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El ‘superpoder’ de Greta Thunberg

Durante la celebración de la Cumbre de Acción Climática que se celebró a finales del pasado mes de septiembre en Nueva York, pudimos ver en televisión el rostro triste y enfadado de Greta Thunberg, líder del movimiento juvenil contra la crisis climática, cuando el presidente de los EE.UU, Donald Trump, pasó a su lado en la sede de Naciones Unidas. No es para menos, pues el señor Trump representa mejor que nadie a esos líderes mundiales que en lo referente a este asunto ‘miran para otro lado o piensan únicamente en el dinero’, como denunció la joven activista sueca.

En dicha imagen, el rostro de Greta Thunberg encarna la rabia, por el daño que durante décadas se ha venido haciendo al planeta, y la decepción, por la incapacidad de numerosos gobernantes que no han sabido o, lo que es peor, no han querido actuar con contundencia frente a este problema fundamental que es y será el origen de futuras adversidades, todas ellas de muy difícil solución.

Donald Trump se percató, al igual que el resto del mundo, de la indignación que mostró el rostro de Thunberg en diferentes momentos de la cumbre y, como era de esperar, le dedicó uno de sus irónicos tuits que carecen de talento alguno, pero revelan sin ambages la catadura moral de este político: ‘Parece una chica joven y feliz que desea un futuro brillante y maravilloso. ¡Qué agradable verla!’. Un dechado de simpatía este Trump. Como si de una partida de ajedrez se tratara, Thumberg movió ficha y cambió el encabezado de su biografía en Twitter por ‘Una chica joven y feliz que espera un futuro brillante y maravilloso’, respondiendo así al malintencionado sarcasmo.

Pero más allá de esta batalla de tuits, el cambio climático es en la actualidad un hecho incuestionable. Durante años su existencia fue puesta en entredicho por personajes muy respetables y prestigiosas instituciones. Durante mucho tiempo por demasiada gente, esto del calentamiento global se consideró cosa de hippies y ecologistas radicales. Ahora, sin embargo, es una realidad objetiva que nos supera. A estas alturas todavía hay quien defiende que el cambio climático es un proceso natural que nada tiene que ver, según los que apoyan esta tesis, con las malas prácticas industriales o tecnológicas desarrolladas por nuestra especie. Argumento que se esgrime para que nada varíe, para que quienes han venido destrozando el planeta sigan haciéndolo como si tal cosa.

Sin duda, la contienda para salvar los innumerables ecosistemas en peligro es desigual. Como apuntó nuestro Francisco de Quevedo, ese poderoso caballero que es don dinero también es en la actualidad más codicioso y depredador que nunca. Como sucede en ‘La historia interminable’ de Michael Ende, adonde llega todo lo devora y solo queda la nada. En consecuencia, para aquellos cuya única ambición es obtener beneficios económicos aun a riesgo de seguir destruyendo el medio ambiente, observar como la joven activista inspira y emociona a millones de jóvenes de todo el mundo no debe ser plato de buen gusto.

Ahora Greta Thunberg denuncia que ‘la gente está sufriendo, la gente está muriendo, hay ecosistemas enteros que se están derrumbando’, algo que hace treinta años diversas entidades advirtieron que podría suceder. Entre ellas la propia ONU, cuyos informes sobre el clima formularon hace tiempo lo que está ocurriendo en nuestros días: deshielo de los polos, desaparición de glaciares, fauna y vegetación en alto peligro de extinción, aves migratorias que no emigran, insectos acomodándose a nuevos hábitats, huracanes y ciclones cada vez más frecuentes y violentos, lluvias intensas que provocan inundaciones en pocos minutos, sequías y veranos cada vez más rigurosos, incendios no deseados,….y lo que queda por llegar. De ahí la justificada indignación de Greta: ‘Cómo se atreven a mirar para otro lado, a decir que están haciendo suficiente. Dicen que nos escuchan, que entienden la urgencia, pero si realmente entendieran la situación no estarían sin hacer nada’.

En este sentido, durante la cumbre el Secretario General de la ONU António Guterres hizo autocrítica: ‘Mi generación ha fallado en su responsabilidad de proteger el planeta’, afirmó. Puede ser, pero también hay que decir que en su generación (Guterres nació en 1949) y en las que vinieron después se alzaron numerosas voces contra los ataques que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX sufrió el medio ambiente. Voces comprometidas con la causa ecologista que no fueron escuchadas… y así estamos.

Por otro lado, las descalificaciones personales contra Thunberg no han tardado. Michael Knowles, colaborador de la cadena norteamericana de noticias Fox, ha aprovechado que la joven sueca padece síndrome de Asperger para señalar que es una ‘enferma mental’. Luego se disculpó, pero ya saben: difama que algo queda. Por su parte, la periodista Laura Ingraham también de Fox News, claro, la comparó con esos maléficos niños que aparecen en la película de terror de Fritz Kiersch ‘Los niños del maíz’. Asimismo, el escritor y cineasta neoconservador Dinesh D’Souza (director de varias películas documentales contra Barack Obama y Hillary Clinton, que fue condenado por una corte federal por emplear un ‘donante de paja’ para hacer una contribución ilegal durante las elecciones al Senado de los EE.UU en 2012) escribió que Thunberg le recordaba a las niñas de la propaganda nazi y, más de lo mismo, el analista estadounidense Sebastian Gorka, figura destacada de la corriente ‘American First’, aseguró que la activista parecía ‘una víctima de un campo de reeducación maoísta’. Qué decir ante tal sarta de necedades.

Cuando los portavoces, más o menos oficiales, de ciertos grupos económicos o de intereses que se resisten a cambiar de conducta ante la realidad incontestable del deterioro ambiental, descalifican de manera tan mezquina a una joven bien intencionada que les afea ante el mundo sus acciones, podemos hacernos una idea de la capacidad para manipular a la opinión pública que se gasta esta gente.Así las cosas, la propia Thunberg se ha referido en Twitter a los ataques que recibe: ‘van a por mí, contra mi aspecto, mi ropa, mi comportamiento y mis diferencias. Salen con cualquier mentira o teoría de la conspiración…’. Con sus luces y sombras, lo cierto es que Greta padece el Síndrome de Asperger que forma parte de los trastornos del espectro del autista. Las personas que lo sufren tienen dificultades de interacción social, pero también se caracterizan por su honestidad, sus destrezas significativas, su alta capacidad intelectual y la facilidad para especializarse en áreas del conocimiento. Además, los sujetos con este síndrome encierran dentro de sí un gran potencial para alcanzar metas ambiciosas y logros. Quizá por ello, en uno de sus tuits Greta Thunberg calificó su Asperger como un ‘superpoder’. A juzgar por lo que ha conseguido hasta la fecha, diríase que esta ‘joven heroína del clima’, como algunos medios la han denominado, en efecto posee el ‘superpoder’ de agitar conciencias.

Greta Thunberg no se rinde ante la posibilidad de vivir con las consecuencias, aún evitables, de un cambio desolador en el clima de la Tierra. Y hace bien. Lucha contra la sinrazón de quienes no dan respuestas a esta crisis. El malestar de la juventud actual quedó reflejado estos días pasados en el rostro afligido y malhumorado de Greta. Esperemos que los mandatarios que dirigen hoy el mundo entiendan la necesidad de intentar arreglar esto ya. ‘Las nuevas generaciones están pendientes de ustedes y si nos fallan nunca se lo perdonaremos’, manifestó Thunberg en la pasada cumbre de la ONU que concluyó con el compromiso de 70 países para reducir a cero sus emisiones de carbono en 2050. Ya veremos.