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Sobre el trabajo a domicilio y el movimiento obrero a propósito del caso alemán en 1900

En algunos artículos en este medio de El Obrero hemos estudiado los problemas que se presentaban en relación con el trabajo a domicilio textil donde eran indiscutibles protagonistas las trabajadoras en la España de los años veinte y treinta, generando una creciente preocupación por parte del sindicalismo de signo socialista. Pero, en realidad, el trabajo a domicilio fue un asunto que desde mucho tiempo atrás había preocupado al movimiento obrero dentro y fuera de España. Acercarnos a la huelga de los obreros sastres alemanes en 1900 nos puede ofrecer algunas de las claves de este sector laboral, sus problemas y las reivindicaciones sindicales.

Los socialistas españoles siguieron este conflicto porque reafirmaba las ideas que tenían sobre el trabajo a domicilio, sobre sus abusos e inconvenientes. La gran reivindicación siempre giraba en torno a que la reglamentación existente para el trabajo en las fábricas se extendiese a la producción en el “domicilio obrero”, que los niños no tomasen parte en este trabajo sino a partir de una determinada edad, y que los adolescentes y mujeres no pudieran trabajar al día más que un numero limitado de horas, ya que la jornada laboral en casa era siempre mucho mayor que en talleres y fábricas.

Al parecer, los sastres alemanes iban más allá de estas reivindicaciones, que podríamos calificar de clásicas del movimiento obrero. Pedían que el trabajo de sastrería dejara de hacerse en casa, y que mediante una ley se obligase a que se realizase en fábricas, para evitar los inconvenientes y abusos que se practicaban. Los socialistas españoles veían muy interesante esta propuesta porque debía extenderse a otro tipo de producciones que se realizaban en el domicilio obrero.

La industria dentro de casa no solamente era perniciosa por la larga jornada que debían soportar los niños y adolescentes, como hemos expresado, sino por otras razones tan importantes como ésta. La primera de ellas tenía que ver con las condiciones higiénicas, ya que la vivienda obrera se transformaba en taller. Y no olvidemos que la mayor parte de dichas viviendas eran muy pequeñas, con una sola habitación.

En relación con la legislación había que tener en cuenta otro problema, que se había visto en Alemania. La extensión de esa legislación al trabajo domiciliario era muy urgente porque las regulaciones fabriles sobre el trabajo infantil, que habían provocado que el número de niños y niñas trabajando en fábricas fuera decreciendo de forma evidente, había traído una consecuencia no deseada, ya que había subido, en contrapartida y de forma muy significativa, el número de niños y adolescentes trabajando en casa, donde al no haber normas se podían trabajar más horas y con menos retribuciones.

Hemos consultado el número 766 de El Socialista, de 9 de noviembre de 1900.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.