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Víctimas de abusos, aliviadas por el fin de décadas de amparo a los verdugos


  • Escrito por Ana Rodrigo
  • Publicado en Actualidad

Los supervivientes que han sufrido violencia durante la infancia sienten alivio porque la ley aprobada por el Congreso esta semana va a acabar con décadas de impunidad y amparo a los verdugos, pero también porque acerca ese afecto y empatía tan necesario para escuchar su historia sin ponerla en duda.

Lo cuenta en una entrevista con Efe, Juan Cuatrecasas, padre de un joven que sufrió abusos sexuales por parte de un profesor del colegio Gaztelueta (del Opus Dei) de Leioa, en Vizcaya.

El profesor fue condenado finalmente a dos años de cárcel, después de que Tribunal Supremo rebajara la pena de 11 años impuesta por la Audiencia de Vizcaya, porque no debió estimar probados dos episodios de abuso que la víctima relató años después de que comenzase a contar lo sucedido.

Una de las características de los delitos de abusos sexuales a los niños es que las víctimas cuentan lo que han sufrido (a veces dentro de su propia casa), cuando pueden y no cuando quieren. Y eso ocurre décadas después, en la mayoría de los casos; por eso con la Ley de Protección a la Infancia y la Adolescencia Frente a la Violencia empezará a contar la prescripción de los delitos cuando la víctima tenga 35 años y no 18 como ahora.

También obliga a todos los ciudadanos a denunciarlo y cuando el caso llegue a los tribunales, los niños menores de 14 años solo tendrán que declarar una vez durante la investigación.

Los colegios tendrán normas claras sobre cómo actuar ante el acoso escolar, y la Policía y los jueces, formación para detectar y abordar las situaciones de maltrato infantil.

Durante la entrevista, repasamos qué va a significar la ley, pionera internacionalmente en la protección de los niños y que ha logrado un amplio consenso en el Parlamento.

Habla como padre, pero también como activista por los derechos de la infancia y presidente de la Asociación Infancia Robada, una de las pocas organizaciones que hay en España de supervivientes de violencia sexual y psicológica en el ámbito religioso.

PREGUNTA: ¿Qué siente una víctima o familiar de una víctima, que está junto a ella, cuando ve que se aprueba una ley que puede acorralar el maltrato?

RESPUESTA: Después de muchos años de reivindicación de la causa y de horas de atención a muchas víctimas y supervivientes de violencia física, emocional y sexual lo que siento es una mezcla de satisfacción y alivio. No solo por mi hijo, sino por todas las víctimas.

P: ¿Confía en que la ley tenga efectos inmediatos o se necesitarán varios años o décadas como ha ocurrido con la Ley Integral de Violencia de Género para apreciarlos? Sobre todo, para conseguir esa concienciación de la sociedad de rechazo hacia el maltrato.

R: Confío en la categoría de esta ley como un antes y un después en la batalla contra el maltrato a la infancia. El amplio consenso define que hay mucho y buen trabajo detrás de ella. Obviamente las leyes son obras inacabadas, pero el peso específico de esta ley, transversal por naturaleza, aporta una impronta de efectividad, eficacia y seriedad desde su entrada en vigor.

P: La ley facilita que los niños puedan hablar y pedir ayuda ¿se la dará?

R: Por supuesto. Las víctimas y supervivientes de violencia contra la infancia no requieren mas que afecto, empatía, paciencia para escuchar desde la cercanía y mucha atención. Lo dice alguien que siempre ha mantenido un contacto muy directo con algunas de ellas, de todos los ámbitos sociales. Y por supuesto un buen profesional de la psicología o la psiquiatría, además y en función de cada caso, educadores y trabajadores sociales.

P: ¿Cree que los niños van a asimilar pronto que tienen esta herramienta para combatir el maltrato?

R: Es algo que no va a depender de la capacidad de los niños y niñas por asumirlo. Sino del trabajo efectivo y visibilizador de los adultos en transmitirlo. La ley de modo directo e indirecto también aborda este asunto.

P: ¿Confía en la implicación de los centros educativos y de ocio para detectar esas situaciones o habrá que superar algunas resistencias, por ejemplo de los centros religiosos?

R: Creo que hay situaciones que no admiten más excusas o demoras. Los centros escolares, todos ellos, por supuesto también los religiosos, tienen el deber y la obligación de denunciar cualquier situación de maltrato, de acoso o abuso, que se esté perpetrando entre sus muros. Hasta ahora no se ha hecho así en muchos casos. Y eso debe terminar. No puede haber espacio para la impunidad en los delitos de violencia contra la infancia y adolescencia. No puede haber encubrimiento, complicidad o lamentables omisiones de socorro.

P: ¿Qué fallos o lagunas detecta desde el punto de vista de la víctimas que aún podría cambiarse en su tramitación en el Senado?

R: Yo no diría que la ley tenga fallos. Lo que puede tener como todas las leyes cuando se tramitan y cuando salen adelante sin precedente alguno existente, son faltas de desarrollo o prolongación. La profundidad se logra con el uso de la ley y con su aplicación a los casos concretos. De momento es un gran texto.

P: Desde la asociación han destacado que la ley se adapta a las víctimas como supervivientes y no las víctimas a la ley, ¿cómo lo hará?

R: Es algo que no siempre sucedía hasta ahora. Las víctimas de violencia contra la infancia son vulnerables, sufren los abusos y agresiones en pleno proceso de forja de sus personalidades. Esta ley surge de notables horas de comunicación y debate con colectivos y asociaciones por lo que la ley se adapta a las víctimas porque se les ha escuchado antes de redactarla.

P: También hablan de que es el principio del fin de décadas de impunidad y de amparar a verdugos y no a sus víctimas.

R: Solo por el hecho de que una ley ampare a las víctimas y sus derechos ya es un cambio notable. Las políticas de prevención son una labor pedagógica que ayuda a cambiar la visión, a veces disipada por nieblas interesadas, de lo que suponen estos delitos realmente. Los maltratos y la pederastia tienen hoy más enemigos y más barreras que un día antes de aprobarse en el pleno del Congreso. No hay que relajarse pero es un paso inmenso contra esta tipología delictiva.