Manuel Román Lorente

Nacido en 1967, es economista desde 1990 por la Universidad Complutense. En 1991 se especializó en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente por la Politécnica de Valencia, y en 1992 en Transportes Terrestres por la Complutense, empezando a trabajar en temas territoriales, fundamentalmente como profesional independiente contratado por empresas de ingeniería.

Ha realizado planeamiento urbanístico, planificación territorial, y evaluación de impacto ambiental. En 2000 empezó a trabajar en temas de desarrollo rural, y desde 2009 en cuestiones de políticas locales de cambio climático y transición con su participación en el proyecto de la Fundación Ciudad de la Energía (en Ponferrada, León).

En 2012 regresó a Madrid, hasta que, en diciembre pasado, previa oposición, ingresó en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, en el Servicio de Análisis Económico.

Emergencia climática

Mientras el Parlamento europeo declara la emergencia climática, la ciudadanía de la Unión se ha preparado para el gran e inminente acontecimiento ¿la cumbre sobre cambio climático? No, el black friday y el inicio de la campaña comercial de navidades. Aunque a estas alturas ya nadie sensato duda de que es un derroche con severas consecuencias ambientales, no parece que haya tanta conciencia sobre hasta que punto su gravedad y, sobre todo, su perentoriedad. Desde luego, los alcaldes de Madrid y Vigo no parecen muy concernidos.

Turismo y especulación

En un artículo anterior hablé de que la turistificación es un fenómeno esencial en el proceso de construir una nueva burbuja especulativa. Merece la pena una reflexión, porque es algo más amplio que la simple explosión de las viviendas turísticas y tiene un calado considerable. Por definir de alguna forma el fenómeno, la turistificacion es un proceso en el que un área de la ciudad (o un pueblo, o incluso un espacio más amplio) se transforma desde unos ciertos usos generales a otros enfocados estrictamente al turismo, y la comunidad originaria y los usos que la han caracterizado desaparecen.

Construyendo la nueva burbuja

En las ultimas semanas algunas noticias han contribuido a generar más turbiedad en un mercado tan de por sí opaco como es el inmobiliario. Por una parte, a finales del pasado mes de septiembre la escalada de los precios del alquiler fue matizada por los datos publicados por el Ministerio de Fomento, basados en las fianzas de los alquileres. Por otra parte, he tenido ocasión de leer en un digital un análisis que intentaba demostrar que las viviendas turísticas no son una presión realmente seria que justifique el alza del precio del alquiler. Y por último, han aparecido en los últimos días noticias sobre comparativas que hablaban de un coste menor de la compra sobre el alquiler partiendo del esfuerzo medio sobre la renta disponible en determinadas zonas. Esto último tenía como fuente un portal inmobiliario, justo el tipo que ha sido puesto en cuestión por el Ministerio de Fomento. Obviamente, no es una casualidad, pues los mayores y más conocidos portales inmobiliarios en España están financiados por empresas del sector, las conocidas SOCIMI, por lo que son mecanismos para disparar los precios al alza. Y como remate a este gancho de entrada, de nuevo empiezan a verse en nuestras ciudades aperturas de locales comerciales ocupados por inmobiliarias. ¿Qué sentido tienen estos movimientos?

El crecimiento imposible

En mi artículo anterior señalaba la reducción de la huella ecológica como una de las líneas de acción política a seguir para atenuar el cambio climático. Es la más relevante, y buena parte de la pereza a la hora de implantar medidas eficaces es porque afectarán a nuestro estilo de vida, y ahí no podemos echar la culpa de todo a las perversas multinacionales. Sucede que la ciencia nos ha demostrado que estamos degradando irreversiblemente las bases ambientales que soportan nuestra existencia como especie. Eso significa que no es que vayamos a destrozar el planeta, lo que estamos haciendo es poniendo en marcha nuestra extinción.

Cumbre del clima y perspectivas

La recienta cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático ha sido pródiga en imágenes y gestos, desde los grandes líderes mundiales como el presidente norteamericano Trump, hasta simples representantes de la sociedad civil como Greta Thumberg, pero tristemente hay que decir, una vez más, que eso ha sido casi todo y seguimos con las manos vacías. Más allá del postureo, lo que realmente ha trascendido es la cruda realidad de la inacción tras el Tratado de Paris. En los cuatro años transcurridos desde la cumbre, la necesidad de impulso político contrasta mucho con su ausencia, y la joven Greta es una muestra del desasosiego de una parte creciente de la opinión publica mundial, en especial los jóvenes.