Cinco historias de científicas africanas comprometidas con sus países

  • Escrito por María Rodríguez
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La senegalesa Fatoumata Ba, estudia la apnea obstructiva del sueño, un síndrome que expone a complicaciones metabólicas e incluso reduce la esperanza de vida. En la fotografía, durante una entrevista con medios locales en Dakar (Senegal). EFE/María Rodríguez La senegalesa Fatoumata Ba, estudia la apnea obstructiva del sueño, un síndrome que expone a complicaciones metabólicas e incluso reduce la esperanza de vida. En la fotografía, durante una entrevista con medios locales en Dakar (Senegal). EFE/María Rodríguez

A Stéphanie le obsesiona resolver la inseguridad alimentaria; a Francine hallar un remedio local para la leucemia. Henintsoa está preocupada por el cambio climático y los animales polinizadores; Carine lo está por la relación entre tuberculosis y diabetes y Fatoumata por la apnea obstructiva del sueño.

Estas cinco mujeres tienen varias cosas en común, entre ellas que son científicas, africanas y que se reunieron el pasado día 21 en Dakar para recibir la beca Premio Jóvenes Talentos, de la Fundación L'Oréal y la UNESCO, junto a otras quince científicas africanas.

Stéphanie Maubab Carène Konan (28 años) es de Costa de Marfil y, tras estudiar geografía e ingeniería de telecomunicaciones, está investigando la relación entre la inseguridad alimentaria y la geografía para conocer las causas a lo largo y ancho de su país.

Stéphanie cartografía los casos de malnutrición infantil y determina los parámetros que afectan a que sea un problema crónico en algunas zonas y no en otras. Esta joven marfileña propone una solución informática: una aplicación móvil, que, si se utilizase en el sistema público de su país o de otra nación de la región, permitiría notificar al médico los casos de malnutrición, pero igualmente informar a una madre que no sabe muy bien qué hacer si observa que su hijo tiene problemas.

"Es una aplicación que permite notificar los casos, ayudar a la población y también, como científica y geógrafa, me permite analizar para comprender por qué tenemos casos aquí o ahí y no allí", explica a Efe Stéphanie.

MÁS HOMBRES QUE MUJERES

Estas mujeres han estudiado en clases donde los hombres, tanto entre los alumnos como los profesores, superaban considerablemente en número a las mujeres. La matemática malgache Henintsoa Onivola Minoarivelo (31 años) recuerda que en el primer año de matemáticas en la Universidad de Antananarivo (Madagascar) las mujeres eran un 10 %, aunque tiene la impresión de que en su país hay más mujeres que se interesan por la ciencia que en Sudáfrica, donde investiga actualmente.

"A las mujeres se nos pregunta a menudo por qué nos dedicamos a la ciencia, pero eso no se lo preguntan nunca a los hombres.

Para mí las mujeres tienen un lugar a ocupar y un rol a jugar en ciencias; la ciencia no se puede hacer sin las mujeres", explica a Efe la senegalesa Fatoumata Ba (41 años), investigadora y médica con especialización en psiquiatría. Según un informe sobre ciencia de la UNESCO de 2015, sólo el 2,4 % de los investigadores en el mundo son africanos y, entre ellos, únicamente el 30 % son mujeres.

Por eso, el sueño de Francine Tankeu, doctorada en bioquímica en la Universidad de Yaundé (Camerún), es "poder convencer a más chicas de hacer una carrera científica y organizar una red de mujeres para servir de mentores a quienes son aún muy jóvenes".

UNA PLANTA AFRICANA CONTRA EL CÁNCER

Francine sabe por su día a día que ser científica en Camerún es difícil porque hay que gestionar, por un lado, la carrera profesional y, por otro, las responsabilidades como esposa y madre, un argumento que dan también otras compañeras.

"Nos encontramos trabajando el doble en relación a nuestros compañeros del sexo masculino", asegura, añadiendo que incluso los supervisores de las investigaciones los prefieren a ellos porque les permite ir más rápido en sus proyectos. Sin embargo, esto no impide a Francine estudiar los efectos anticancerígenos de la planta "Syzygium guineense" utilizada en Camerún en la cocina, pero también en el tratamiento de numerosas patologías.

Afectada tras la muerte por cáncer de un amigo, decidió analizar el potencial de esta planta como fuente natural para el desarrollo de un medicamento anticancerígeno para combatir la leucemia crónica, cáncer en cuyas indagaciones ha tenido más resultados prometedores. "El cáncer en África se convierte en una fatalidad, una vez que te anuncian que tienes cáncer sólo te queda esperar la muerte", explica Francine.

"El objetivo es poder desarrollar un medicamento tradicional mejorado que respondería a nuestras realidades africanas y que permitiría tener acceso a ese medicamento a los pacientes con esa patología", cuenta la joven, al advertir del enorme coste del tratamiento de quimioterapia en Camerún.

ESFUERZOS EXTRA

Uno de los mayores problemas de los científicos africanos en sus países es la falta de financiación -a veces un motivo de abandono de las tesis- y la escasez del material necesario para investigar, pero se trata de un problema que sufren tanto hombres como mujeres. Las mujeres, además, tienen que luchar por demostrar que ellas también son aptas para realizar este tipo de trabajos.

"A decir verdad, como mujer te toman en serio si haces esfuerzos extra para demostrar a los hombres que trabajas duro, que tienes motivaciones, objetivos, que quieres estar en lo alto y llevar la investigación un poco más lejos", asegura a Efe la congoleña Carine Kunsevi-Kilola (37 años), que subraya que los hombres no tienen esa necesidad. Por su parte, Henintsoa ha constatado que cuando realiza alguna conferencia siente que los hombres la toman menos en serio. "No lo dicen, pero lo piensan, yo lo siento", asegura la científica malgache.

MATEMÁTICAS PARA SERVIR A LA HUMANIDAD

Esta matemática está preocupada por los efectos del cambio climático en los animales polinizadores debido a que un tercio de la producción mundial agrícola depende de ellos. "El cambio climático es real y por eso me intereso por este tipo de cuestiones, es por la supervivencia de la humanidad", comenta a Efe Henintsoa, que acaba la frase con una pequeña risa como si al escucharse ella misma se diera cuenta de la gran ambición de su estudio.

Nacida en Madagascar, pero actualmente investigando en Sudáfrica, debido a que su especialización no existe en su país, Henintsoa utiliza la modelización matemática para predecir el comportamiento a largo plazo de estos animales en relación con el cambio climático.

Quien también investiga en Sudáfrica es Carine, debido a la falta de medios para desempeñar esa labor en la República Democrática del Congo. Si no, asegura, preferiría hacer su investigación en su país: la relación entre la tuberculosis, aún muy presente en los países africanos, y la diabetes, debido a que una persona que sufre diabetes tiene el riesgo de contraer también la tuberculosis.

Incitada por el terrible recuerdo de una de sus hermanas que enfermó de tuberculosis cuando era pequeña, Carine busca encontrar un medicamento que sirva para ambas enfermedades. La hermana de la senegalesa Fatoumata Ba también sufrió toda su vida una patología: la apnea obstructiva del sueño, que expone a complicaciones metabólicas e incluso reduce la esperanza de vida, y que no le fue diagnosticada hasta que cumplió los 50 años, cuando presentó un cuadro de hipertensión arterial refractaria.

Los objetivos de esta médica especializada en psiquiatría son conocer la tasa de prevalencia de este síndrome en Senegal -que en Europa y Estados Unidos, precisa, es de un 5-25 %-, que los profesionales tengan en cuenta esta enfermedad y la diagnostiquen -en Europa y Estados Unidos el 85 % de los casos no están diagnosticados- e identificar factores de riesgo y prevenir.

PREFIEREN INVESTIGAR EN SU PAÍS 

Fatoumata se precia de haber cursado todos sus estudios en Senegal. Dice que está "orgullosa de decirlo porque demuestra que en nuestros países podemos hacer nuestros estudios, tener éxito, trabajar y comenzar investigaciones, aunque haya que dirigirse al exterior para encontrar los fondos".

Entre ellas hay otro aspecto en común: todas prefieren efectuar las investigaciones en sus países o, si no es posible, en África. Francine, quien ha realizado todos sus estudios en Camerún, asegura que sólo si se encontrara en la obligación de irse al extranjero para desarrollar el proyecto lo haría, "pero mi objetivo es poder encontrar una solución para resolver los problemas para nuestros pacientes africanos".

Stéphanie es de la misma opinión, lo haría para compartir su experiencia con otras personas "pero no para huir de mi país". "Mi país me necesita -asegura la joven científica-, hace falta mucho esfuerzo para construir una nación y, como investigadora, tengo que volver y servir de modelo a quienes quieran hacer lo mismo que yo".