La fundación de la UGT en “El Imparcial”

El Imparcial fue uno de los periódicos españoles más importantes desde el último tercio del siglo XIX hasta comienzos de los años treinta del XX, siendo fundado por Eduardo Gasset y Artime. Su primer número salió el 16 de marzo de 1867.

En principio, fue un diario afín a la Unión Liberal frente a Narváez, para luego convertirse en uno de los ejes de la coalición de distintos sectores del liberalismo progresista, demócrata y unionista que conduciría a la Revolución Gloriosa de septiembre de 1868, y que terminaría con el régimen isabelino. Durante el Sexenio Democrático el periódico experimentaría un evidente auge, como demostraría el aumento de su tirada. El periódico fue hostil, en principio, a la Restauración borbónica, pero entró en una suerte de realismo político, siempre desde una perspectiva liberal, enfrentada a la conservadora de La Época, aunque pronto le saldría un rival con El Liberal, más a la izquierda que El Imparcial. En todo caso, siguió siendo un periódico fundamental entre los medios de prensa españoles. Rafael Gasset tomaría el relevo en la dirección del periódico a la muerte de su padre en 1884, siendo este es el momento histórico que nos interesa al fundarse la UGT en agosto de 1888. En este trabajo comentamos el eco del Congreso fundacional de la UGT en dicho medio, que informó con bastante detalle del mismo.

La primera noticia del Congreso obrero de Barcelona apareció en el número del martes 14 de agosto, con información del corresponsal en Barcelona del día anterior (recordemos que el Congreso se celebró entre los días 12 y 14 de agosto). Se informaba que se habían aprobado los estatutos de la Unión General de Trabajadores de España. Además, el periodista explicaba que Constantino Amigó (miembro de la Agrupación Socialista de Barcelona, y de la Sociedad de Estampadores) había manifestado la necesidad de procurar “la perfecta unión de los trabajadores”. Por su parte, el tipógrafo Toribio Reoyo, uno de los socialistas fundamentales de la primera hora tanto en Madrid como en Barcelona, expresó que no se trataba de reunir fuerzas en un momento dado, sino que las federaciones y uniones tuvieran estatutos armónicos aprobados por el Congreso para la resistencia. Se acordó crear nuevas Sociedades de Oficio por provincias para llegar a la Federación Nacional con el fin de mejorar las condiciones laborales, y mantener relaciones con las Sociedades extranjeras que persiguiesen el mismo objetivo, estableciendo la solidaridad para conseguir convertir en general cualquier huelga particular. También se trató de la reivindicación de la jornada de ocho horas y la fijación del salario mínimo, igualando el del hombre con el de la mujer.

En el número del 15 de agosto, con información enviada el 14 por el corresponsal, se informaba que el presidente y el secretario del Congreso habían dimitido, siendo sustituidos por Juan Palomero (representante de los Tejedores Mecánicos de Caldes de Montbui, y miembro de la Agrupación Socialista de esta localidad), y por J. Castells (representante de los oficios de Función de Agua y Ramos anexos). Se informaba que se había tratado que, cuando se produjera una huelga, el comité local debía informar al nacional, que tendría potestad para apoyarla si se encontraban justificados los motivos, o podría influir para que terminase en caso contrario, procurando no perjudicar los intereses de los afiliados, es decir, se establecía un evidente control central. La huelga siempre fue un instrumento de lucha que los socialistas administraron con cierta prevención y solamente en casos donde era imposible obtener lo reivindicado por otros medios.

Por otro lado, se establecía una cuota de tres céntimos por afiliado para los gastos de la Unión y de diez céntimos para sostener el fondo de resistencia en caso de huelga.

El Comité residiría en una ciudad importante, y representaría a todos los obreros españoles cualificados.

La UGT debía elaborar estadísticas de los salarios, del número de industriales y de trabajadores de cada localidad.

Cada dos años se celebraría un Congreso en el mes de octubre, formado por representantes de las Sociedades.

Por fin, en el número del día 16 de agosto se trató de la sesión de clausura. En la misma se aprobó que el Comité Nacional se estableciese en Barcelona, y que el próximo Congreso se celebrase en Mataró por ser una ciudad que contaba con muchas Sociedades Obreras.

El obrero textil Rafael Orriols (fundador y presidente de la Agrupación Socialista de Mataró, y secretario de las Tres Clases de Vapor, a la que representaba en el Congreso), dirigiéndose en catalán, según informaba el corresponsal, recomendó la unión para sofocar cualquier disensión. En esta cuestión intervino Pablo Iglesias, que admitió que las disensiones tenían casi siempre razón de ser, pero que había que procurar evitar en la medida de lo posible. Esta discusión llevó a una conclusión, quizás poco estudiada en la historia del movimiento obrero español, ya que se decidió que los obreros debían tratarse con “mutuo respeto”, dejando la sátira, la ironía y hasta el odio para “sus opresores, los burgueses”.

Por fin, había que evitar las huelgas “inoportunas”, y que interpretamos en la misma línea de lo que hemos expuesto más arriba sobre este particular. Por otro lado, no bastaba este instrumento, sino que había que luchar para que se aprobasen leyes protectoras, otra de las claves de la estrategia del movimiento obrero socialista.

Se terminó expresando la necesidad de la igualdad salarial y la importancia del internacionalismo.

Hemos consultado los números de los días 14, 15, y 16 de agosto de El Imparcial en la Hemeroteca Digital de la BNE, además de la información que se proporciona sobre este fundamental diario en la historia contemporánea de la prensa española. También hemos trabajado con el Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.