El chamanismo ancestral resiste en Nepal frente a la medicina moderna

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Con la tez teñida de verde, sobre la que luce un tocado a base de plumas de pavo real, y un cinturón del que cuelgan numerosas campanillas, el joven nepalí Chet Bahadur Thing, de 26 años, se prepara para recibir a un paciente al que tratará de curar a través de la tradición ancestral del chamanismo.

Thing se atribuye la posesión de poderes sobrenaturales y la habilidad de domeñar espíritus desde que comenzó a prepararse como chamán tras sentir, con 11 años, una conexión con el mundo espiritual. Ahora es un reputado chamán de la etnia Tamang, comunidad que le considera un gurú o maestro.

"Mi abuelo era un chamán en mi pueblo del distrito de Ramechhap, al noreste de Katmandú, por eso le seguí desde que tenía once años", explicó a Efe el joven mientras sostenía el tradicional tambor de doble cara nepalí, conocido como dhyangro.

TÉCNICA ANCESTRAL

El chamanismo es una de las formas más antiguas de curación, que comparte algunas creencias comunes alrededor del mundo, y que influyó enormemente en el hinduismo y el budismo. En las zonas rurales de Nepal, el chamanismo es muy respetado y muchos prefieren que los chamanes traten sus dolencias mediante golpes de escoba que ahuyentan a los espíritus, en lugar de someterse al tratamiento de médicos cualificados.

"Hace años, cuando no existía la ciencia médica ni los hospitales, los chamanes trataban a los pacientes en nuestra aldea. Incluso ahora, gente con problemas espirituales o dolores corporales nos visitan cuando los médicos no pueden curarles", aseguró Thing.

El Jhakri o Dhami -palabra nepalí que se refiere a los chamanes, especialmente en las etnias Tamang, Magar, Rai, Limbu y Gurung- detalló que el tratamiento se basa en un recital de mantras, y el conocimiento que reciben del espíritu divino, así como en la utilización de hierbas medicinales. "Pero si hay casos más allá de nuestro conocimiento, le sugerimos que busquen asistencia médica", puntualizó Thing.

Aunque no hay datos concretos, en el pasado los chamanes estaban presentes en casi todo el territorio nepalí, aseguró a Efe el profesor del Departamento de Antropología de la Universidad Tribhuvan en Katmandú, Suresh Dhakal. "Pero con el progreso de las ciencias médicas y la expansión de los centros de salud en Nepal, este sistema enraizado en la cultura está desapareciendo de forma gradual", lamentó el académico.

La práctica, sin embargo, continúa viva "en muchos lugares, sobre todo en las regiones más occidentales de Nepal", donde, señaló, aunque la gente acude a los chamanes, no lo hacen abiertamente. Además parece que el relevo generacional está garantizado.

FASCINACIÓN INFANTIL POR LOS CHAMANES

Sheela Lamichhane, una estudiante de administrativo en Katmandú de 18 años, tenía 13 cuando su hermana mayor cayó gravemente enferma y, pese a recorrer un centro médico tras otro, no lograba curarse. "Después de un año de visitar muchos hospitales, finalmente llevaron a mi hermana a un chamán que comenzó a curarla", aseguró a Efe Lamichhane.

Desde entonces, creció en su interior una fuerte fascinación por los chamanes y su poder, hasta que, con 15 años, ocurrió el punto de inflexión definitivo: fue poseída por un espíritu. "Solía correr descalza en medio de la carretera como una niña loca", explicó, por lo que sus padres decidieron llevarla ante Thing, quien aseguró que estaba poseída por un espíritu maligno.

Durante el proceso de curación, para transformar el espíritu maligno en benigno, la estudiante tuvo que hacer un ayuno durante siete días. Lamichhane se recuperó y decidió entonces ligar su futuro al chamanismo.

FORMACIÓN

La joven comenzó sus estudios para chamán en el sótano de un centro de cremación, donde los aprendices reciben lecciones durante siete días sin consumir carne ni sal, al tiempo que recitan mantras, tocan tambores y bailan de noche sobre las brasas o las cenizas.

Los chamanes creen que ese tipo de danzas descalzos les proveen de energía divina, así que los aspirantes deben completar el baile sin daños, superando así la primera prueba de su formación. Tras ello, acuden a un río sagrado a meditar y recitar mantras medio sumergidos durante más de tres horas, un ritual que les da la confianza y energía necesarias para convertirse en chamanes.

Lamichhane superó ambas pruebas y actualmente practica el chamanismo cada día después de sus clases en Katmandú, donde asegura haber curado ya a más de un centenar de personas. "Hasta los 10 años soñaba con ser doctora, pero hoy la gente me conoce como la doctora bruja. Siento que estaba predestinada", confesó.