LA ZURDA

Pablo Iglesias, el hambre y los revolucionarios

En junio de 1921 el viejo líder socialista escribió un texto titulado “El hambre”, en el que estudiaba si esta necesidad creaba o no revolucionarios. En el primer aniversario de su muerte, en diciembre de 1926, El Socialista reprodujo dicho texto. El interés en que rescatemos este trabajo reside en que Pablo Iglesias planteó la diferencia entre motines y revoluciones tomando como eje el hambre, pero, sobre todo, porque quiso demostrar que los revolucionarios no nacían del hambre, sino de la conciencia de clase, de las ideas.

Iglesias comenzaba su artículo afirmando que en muchas ocasiones se afirmaba que el hambre generaba revolucionarios, pero el negaba esta relación. Los hambrientos podían estar en una revolución, pero la causa de la misma no se encontraba en este factor. Los hambrientos podían generar motines para atender a la necesidad del momento. Aunque la cuestión es más compleja y tiene más facetas, Iglesias podría estar diferenciando los movimientos de protesta de la era preindustrial con los que se generarían a raíz del nacimiento del proletariado en la Revolución Industrial. En este sentido, afirmaba que las ideas eran las que hacían revolucionarios. Quienes carecieran de ellas, aunque sufrieran el hambre, no harían nada verdaderamente revolucionario. Recordemos que los motines del Antiguo Régimen, provocados por el hambre o por elevaciones de las cargas fiscales, no pretendían subvertir el orden, sino todo lo contrario, volver al orden alterado por una crisis de subsistencia que generaba alzas de precios, agudizadas por los acaparadores, o por una elevación fiscal.

Pablo Iglesias afirmaba que eran los trabajadores mejor alimentados, con algunas energías, eran quienes formaban Sociedades Obreras. No eran los asalariados más empobrecidos los que se afiliaban en el Partido Socialista, e imaginamos nosotros ni a la UGT (afiliación doble durante mucho tiempo).

Si el hambre hacía revolucionarios habría que desear que todos los obreros la padecieran, pero como eso no era así, como sucedía todo lo contrario, los trabajadores se esforzaban por mejorar su condición, pero no para estancarse en una simple mejora, sino con el fin de prepararse material, moral e intelectualmente para emanciparse y emancipar al resto de seres humanos de toda dependencia económica y política. Las épocas de escasez diezmaban a la clase obrera, provocando abatimiento, pasividad, escepticismo y hasta olvido de los propios intereses.

No había que contar con el hambre para crear revolucionarios. Irían a la revolución los hombres, sustentados por grandes ideales, que hubiesen recibido una “educación ciudadana”, con energías y ánimos resueltos.

Los engendradores de hambre no crearán revolucionarios, sino lo que se interesaran porque que se vigorizasen e instruyesen los trabajadores, infundiéndoles los “ideales de redención”, y les convencieran de que en la lucha de dichos ideales habrían de ser incansables, es decir, los que desvelasen la conciencia de clase. Pablo Iglesias estaba hablando sin citarlas de la estrategia e ideas del PSOE y la UGT.

Es evidente que la argumentación en relación con los trabajadores mejor alimentados e instruidos como protagonistas de la revolución puede llevar al lector a plantearse interrogantes, habida cuenta de lo que ha pasado en la Historia del movimiento obrero, además de las críticas que este razonamiento ya había generado en un Lenin, por ejemplo, a la hora de justificar dónde estallaría la revolución, y quienes serían los verdaderos protagonistas de la misma, sin olvidar todo lo que el anarquismo ha trabajado sobre esta cuestión de las características de los revolucionarios.

Por otro lado, es de destacar, como era habitual en Pablo Iglesias, las ideas de organización y de propaganda de las ideas como factores fundamentales en la lucha de la emancipación obrera.

Hemos consultado el trabajo en el número 5567 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.