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La importancia de la prensa socialista a través de un ejemplo suizo (1920)


Los socialistas españoles dedicaron mucho esfuerzo, dinero y hasta discusiones para tener y mantener una prensa propia, especialmente a través de El Socialista. Costó muchísimo que se convirtiera en diario y que pudiera salir todos los días. Siempre se dedicó mucha atención a los ejemplos extranjeros, a saber que es lo que hacían los socialistas europeos en relación con su prensa.

El periódico era fuente de información, era un medio de propaganda, de cultura, de formación de la conciencia obrera, era un medio para la denuncia, para defenderse de las polémicas, era un pilar fundamental, sin lugar a dudas, en la laboriosa tarea de la emancipación obrera. En distintos artículos nos hemos acercado, periódicamente, a esta cuestión, y seguiremos haciéndolo porque nos parece un asunto capital para entender el movimiento obrero de signo socialista.

En noviembre de 1920, en la sección “Editorial Socialista”, el periódico socialista español entresacó un conjunto de párrafos de un artículo firmado por Robert Gaffner en un periódico socialista suizo, con el significativo título de “El periódico socialista en el hogar del obrero”. Para el diario español las ideas ahí vertidas eran de carácter universal y podían servir para que los trabajadores españoles meditasen, al respecto.

El autor preguntaba al trabajador qué iba a leer en las largas veladas invernales para instruirse y pensar, ¿qué periódico preferiría? Consideraba que el periódico era la “espada de la idea”, una coraza para el combate entre el pasado y el porvenir, en una época donde se estaban aniquilando las tradiciones para crear un mundo nuevo. Recordemos que estamos en la posguerra de la Gran Guerra.

Pues bien, era imposible ser un espectador indiferente en la batalla entre ese pasado “vergonzoso y maldito” y el porvenir entrevisto por los que sufrían el peso de la injusticia económica.

Por eso había que multiplicar la potencia contra la barrera de la reacción. Y el instrumento para hacerlo era la propaganda, el folleto, el periódico, el diario, todos los días en el hogar de todos, como un alimento cotidiano. El diario era el amigo que esperaba, y que se consultaba cada día con alegría.

La propaganda obrera era más eficaz en la medida que los obreros abandonaban la prensa “capitalista” para hacerse lectores fieles del diario socialista. Era imposible que un trabajador, informado y formado por esa prensa de la burguesía fuera consciente de sus ideales e intereses legítimos, es decir, de que pudiera adquirir conciencia de clase.

Así pues, había una consigna para ese invierno:

“La prensa socialista únicamente en el hogar del obrero, la prensa de negocios, el periódico del patrono y de la burguesía en el hogar de los patronos y de los capitalistas”.

Hemos trabajado con el número 3672 de El Socialista, de 17 de noviembre de 1920. En la hemeroteca digital de El Obrero encontraremos referencias a esta cuestión.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.