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EL PERIÓDICO
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La negociación ERC-JxCat: una montaña rusa que bordea la repetición electoral


Tres meses y un día después de las elecciones del 14F, tras constantes altibajos, avances y retrocesos, ultimátums y acusaciones cruzadas, ERC y JxCat siguen sin ser capaces de desencallar la investidura de Pere Aragonès y se juegan en 11 días formar Govern o provocar una repetición electoral.

El miércoles 26 de mayo expira el plazo límite para investir a un nuevo president, por lo que si fracasan las negociaciones entre las fuerzas independentistas Cataluña se verá abocada a volver a votar a mediados de julio.

NEGOCIACIÓN TORMENTOSA

El 14F consiguió un resultado histórico: mayoría absoluta con 74 diputados y más del 50 % de los votos, pero lo que parecía que iba a ser una negociación rápida para formar Govern y poner fin al periodo de interinidad -desde la inhabilitación de Quim Torra, en septiembre de 2020, el ejecutivo está en funciones- se ha acabado eternizando.

ERC ofreció sus votos para elegir a Laura Borràs como presidenta del Parlament el 12 de marzo, pero, dos semanas después, una JxCat molesta por el acuerdo alcanzado por los republicanos con la CUP hizo fracasar por dos veces la investidura de Aragonès.

Se activó entonces la cuenta atrás de dos meses para investir a un president y se abrió una fase de contactos que desesperó a ERC por la lentitud de los avances.

DEL ULTIMÁTUM A LA RUPTURA

ERC lanzó un ultimátum: el acuerdo no podía pasar del 1 de mayo, y ese día los equipos negociadores celebraron una cumbre en la cárcel de Lledoners (Barcelona) que sirvió para aproximar posturas, aunque fue un espejismo.

Una semana más tarde -el sábado pasado- Aragonès dio por rotas las conversaciones para reeditar una coalición -acusó a JxCat de dilatar deliberadamente la negociación- y pidió los votos necesarios para ser investido y gobernar en solitario, como había prometido el secretario general de Junts, Jordi Sànchez.

ERC se sentó a negociar el apoyo de los comunes, que este jueves se levantaron de la mesa cuando la CUP, inesperada mediadora, logró que republicanos y JxCat retomaran la negociación.

LOS ESCOLLOS

Uno de los principales motivos de la discordia es el papel que debe jugar el Consejo por la República, espacio parainstitucional que lidera desde Bélgica el expresident Carles Puigdemont: JxCat quiere que sea allí donde el independentismo consensúe su estrategia, pero ERC no quiere "tutelas" a Aragonès y defiende crear una dirección estratégica unitaria independiente de ese espacio.

Fuentes de ERC aseguran que JxCat llegó a aceptar -aunque luego se echó atrás- una dirección estratégica independiente que "se coordinaría" con el Consejo por la República, mientras que este espacio se reformularía para dejar de estar mediatizado por Junts.

ERC parece haber conseguido que JxCat acepte posponer qué plan B se aplicará si fracasa la mesa de diálogo con el Estado y asuma que, en lugar de unidad de acción en Madrid, haya "coordinación".

Si se superan estos escollos, a ERC y JxCat solo les quedará ponerse de acuerdo en la estructura del Govern y en el reparto de los departamentos, con al menos dos codiciadas áreas: la gestión de los fondos europeos y las políticas de comunicación y difusión.

INCOMODIDAD INTERNA EN JXCAT

Puigdemont ha procurado mantenerse alejado del pulso negociador, ha cedido la iniciativa a un equipo encabezado por Jordi Sànchez y así se lo ha trasladado a Aragonès cuando el candidato de ERC le ha llamado.

Numerosas voces en Junts, como ya explicaron el pasado domingo a Efe diversas fuentes del partido, no veían claro el compromiso de Sànchez de ceder votos a Aragonès para que gobierne en solitario -un ofrecimiento que finalmente ha sido retirado- y reconocían su incomodidad con su estilo negociador.

Sànchez lleva férreamente el mando de las conversaciones, imponiendo un gran secretismo, y son muchos los dirigentes que desaprobaban investir a Aragonès y pasar a la oposición, idea que probablemente habría sido rechazada en una consulta a la militancia.

ESCENARIOS

ERC insiste en reclamar los votos para gobernar sola, pero JxCat cierra la puerta a esa posibilidad y exige una coalición, que nacería erosionada tras tres meses de agotadora pugna.

El escenario más inverosímil -aunque nadie lo descarta- sería un desacuerdo que condujera a una repetición electoral, que hundiría el procés en sus horas más bajas y abriría incógnitas: ¿podría el PSC ampliar su mayoría y gobernar?, ¿qué aliados elegiría ERC si los resultados no variasen excesivamente? y ¿quién investiría al candidato o candidata de JxCat si fuese el más votado?

La ANC ha convocado para mañana una concentración en Barcelona para exigir un acuerdo y su presidenta, Elisenda Paluzie, indignada, ha alertado que, si ERC y JxCat no son capaces de entenderse, muchos independentistas "ya no querrán saber nada" del procés, porque hay "desánimo y cabreo".