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Las bases del asociacionismo empresarial catalán: la Comisión de Fábricas


© Fábrica de Lanas de Arsèguel. © Fábrica de Lanas de Arsèguel.

El asociacionismo empresarial en España tuvo en Cataluña su gran impulso, habida cuenta de que fue el lugar donde se produjo la Revolución Industrial. En este artículo nos centraremos en la Historia de la Comisión de Fábricas de Hilados, Tejidos y Estampados de Algodón, creada en 1820 en la convergencia de dos organizaciones previas del siglo anterior.

Comencemos por estas dos organizaciones. En primer lugar, habría que hablar de la Real Compañía de Hilados de Algodón, nacida en pleno despotismo ilustrado en el año 1772, y refrendada oficialmente por una Real Cédula de 1773. Estaba integrada por los principales fabricantes de indianas de la capital catalana, que pretendían fomentar el hilado del algodón de las colonias americanas y combatir el monopolio maltés en esta cuestión. No parece que tuviera un gran éxito, y se fue transformando más bien en una organización que defendía los intereses de estos grandes fabricantes, especialmente a mediados de la década siguiente pretendiendo que el Estado adoptara una clara política arancelaria, además de que combatiese el contrabando, y se reforzaran los lazos con el mercado colonial con el fin de proteger la producción. La Guerra de la Independencia generó tantos trastornos que estos grandes fabricantes comenzaron a acercarse a otra organización, nacida en 1799, el Cuerpo de Fabricantes de Textiles e Hilados de Algodón, que unía a los fabricantes que habían surgido en el último decenio del siglo. No fue una organización muy influyente porque tenía en contra la Junta de Comercio de Barcelona y porque estos fabricantes no tenían el poder económico de los miembros de la Real Compañía.

Así pues, los problemas de unos y de otros, y la difícil situación económica en la Cataluña y la España de la posguerra, terminaron por acercarles. Al calor del cambio político en los inicios del Trienio Liberal en 1820 se unieron, naciendo la Comisión de Fábricas.

El primer objetivo de esta organización estaba claro: la defensa de los intereses de los fabricantes algodoneros de Cataluña. Para ello se promovieron la adopción de una política basada en dos pilares: la creación de un mercado interior español, y la adopción de un acusado proteccionismo arancelario.

Por el momento, la Comisión no tuvo mucha influencia, habida cuenta de la inestabilidad política existente y el fin de la experiencia del Trienio, suspendiendo sus actividades en 1823.

Pero los fabricantes consiguieron relanzar la Comisión a partir de 1826, aunque el reconocimiento oficial no llegaría hasta dos años después cuando Fernando VII visitó Cataluña por la guerra de los Malcontents.

La Comisión se puso en marcha y adquirió un evidente protagonismo por el impulso de sus socios, y el apoyo de algunos personajes, destacando el que se puede considerar el primer economista catalán, Eudald Jaumeandreu, teórico del más radical proteccionismo, el prohibicionismo. Este economista asesoró a la Comisión entre 1833 y 1836, escribiendo para la misma la Memoria sobre la necesidad del sistema prohibitivo en España.

Pero la Comisión no solamente luchó por estos objetivos de tipo económico, también tuvo muy claro que su otra gran tarea era la defensa de los intereses empresariales frente al naciente movimiento obrero en Cataluña, en una década como la de los años treinta, de fuertes tensiones no sólo políticas, sino también sociales. Así pues, defendiendo el claro establecimiento del Estado liberal, superando el Antiguo Régimen, se decantó por la fórmula más conservadora del liberalismo español, aunque también es cierto que algunos socios pertenecieron al progresismo.

Ante el debate sobre la política arancelaria a partir de 1847, la Comisión, siempre fiel a su defensa del proteccionismo a ultranza, tendió puentes con otros sectores industriales. En ese momento pasaría a denominarse Junta de Fábricas.

Nos ha sido de gran ayuda el Diccionari d’Història de Catalunya, dirigido por Jesús Mestre i Campi, Barcelona, edicions 62. Por otro lado, se importante consultar la siguiente bibliografía, al respecto:

Alejandro Sánchez Suárez, “Los inicios del asociacionismo empresarial en España: La Real Compañía de Hilados de Algodón de Barcelona”, Hacienda Pública Española, nº 108-109 (1987), pp. 253-268. Del mismo autor, “De la Compañía de Hilados a la Comisión de Fábricas. El asociacionismo empresarial en Cataluña durante la crisis del Antiguo Régimen (1772-1820)”, Pedralbes, nº 8, 1, (1988), pp. 385-394; y “Entre el tradicionalismo manufacturero y la modernización industrial. El Cuerpo de Fabricantes de Tejidos e Hilados de Algodón de Barcelona, 1779-1820”, Estudis d’História Econòmica, nº 1, (1989), pp 71-88.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.