La explotación de las costureras en el Madrid de los años veinte

Las hermanas Claudina y Luz García Pérez, como hemos señalado en distintas ocasiones, y como podemos comprobar en el Diccionario Biográfico del Socialismo Español, así como en la más reciente bibliografía sobre la movilización sindical femenina, son dos figuras capitales en la historia del movimiento obrero femenino español hasta la guerra civil desde el ámbito socialista.

Las bordadoras fortalecieron el sindicalismo femenino en la UGT, y también la participación de la mujer en el PSOE. Siempre estuvieron en la vanguardia de la denuncia de la situación de las trabajadoras, especialmente en el ámbito textil, defendiendo la afiliación para conseguir luchar con mayor éxito por sus reivindicaciones, desde mítines, artículos, etc. Precisamente, en este trabajo nos acercamos a un texto que publicaron en febrero de 1929 sobre la explotación que sufrían las obreras de la aguja en Madrid donde se conjuga la denuncia y la solución: afiliación, unión y organización sindical.

Las hermanas aludían a un caso concreto de una costurera que podía servir de ejemplo de cómo se intentaba abusar del trabajo de estas obreras en aquella época. Se trataba de una compañera que debió acudir a la Sociedad de Obreras de la Aguja para denunciar su situación. Al parecer, trabajaba para una importante casa de confección donde le habían encargado con prisa seis docenas de camisas de dormir y otras tantas combinaciones. Las camisas se cobraban a 1’75 pesetas por pieza, y 1’50 por las combinaciones, pero la empresa había rebajado los precios a 0’60 y 0’40, respectivamente. La costurera protestó, explicando que con esas cantidades no podía comprar ni pan. Las circunstancias obligaron a la trabajadora a aceptar la situación y entregó las prendas a cambio de esas cantidades. Satisfecha la empresa, le hicieron un nuevo encargo, pero la mujer se negó, teniendo que escuchar que se quería porque su marido trabajaba y por eso no necesitaba el jornal, aunque, en realidad estaba en paro, situación que conocía el empresario.

Las dos sindicalistas consideraban que se estaba ante un abuso porque no se había querido pagar el trabajo al precio establecido acostumbrado, añadido a la burla o escarnio que suponía echar en cara a las trabajadoras el lujo que podían gastar. Ellas no eran partidarias del lujo, pero no porque se estuviera hablando de obreras, sino por la necesidad de inculcar principios de economía sobre la relación entre ingresos y gastos. Si los obreros tuviesen capacidad de compra, opinaban, es decir si gozasen de salarios altos, podrían ayudar a la economía general porque disminuirían los excedentes, repercutiría positivamente, por consiguiente, en el número de parados, y se produciría un beneficio general.

Las hermanas García Pérez no dejaban de insistir a las obreras de la aguja sobre la necesidad de afiliarse a las Sociedades de Resistencia de la Casa del Pueblo, porque eran las que velaban por sus intereses, y que no se dejasen llevar por las señoras caritativas, que solamente defendían sus privilegios.

Si se fortalecía la organización sindical los patronos se verían obligados a respetar a las trabajadoras, y se establecerían contratos de trabajo que no permitirían la explotación.

También aprovechaban para animar a los obreros asociados para que inculcasen a sus compañeras e hijas la necesidad de la organización, y que no tolerasen la explotación de sus familiares por no tener una organización poderosa. Si la mujer no se liberaba tampoco se liberarían ellos.

Hemos consultado el número 6247 de El Socialista. Por otro lado, conviene consultar el Diccionario Biográfico del Socialismo Español para ahondar en la figura de las hermanas García Pérez. Por fin, el libro de Marta Del Moral Vargas, Acción colectiva femenina en Madrid. (1909-1931), 2012, es una tesis muy interesante sobre la lucha de las mujeres en el Madrid de los primeros decenios del siglo XX.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.