en un 30%.

En este sentido, los albañiles aludían a un artículo publicado en La Voz de Aragón que explicaba que la bajada de jornales se debía al afán de presentar en las subastas y concursos de obras públicas rebajas considerables, hasta de un 20%, y que no se podían hacer si no se bajaban los salarios, convertidos en jornales de hambre.

Los albañiles se quejaban, precisamente, de la forma de las concesiones de las construcciones de obras públicas, que repercutía, no solamente, como hemos visto, en los propios trabajadores, sino que también perjudicaba a la propia ciudad porque constituía un evidente desprecio a los aspectos técnicos de la construcción.

Hemos consultado el número 5923 de El Socialista. Conviene también acercarse a la siguiente bibliografía:

Santiago Castillo (ed.), Historia del Socialismo en Aragón: PSOE –UGT, 1879-1936, 1979.

Alejandro R. Díez Torre, Trabajan para la eternidad: colectividades de trabajo y ayuda mutua durante la Guerra Civil en Aragón, Madrid, 2009.

Víctor Lucea Ayala, El pueblo en movimiento, La protesta social en Aragón (1885-1917), Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009.  

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.