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La situación de Europa según Engels, en 1891


Karl Marx (i) y Friedrich Engels (d). Karl Marx (i) y Friedrich Engels (d).

Recogemos la parte de la carta que Engels remitió a Larfargue, preso en Santa Pelagia, sobre la situación de Europa. La carta está fechada en Londres el 2 de septiembre de 1891:

“En Rusia hay hambre; en Alemania la habrá también dentro de algunos meses; los otros países sufrirán por la siguiente razón: el déficit de la cosecha de 1891 calcúlase en 11 millones y medio de hectólitros de trigo y en 87 o 100 millones de hectólitros de centeno, este último déficit afecta principalmente a los países consumidores de centenero, Rusia y Alemania.

Esto no garantiza la paz hasta la primavera de 1891. Rusia no se moverá antes de esta época, a no ser que en Paris o Berlín se cometa alguna inconcebible necedad. No habrá, pues, guerra.

En cambio, el zarismo, ¿podrá atravesar aquella crisis? Yo lo dudo. Hay demasiados elementos rebeldes en las grandes ciudades y, sobre todo, en Petersburgo, para que no se trate de aprovechar esta ocasión a fin de deponer al alcohólico Alejandro III, o, por lo menos, colocarle bajo la inspección de la Asamblea Nacional: quizá él mismo se vea forzado a tomar la iniciativa para convocar esa Asamblea. Rusia ha trabajado enormemente -es decir, el Gobierno y la joven burguesía- por la creación de una grande industria nacional. (Véase en el Nuevo Tiempo el artículo de Plejanov). Esta industria será detenida de repente en su marcha porque el hambre la cerrará su solo mercado: el mercado interior. El zar verá lo que es haber hecho de Rusia un país que sólo produje para él y vive independiente del extranjero: tendrá una crisis agrícola complicada por una crisis industrial.

En Alemania, el Gobierno se decidirá demasiado tarde, como siempre, a abolir o suspender los derechos sobre el trigo. Esto desbaratará la mayoría proteccionista del Reichstag. Los grandes propietarios territoriales, los “rurales”, deseando comprar lo mas barato posible, no querrán sostener más tiempo los derechos sobre los productos industriales. De suerte, que veremos probablemente la repetición de lo que ocurrió en la votación de la ley contra los socialistas: una mayoría proteccionista dividida por intereses opuestos creados por la nueva situación, que se hallará imposibilitada de llegar a un acuerdo en los detalles del sistema protector. Todas las proposiciones posibles sólo tendrán el apoyo de minorías, y habrá, o que volver al sistema librecambista, lo que es también imposible, o que apelar a la disolución, matando los antiguos partidos y la antigua mayoría, y trayendo una nueva mayoría librecambista opuesta al Gobierno actual. Pero esto significa el fin real y definitivo del período bismarkiano y del estancamiento político interior -yo no hablo aquí de nuestro partido, sino de los partidos gubernamentalmente posibles-, y, por consiguiente, habrá lucha entre la nobleza territorial, que es proteccionista, y los comerciantes y una fracción de la burguesía industrial, que con librecambistas; la estabilidad ministerial se hará pedazos, y, en fin, habrá movimiento, lucha, vida, recogiendo nuestro partido todos los frutos que tal estado produzca. Y si los acontecimientos toman este carácter, las cosas no pararán ahí, sino que la Democracia Socialista podrá conquistar el Poder el año 1898.

No hablo de los otros países, porque la crisis agrícola no les afecta tan considerablemente. Pero si esta crisis agrícola hace estallar en Inglaterra la crisis industrial que esperamos desde hace 25 años, entonces…”

(Fuente: El Socialista, número 291)