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Bicentenario de Engels


El 28 de noviembre de 1820 nacía Frederich Engels, figura clave en la Historia del socialismo y del movimiento obrero. En El Obrero queremos recuperar textos suyos durante el mes de noviembre.

Las vías legales

Un grupo de marxistas rusos, que publica en Ginebra una serie de folletos socialistas con el título de Biblioteca del socialismo contemporáneo, acaba de sacar a luz la quinta entrega de la Miseria de la Filosofía, de Karl Marx. La traducción está hecha del texto francés publicado en 1847 en Bruselas. Esta traducción va precedida: primero, de una introducción de Federico Engels, escrita expresamente para la edición rusa el 23 de octubre de 1884, en Londres; segundo, de una interesantísima carta de Marx al redactor del Social Demokrat, fechada en Londres a 24 de febrero de 1865.

Contiene además la citada edición, como suplemento: primero, un extracto del discurso de Karl Marx pronunciado ante el Jurado de Colonia el 9 de febrero de 1849; segundo, un extracto de la obra de Marx titulada Zur kritik der politischen oekonomie.

Creemos que nuestros lectores leerán con interés la traducción del primero de estos dos suplementos:

«Algunos de nuestros revolucionarios tienen a Karl Marx por «partidario del progreso pacífico», o «defensor de los medios legales». Debe atribuirse tan grave error, por una parte, a la ignorancia completa de las teorías de Marx, y por otra, al falseamiento premeditado de estas mismas teorías, bajo la influencia del galimatías anárquico o de las triquiñuelas de los sedicentes socialistas de la cátedra o del Estado. Para confundir a todos estos sofistas, de buena o mala fe, bastaría con citar textualmente las siguientes palabras del Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels: «Los comunistas no admitirán nunca la posibilidad de esconder su opinión o su manera de obrar. Los comunistas proclaman abiertamente que sólo podrán lograr lo que se proponen con la destrucción violenta del orden social existente.» No obstante, creemos deber citar algunos pasajes del discurso que Karl Marx pronunció ante el Jurado de Colonia el 9 de febrero de 1849.

«Karl Marx se hallaba acusado de haber provocado una sublevación a mano armada contra los funcionarios públicos encargados de la percepción de las contribuciones decretadas por la Asamblea nacional de Berlín. He aquí un extracto del discurso a que nos referimos:

«Señores, aprovecho la presente ocasión para analizar lo que llaman de ordinario las vías legales… Debo hacerlo con tanta más razón, cuanto que se nos trata precisamente de enemigos de esas vías legales

¿Qué entendéis, señores, por las palabras vías legales? Indudablemente queréis decir que la conservación de las leyes que datan de una época social caduca y que han sido dictadas por los representantes de intereses sociales que han desaparecido o están próximos a desaparecer, leyes que sólo garantizan esos intereses opuestos a las exigencias sociales existentes.

«Ahora bien: la sociedad no ha estado nunca basada sobre leyes de ningún género; esto es una invención de los juristas.

Todo lo contrario. La ley debe fundarse sobre las exigencias de la sociedad; debe expresar y garantizar los intereses sociales, intereses que resultan de las condiciones materiales de la producción de la época presente, y su objetivo debe ser el combatir las pretensiones individuales.

Con el Código Napoleón a la vista, yo afirmo que no es este Código el que ha engendrado la sociedad burguesa actual. Esta sociedad, nacida en el siglo XVIII y desarrollada en el XIX, ha tenido solamente en este Código su expresión jurídica. El día en que este Código deje de ser la expresión fiel de las relaciones sociales, no representará otra cosa que un rollo de papel.

Es, por lo tanto, absolutamente imposible el basar una sociedad nueva sobre leyes anticuadas, del mismo modo que esas leyes no han podido crear las formas sociales del antiguo régimen, del que sólo eran la expresión.

No habiendo sido estas leyes más que la expresión de los tiempos pasados, deben desaparecer con ellos; deben cambiar inevitablemente, en conformidad con las condiciones sociales de nuestra época. »La conservación de las leyes anticuadas en perjuicio de las necesidades del desarrollo social, no es en realidad otra cosa que la defensa inoportuna de los intereses privados en lucha con los intereses de la sociedad entera.

»La conservación y la defensa de esas sedicentes vías legales sólo expresa, pues, la tendencia bien probada a hacer que prevalezcan los intereses privados, aun cuando han dejado ya de tener una razón de ser social; cuya tendencia no expresa, por lo tanto, sino la intención de forzar a la sociedad presente a vivir en condiciones que le son totalmente contrarías, a soportar las relaciones económicas de cambio y de producción pasadas. Esta tendencia tiene además por objeto el obligar al legislador a convertirse, a todo trance, en defensor de los intereses privados, y, finalmente, expresa el abuso del poder público instituido en vista de la sumisión forzosa de los intereses de la mayoría a los de la minoría. Por cuya razón esa tendencia no puede por menos de provocar, sin descanso, un antagonismo flagrante de los intereses existentes, y falsea y embaraza el cambio y la producción y engendra todas esas crisis sociales que estallan en revoluciones políticas.

»He ahí adonde conduce ese apego a las vías legales. Estas dos palabras están fundadas, pues, en una superchería premeditada o una ilusión de ignorante.» Marx profesó estas mismas ideas hasta la hora de su muerte. El que escribe estas líneas, que tuvo la suerte de estrechar su franca y leal diestra pocos meses antes de morir, puede afirmarlo altamente.

Y si se quisiera otra prueba de la invariabilidad de sus opiniones en este punto, léase su discurso de Ostende, pronunciado al regresar del Congreso del Haya, es decir, veinticuatro años después del discurso de Colonia, y en el cual se declara abiertamente partidario de la fuerza, «partera de revoluciones».

(Fuente: El Socialista, número 18, 9 de julio de 1886)