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Inquisición y sodomía, siglos XIII-XVIII, en la Corona de Aragón

La Inquisición medieval entró en Catalunya con el pretexto de perseguir a la herejía cátara. El primer inquisidor, Ramón de Peñafort, intentó tener competencias contra la sodomia, pero esto no llegó hasta 300 años más tarde.

I EDAD MEDIA



Los constantes enfrentamientos de Jaume I con la Iglesia movieron al Papado a amenazar al rey catalano-aragonés con la excomunión. Originariamente, el conflicto estaba motivado por no expulsar a la población musulmana y entregar sus tierras a los voraces obispos. Estas relaciones se agravaron cuando el rey fue herido en la cabeza, sus médicos cristianos le dijeron que debía aceptar la voluntad de Dios, y Jaume I acudió a los médicos judíos, y lo curaron. Para evitar la excomunión debió permitir la entrada de la Inquisición en los territorios del Centro y Norte del Principado zona poblada por antiguos cátaros, así lograba poner a salvo a las poblaciones "hispano-musulmanas" y judías. La persecución solo se podía ceñir a la condena de la herejía.

Las leyes catalanas, Usatges, no condenaban la sodomía. Hasta mediado el siglo XIII estaba en vigor la Lex Visogothorum que sí lo contemplaba. Con su eliminación ninguna ley podía perseguir las relaciones homosexuales. Esto llevó a Ramón de Peñafort, primer inquisidor, a trabajar para que se recuperara la persecución de la sodomía. Defendía que los sodomitas eran adversarios directos de Dios, y por lo tanto, enemigos de la humanidad. Al señalarlo como crimen lo sacaba del terreno de la moral cristiana y la teología para circunscribirlo en el terreno del derecho civil.

Este predicador consideraba que la sodomía no solo era un pecado contra Dios, sino tambien un crimen. Para ello creó el concepto jurídico de “pecado nefando” que se incluyó en las leyes decretales del Papa Gregorio IX, como crimen que los estados cristianos estaban obligados a penalizar.

Por otro lado, intentó que la Inquisición persiguiera a la sodomía en los territorios de la Corona de Aragón, además de la brujería. Un nuevo Papa, Alejandro IV, le denegó la autorización.

No se sabe cuantas personas llevó Ramón de Peñafort a la hoguera, sí que gracias a la consideración de la sodomía como crimen muchos sufrieron persecución durante siglos. En reconocimiento a su labor jurídica y teológica la Iglesia le premió con la Santidad, el Colegio de Abogados de Barcelona lo hizo su patrón y el Estado Español aún hoy le honra con "La Cruz de San Raimundo de Peñafort", ya que, con ella se premia a los relevantes méritos contraídos por cuantos intervienen en la Administración de Justicia.

II SODOMÍA Y HETEROSEXUALIDAD

La persecución de la sodomía no se centró solo en persegiur las relaciones homosexuales. Al final de la Conquista de Granada una serie de encuentros sexuales se produjeron en la ciudad de Loja en 1500. Prohombres, matrimonios, criados mantenían relaciones sexuales de todo tipo, intercambio de parejas o incluso relaciones homosexuales. Todo lejos de las convicciones más tradicionales o de los roles asignados a hombre y mujer. Conocemos todos los hechos por las declaraciones de 12 testigos ante el Santo Oficio, después de que alguno de ellos denunciara los hechos. (1)

Rocío Rodríguez en su libro "El sodomita y la Inquisición" nos cuenta un caso que descubrió en el Archivo Histórico Nacional. A mediados del siglo XVII los inquisidores llegaron a un pueblo de Aragón. Los “familiares” (2) pidieron a la población que quien hubiera cometido algún acto contra natura, lo confesara; el tribunal sería indulgente y perdonaría. Una mujer del pueblo, visiblemente asustada se apresuró a confesar: "Mi esposo en alguna ocasión me ha conocido por detrás". El marido tuvo que presentarse ante el tribunal, fue torturado y azotado, después condenado a 5 años de galeras. Ella tuvo que pagar las costas del juicio.

Entre los siglos XVI y XVIII, los tribunales del Santo Oficio en la Corona de Aragón dictaron 26 sentencias sobre el delito de sodomía entre hombre y mujer. La mayoría de los casos eran matrimonios, y las mujeres señalaron no haber sido forzadas a mantener este tipo de relaciones. 

En Barcelona dos juicios afectaron a hombres procedentes de Francia. El primero fue absuelto en 1575 y su mujer acusada de ser adúltera. El segundo, tres años después,  fue condenado a 200 azotes y galeras perpetuas por haber mantenido relaciones sexuales con su mujer, a la fuerza y por detrás. Ella era la denunciante.

En Valencia en 1688 un hombre fue acusado de haber tenido en varias ocasiones relaciones sexuales pecaminosas con su mujer. En su descargo le echó las culpas al diablo y  a la bebida. Lo mandaron 5 años a galeras y al destierro.

Cuando se trataba de hidalgos o clérigos las penas se suavizaban, en muchas ocasiones había sentencias absolutorias. Así en 1585 un ganadero de Zaragoza fue acusado de haber sodomizado a su criada. Dijo ser hidalgo y doctor en teología y fue absuelto.

Los franceses en este apartado aparecen en muchas ocasiones. También en Zaragoza un joven de  20 años procedente de este país fue acusado de mantener este tipo de relaciones con su esposa; en su defensa dijo que era muy inexperto y no sabía por donde se hacía. Torturado cantó todo lo que le pidieron, y así salió que la vaca y la mula de su propiedad también habían sido penetradas. Dudo que la vaca o la mula pudieran declarar. Lo condenaron a 6 años de galeras. 

Curioso es el caso de un tundidor de Zaragoza en 1620  que fue detenido junto a su mujer (es el único caso en el que la mujer fue detenida) bajo el delito de sodomía. Ella fue llevada a las horribles cárceles secretas de la Inquisición, donde fue torturada al margen de la legalidad aragonesa. En el juicio la familia acusó al marido de ser un bujarrón, pidiendo fuera quemado. En su defensa dijo que aunque había intentado la penetración, jamás lo había logrado. Él fue condenado a ser azotado y enviado de por vida a galeras. De la mujer no se conoce la sentencia.

Así podemos ver varios casos de hombres horrorizados acudiendo al tribunal para auto-acusarse de una intención, de haberlo deseado o consumado. Más allà de las condenas, el miedo y el terror dominaban a la población,

III CONFLICTO DE COMPETENCIAS

La persecución de la sodomía en los territorios de la Corona de Aragón, a partir de ser asumida por la Inquisición, representó un largo conflicto con los tribunales de justicia.

La Inquisición se implantó en la Corona de Aragón y el Reino de Castilla en 1478. Su objetivo era mantener la ortodoxia religiosa y perseguir la herejía. Fue una institución ligada a la Monarquía que no tenía las mismas competencias en todos los territorios, generalmente sus funcionarios eran castellanos, levantando recelos en los reinos de la Corona de Aragón.

Carlos I, con motivo de un conflicto jurisdiccional con Sancho de la Cavalleria, jurista de Zaragoza, vio una fórmula para poder acusarle: la sodomía. Pero el proceso era largo, la justicia aragonesa solicitaba pruebas y no aceptaba la tortura. La solución fue autorizar la actuación de la Inquisición en estos territorios contra la sodomía.

El Papa Clemente VII en 1524 autorizó a los tribunales inquisitoriales de Aragón, Valencia y Catalunya, juzgar a los reos acusados de sodomía. Eso sí debía realizarse de acuerdo con las leyes seglares de cada territorio (iuxta leges seculares vel municipalia statuta) (3). El conflicto competencial estaba servido. Un conflicto que no se solucionó ni tan siquiera en 1714.

En Castilla las leyes ya tenían tipificado el delito de sodomía, por ello eran las autoridades las que perseguían la sodomía. En la Corona de Aragón estas leyes eran ambigüas o inexistentes, salvo las Decretales del Papa de obligado cumplimiento. La primera vez que las constituciones catalanas penalizaron la sodomía fue en 1585 (libro IX, titulo V). El rey Felipe I (II de Castilla) fue quien obligó a realizar este añadido. Pero esta modificación no significó la solución del problema competencial.

Las sentencias de los tribunales del Santo Oficio debían aplicarse de acuerdo con "las constituciones y leyes seglares" de cada país. Los jueces catalanes, aragoneses o valencianos vieron invadidas sus competencias y se agarraron a este aspecto para poner todas las trabas que tuvieron a su alcance. Por si fuera poco los inquisidores acostumbraban a ser castellanos, hecho que aumentó el conflicto y la desconfianza.

Las leyes seglares o las constituciones no permitían los juicios secretos, sin desvelar la identidad de los testimonios y mucho menos la incautación preventiva de bienes, en el Reino de Aragón además estaban prohibidas las torturas para forzar declaraciones.  Para remediarlo se llegó al acuerdo de que un juez asistiría como "oyente" a los juicios del Santo Oficio, al que se le dio la categoría de "consultor".

Los conflictos no acabaron aquí. Las sentencias de muerte debían ser ratificadas por las distintas audiencias y estas raramente lo hacían cuando eran por sodomía y procedían del Santo Oficio. La mayoría fueron bloqueadas. Los tribunales de la Inquisición optaron por enviar a galeras a los condenados.

Durante el reinado de Felipe I (II de Castilla) se produjo el mayor conflicto jurisdiccional al intentar procesar éste a su antiguo secretario, Antonio Pérez, por el delito de sodomía.

El conflicto no se solucionó ni tras la anulación de las constituciones catalanas o los fueros aragoneses, ni con el Decreto de Nueva Planta. Los Capitanes Generales nombraban los jueces "oyentes" y las audiencias seguían teniendo la última palabra. Esto, y que con la llegada de los borbones se relajó la persecución de la sodomía, significó un enorme descenso de procesos y sentencias.

III LOS CIRUJANOS

La función de los cirujanos en el Santo Oficio poco tenía que ver con los preceptos del juramento hipocrático.

Durante los siglos XV-XVII el juramento hipocrático fue abandonado de forma terrible por parte de los cirujanos de la inquisición. Su función no era velar por la salud del reo, sino todo lo contrario.

En primer lugar, debían explorar al reo, si veían desgarros anales, sangre o heridas, dictaminaban que se trataba de un sodomita. Para ellos la posibilidad de una violación no existía, una persona violada siempre era culpable.

También asistían a los torturadores, su función no era velar por la salud del reo, ni tan siguiera curarlo. Su trabajo era velar para que el tormento fuera lo mas eficaz posible evitando su muerte, cuanta mas resistencia tuviera mas se le podía torturar. Cuando veían que un verdugo no era capaz de llegar al fondo, informaban contra él y buscaban a otro más expeditivo. Cuando un reo moría era debido a la voluntad divina o culpa del propio reo por sus maldades. 



Desgraciadamente, durante estos siglos médicos y cirujanos también colaboraron con los tribunales públicos, formando parte del personal tanto del Santo Oficio como del resto de juzgados.

IV LAS VÍCTIMAS

Es imposible saber el número total de personas encausadas durante este período; es necesario recordar de nuevo que todos los tribunales tenían competencias en este sentido y que nuestra convulsa historia ha hecho desaparecer muchos documentos que nos ayudarían a conocer la realidad de estas persecuciones.

Os muestro dos casos de personas que fueron acusadas de sodomía.

En 1581 estalló un escándalo en las cocinas del poderoso Francesc de Moncada i Cardona, conde de Aitona y virrey de Valencia. Dos adolescentes denunciaron al cocinero del noble por haberles agredido sexualmente. Antonio Lardomenudo negó por activa y pasiva cualquier relación “antinatural”.

El cocinero era de origen francés, antes de llegar a Barcelona vivió 7 años en Italia, hecho que ya le hacía sospechoso de sodomita. En las declaraciones en el juicio se señaló que él y los dos adolescentes de 15 años se les veía juntos por Barcelona, también que había una evidente reación entre los tres, incluso un testimonio llega a senyalar que dormían juntos.

En el juicio salió a la luz una relación entre los tres que tuvo su origen en Barcelona, siendo el conde virrey. Entre los declarantes aparece el joven Cosme Borrell, que asegura haber estado acosado por los tres. Visitado por los cirujanos, señalan que el joven tiene el ano rojo e inflamado, señalando como posible causa “forgat ab lo membre viril” (3)

Tras estas declaraciones cocinero y denunciantes fueron encausados. En este caso el juicio fue en València y en presencia del propio Virrey. Fueron juzgados por la Corte Real y las sentencias fueron durísimas. Lardomenudo fue enviado a la hoguera, Uno de los adolescentes fue condenado a azotes y marcado con hierro candente, el otro fue deportado. A los tres se les condenó a pagar los costes “taxatione reservata”.

De haberse celebrado el jucio en Barcelona, donde trancurrieron los hechos, el cocinero raramente habría sido ejecutado, y de serlo habría muerto por ahorcamiento. La condena más segura habría sido de ·galeras perpetuas”.

Jaume Rigau tenía 26 años cuando fue detenido por el Santo Oficio y torturado en sus cárceles secretas, ocurrió en 1616. Era una persona instruida, nacida en Castelló de Empuries, estudió teología en València y Salamanca y fue ordenado como diácono. Había estado condenado por maltratos a su madrastra, fue cautivo  de los piratas turcos 18 meses en Istambul, según confesó allí mantuvo relaciones homosexuales. Una vez libre estuvo ingresado en el Hospital de la Santa Creu de Barcelona. De allí pasó a ejercer como maestro a Talarm. En 1616 el Santo Oficio lo juzgó por sodomía.

Todo indica que la Inquisición le investigaba por haber ejercido de sacerdote siendo simplemente diácono. Pero aparecieron testimonios de haber tenido relaciones con otros jóvenes y niños en diferentes lugares: Castelló d'Empuries o Talarm, generalmente a cambio de dinero: "..le mostró algunos dineros, y le dixo que se fuese a passear con él, y que le daría algo de aquellos dineros. Y lo llevó detrás de una casa, allí lo hizo desatacar y hechó boca abajo, él también se desatacó, le alçó la camisa por detrás, y se puso sobre él, y le metió su miembro dentro del siesso, y estuvo un poco encima de él"  (3)


Todos los testigos aportaron datos similares, señalando la corta edad de los jóvenes sodomizados (entre 9 y 13 años). Después de varias semanas de torturas el reo al final quiso confesar la verdad sacada a sangre y fuego. Confesó haber tenido relaciones con estos jóvenes y muchos más, que también había estado con muchos, que había sido "agente y passiente".(activo y pasivo)



Por la sentencia se le desposeía de todos los privilegios eclesiásticos, siendo enviado a galeras durante 5 años, y  además desterrado de estos territorios. En la sentencia había un texto final: "Este reo por el delito de sodomía, no puede ser relaxado al brazo secular, porqué como es clérigo de evangelio no ha asistido a esta causa los jueces de la Audiencia Real” Por esta causa no ejecutarían la pena de muerte.(3)

Relajar a brazo secular significaba entregarlo a las autoridades civiles para su ejecución. Los clérigos generalmente no eran enviados al destierro con la advertencia de que una nueva condena significaría un castigo peor.



Seguramente a Jaume Rigau se le agravó la sentencia por haber ejercido como sacerdote, siendo simplemente diácono, su condena fue una de las más duras contra un religioso en Catalunya, con la salvedad del caso contra Joan de Llobera en 1462. El número de procesos contra religiosos fue importante, especialmente contra los más bajo sustrato social. Clérigos, novicios o frailes fueron juzgados, pero se evitaba la publicidad. "Debían lograr mantener a las gentes en la creencia de que eran los defensores de la fe y las buenas costumbres..."(4)



(1) Desconozco la sentencia y como acabó esta historia. Lo he encontrado en un texto publicado en Liverpool en 1989 y que Alberto Mira hace referencia de él en su libro "Para entendernos".)

(2) Familiares del santo oficio era el nombre que recibían ciertos miembros de menor nivel dentro de la Inquisición hispana, cuya función era la de servir de informantes.

(3) Sodomites catalans, Jaume Riera.

(4) Sodomía e Inquisición, Rocía Rodróguez.

Mas:

Ricardo Lezcano "Los médicos y la tortura en la Inquisición española”

Rafael Carrasco. “Inquisición y represión sexual en Valencia: historia de los sodomitas, 1565-1785”