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Los socialistas ante el incendio de la Fábrica de Tabacos de Madrid de 1890


En noviembre de 1890 la Fábrica de Tabacos de Madrid ardió. Se da la circunstancia que a partir de 1887 con la cesión de la explotación del monopolio del tabaco a la Compañía Arrendataria de Tabacos se hicieron obras para acondicionar un edificio con muchos problemas sanitarios derivados del hacinamiento. El fuego dejó en la calle a seis mil trabajadoras, que como bien sabemos, siempre fueron un ejemplo en la historia del movimiento obrero por ser, seguramente, las obreras más reivindicativas.

Pues bien, los socialistas se hicieron eco de este incendio en El Socialista, calificándolo de catástrofe. Y lo era, precisamente, porque dejaba a miles de cigarreras en la calle. A la insoportable situación del proletariado madrileño venía a unirse este suceso funesto, afectando a tantas familias.

Los socialistas no querían hacer consideraciones fatalistas de una sociedad que hacía depender la existencia de millares de personas de un accidente “más o menos fortuito”. Tampoco se quería apelar a la “sensiblería hipócrita” de la que tanto abusaría la burguesía sobre un pasajero amor al prójimo. Y no lo hacían porque bastaba con ser trabajador y socialista para sentir como propia la desgracia ocurrida.

El objetivo del artículo era que, si se quería desmentir lo que, al parecer, y siempre según el texto, sospechaba la mayoría de las cigarreras y parte de la opinión pública, es decir que el incendio, cuyo origen era hasta el momento desconocido, pudiera ser el principio de la realización de los objetivos que la Compañía Tabacalera abrigaba desde su creación, y para cuyo cumplimiento tropezaba con la resistencia de las cigarreras. Era urgente que los actos viniesen a probar que las sospechas eran infundadas. Esos objetivos tenían que ver, con la puesta en marcha de máquinas (“aparatos mecánicos”), que hacían innecesario el trabajo de las operarias.

Y la situación, seguía la denuncia socialista, no se remediaba con visitas regias al lugar de la catástrofe ni con dádivas, sino restituyendo a las cigarreras al trabajo. La Compañía tenía que poner en marcha en un breve plazo un nuevo local para continuar el trabajo, y si lo dilataba, el Gobierno debía intervenir.

Hemos trabajado con el número 243 del 14 de noviembre de 1890 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.