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El homenaje del socialismo madrileño a Engels


Karl Marx y Friedrich Engels. Karl Marx y Friedrich Engels.

El socialismo español homenajeó a Engels en el momento de su fallecimiento en agosto de 1895, publicando la biografía que le realizó Kautsky, y con un acto organizado por la Agrupación Socialista Madrileña en el salón del Centro Obrero de la capital, presidido por un retrato del fallecido cubierto con una gasa negra. La importancia del acto deriva, además, de los tres oradores que participaron, Juan José Morato, Juan B. Justo y Pablo Iglesias.

El primer orador fue el escritor y tipógrafo Juan José Morato, destacado socialista, como bien sabemos. Morato explicó como estaba Europa y América cuando Marx y Engels comenzaron a trabajar. Esa introducción era necesaria, a su juicio, para entender y apreciar la importancia de la labor de los “fundadores del socialismo”. Interesante fue su interpretación del socialismo utópico de Saint Simon, Fourier y Owen, cuando se publicó el Manifiesto Comunista. El socialismo utópico habría conseguido seguidores, pero no entre los trabajadores, sino entre “las personas ilustradas”. Por su parte, el socialismo científico había ya conseguido millones de defensores entre los trabajadores, y que, a buen seguro, en el juico de Morato, aumentarían hasta lograr implantarle en los “países civilizados”.

Morato terminó animando a los asistentes al estudio de las ideas de Marx y Engels, con el fin de difundirlas y lucha por ellas con perfecto conocimiento.

El segundo orador fue otro eminente socialista, pero esta vez, argentino Juan B. Justo, uno de los fundadores del Partido Socialista en aquel país. Justo se encontraba en Madrid esos días finales de agosto, y quiso participar en el acto. Para el socialista argentino el principal mérito de Marx y Engels era el descubrimiento del materialismo histórico, aunque él lo expresó diciendo que habían demostrado que la historia de la Humanidad se realizaba en virtud de causas materiales o económicas, y puso ejemplos concretos. Deducido del descubrimiento anterior, ambos habían demostrado la existencia de la lucha de clases, generada por la oposición de los intereses. No habían hablado de sociedades ideales sino de la posibilidad de que los hombres, superados los antagonismos sociales y organizada la producción en bien de todos, pudieran disponer del fruto de sus esfuerzos y dejaran de estar sometidos al capricho de nadie para hacer una vida “verdaderamente racional”.

El último orador fue Iglesias, que se centró en la vida pública de Engels. Explicó su participación en la Revolución de 1848 en Alemania, y su papel en la Primera Internacional donde defendió con Marx a la Comuna de París. También habló de la defensa que Engels hizo de la acción política del proletariado contra los seguidores de Bakunin. Iglesias hizo una defensa de la preeminencia de las ideas defendidas por Marx y Engels como lo demostraría que, a pesar de que muriese la AIT, los Partidos Socialistas, que la reemplazaron, las habían sostenido.

Explicó la colaboración de Engels en la lucha de los socialdemócratas contra Bismarck, su participación en la redacción del programa del Partido Obrero francés, y citó el trabajo que hizo con sus escritos sobre asuntos de actualidad y sus consejos a los socialistas de todos los países. Engels no sólo se contentó con Marx con gritar que los proletarios de todos los países debían unirse, sino que fue uno de los que más había trabajado en la práctica porque esa unión fuera un hecho.

Hemos trabajado con el número 495 de El Socialista, del 30 de agosto de 1895.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.