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La Biblioteca germen de cultura

Íllora, una población de la provincia de Granada, al pie de la Sierra de Parapanda y rodeada de fértiles campos y olivares, cumple en estos días el 150 Aniversario de la creación de su primera Biblioteca Popular, germen de otras que llegarían después hasta la actual Biblioteca Publica Municipal, fue un hito fundamental en el desarrollo cultural de la zona y apoyo inestimable a los estudiantes de las escuelas locales que por tratarse de una zona rural muy deprimida no tenían acceso a algo tan fundamental como un LIBRO.

Las bibliotecas populares fueron un pilar básico del programa político-educativo de Manuel Ruiz Zorrilla (Ministro de Fomento), en la España de finales del siglo XIX. Su creación y difusión contribuyó a promover el servicio público de lectura, divulgando el manejo de los libros entre todos los sectores de la sociedad. El Pueblo de Íllora recibió en Julio de 1870 una de estas bibliotecas populares.

El cambio de régimen en la España de 1868 provoca una importante reacción popular en todos los ámbitos sociales, en lo que concierne a la libertad y popularización de la enseñanza, se inicia un periodo de promoción y fomento de la educación y de la cultura.

La Gaceta de Madrid, del 15 de enero de 1.869, hace público el contenido del decreto del 14, firmado por Ruiz Zorrilla, del que creemos merece especial atención algunas de sus ideas, que reproducimos a continuación respetando su ortografía original.

La cultura debe mover el desarrollo de los pueblos:

“La fuerza de las naciones está hoy en la mayor suma de ciencia, de riqueza, de bienestar social, de moralidad; todo lo cual proviene y depende en su mayor parte de la pública ilustración [...]”.

Proclama una desamortización de los archivos de la cultura:

“En antiguos y derruidos monasterios, alejados de todo centro de actividad y aun de toda población, en ciudades de escaso vecindario, en las iglesias y catedrales existen en España riquezas materiales de enseñanza y estudio, obras de la inteligencia de todos los siglos, valores cuantiosos representados por los libros, los códices y los instrumentos científicos; obras de destreza y de consumada experiencia representada por la infinita variedad de objetos labrados para las necesidades de la vida humana, alguno de los cuales protestan por su uso del sitio en que se conservan estérilmente, del mismo modo que el avaro conserva su riqueza ocultándola á toda mirada y apartándola de todo útil movimiento. Allí están expuestos á todos los peligros y contingencias del aislamiento; al fuego del cielo y al robo á mano armada; á las inundaciones y á la estafa; á la destructora obra del tiempo y del abandono, tal vez más temible.

Estos peligros han aconsejado en todas las naciones cultas la concentración de la riqueza literaria y artística en los grandes centros de vida, donde además de ser útil al país existen poderosos medios de vigilancia, de conservación y de defensa, así contra los elementos como contra los hombres. […]

Los documentos á que se refiere este decreto no son propiedad de ninguna persona ni corporación: son del pueblo, son de la Nación, son de todos, porque son glorias nacionales ó monumentos en que debe estudiarse la historia pátria y la verdad de los hechos pasados [...]”.

Sobre los edificios y materiales pedagógicos resalta “El tristísimo estado de los medios materiales de enseñanza en la instrucción primaria”.

“Apenas hay un pueblo en España que tenga un edificio propio para escuela: en algunas aldeas los padres no se atreven á enviar sus hijos á recibir la primera instrucción porque temen catástrofes [...] en muchos puntos el Profesor da las lecciones cási á la intemperie, en patios y corrales, teniendo que suspenderlas los días de lluvia ó de excesivo frío; en otros sirve de Escuela el portal de casa del Maestro, ó alguna sala de las Casas Consistoriales, en todas faltan absolutamente las condiciones propias de la enseñanza, los medios de darla con fruto, y aquellos auxilios materiales que son un aliciente para la juventud, un medio seguro de producir el estímulo, una garantía de progreso y una prueba del cuidado que las naciones ponen en la instrucción de sus hijos [...]”.

El marco legal de las que se llamarán “bibliotecas populares”, es la Orden del 18 de septiembre de 1869, firmada por José Echegaray, y publicada el día 22 en la Gaceta de Madrid.

En los apéndices de la Memoria de actividades que el jefe de negociado Felipe Picatoste presenta en 1870 al entonces ministro de Fomento, José Echegaray, se analizan las bibliotecas instituidas y se relacionan las que han sido solicitadas por ayuntamientos, corporaciones o particulares. La localidad granadina aparece como la numero 84, y la de Vallecas aparece con el numero 120 entre las solicitadas por el señor gobernador.

A finales de 1882 se habían establecido 746 bibliotecas tanto en capitales como en pueblos de cierta importancia. Pero muchas de estas bibliotecas van a ir desapareciendo paulatinamente hasta quedar reducidas a nada al extinguirse el espíritu de la revolución que les había dado vida y el apoyo gubernamental.

Paco Robles está jubilado y se dedica al Partido Socialista y a la Memoria Historica, memorialista, historiador aficionado y buscador de verdades sin ser historiador universitario. Vocal de la Asociacion Granadina para la Recuperacion de la Memoria Historica AGRMH y Secretario CEP de Memoria Historica del PSOE de Granada.