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Unos 100.000 desplazados por los combates en el este de Birmania, según ONU


Los recientes combates entre el Ejército birmano y milicias rebeldes han desplazado de sus hogares a unas 100.000 personas del oriental estado Karenni (Kayah), informa la oficina de Naciones Unidas en Birmania.

La ONU expresó su "preocupación por el rápido deterioro de la seguridad y la situación humanitaria" en la región a raíz de los enfrentamientos iniciados en abril entre las fuerzas de seguridad y la guerrilla Ejército Karenni junto a grupos de civiles armados.

"Los que han huido y aquellos que permanecen en lugares afectados por las continuas hostilidades necesitan de manera urgente comida, agua, refugio, combustible y acceso a cuidados médicos", señaló anoche en un comunicado la ONU en Birmania.

La oficina señala que trabajan en el reparto de ayuda humanitaria, pero hasta el momento llega de manera limitada debido a las dificultades de acceso a la zona y las restricciones de viaje impuestas por las fuerzas de seguridad, entre otras razones.

Muchos de los desplazados han huido a los bosques, mientras otros han encontrado refugio en comunidades del vecino estado Shan, indica la ONU al remarcar que "esta crisis podría empujar a la gente a cruzar la frontera (con Tailandia) en busca de seguridad, como ya se ha visto en otras partes del país".

La ONU en Birmania denuncia además los "ataques indiscriminados de las fuerzas de seguridad contra áreas civiles" y pide a todas las partes "medidas urgentes para salvaguardar la protección de los civiles y edificios, como centros de salud".

Por su parte, los rebeldes acusan al Ejército de disparar con artillería pesada y proyectiles de mortero contra varias aldeas. Además de en el estado Karenni, los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas y guerrillas étnicas -que reclaman una mayor autonomía para sus regiones- se han recrudecido en varias zonas del país desde el golpe de Estado militar del 1 de febrero.

Al menos 857 civiles han muerto desde el sublevamiento por la brutal represión de las fuerzas de seguridad contra las manifestaciones pacíficas en oposición al mando castrense, según cifras de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos.

El Ejército birmano justifica el golpe por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido liderado por la nobel de la paz Aung San Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y que fueron considerados legítimos por los observadores internacionales.