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El conflicto por la jornada de ocho horas de los marmolistas madrileños en 1899

En el otoño de 1899 se produjo un conflicto entre los obreros marmolistas y sus patronos por la consecución de la jornada laboral de ocho horas. Estudiamos el mismo en este breve artículo.

Al parecer, el problema estalló cuando 16 obreros de un taller de mármoles decidieron reclamar a su patrón el establecimiento de la jornada de ocho horas al ver que sus compañeros de la cantería ya disfrutaban de esta conquista laboral. El patrón se negó, pero hizo más. Temeroso de que sus trabajadores se declarasen en huelga acudió a la organización patronal de marmolistas a dar cuenta de lo ocurrido. Y, como consecuencia, los patronos decretaron un cierre patronal, un lock-out, además de acudir a las autoridades.

El cierre tuvo lugar a partir del 27 de septiembre, después de que los patronos pagasen a los obreros y les informasen de su decisión. A la mañana siguiente, los distintos talleres amanecieron cerrados y custodiados por la fuerza pública.

El problema estaba en el momento del cierre, ya que quedaba un mes escaso para el Día de Difuntos, con el consiguiente aumento de la demanda de mármoles para las sepulturas. Y seguramente eso motivó que comenzaran muy pronto las negociaciones y que la patronal transigiese con algunas de las demandas. En principio, no se negaban a la concesión de la jornada de ocho horas, aunque no inmediatamente. En todo caso, los obreros que negociaban desconfiaban de esta rápida concesión porque se temían que podía ser una estrategia para provocar la pronta vuelta al trabajo con el fin de poder atender los pedidos por la presión de las fechas.

En una siguiente reunión de la negociación los empresarios manifestaron su voluntad de que se estableciese inmediatamente la jornada de nueve horas, y que, de ese modo, se volviera al trabajo, además de permitir que se creara una comisión mixta para que resolviese los incidentes que se pudieran ocasionar por la aplicación del cambio. Pero los obreros no estaban por la labor, y continuó la huelga.

Pero el conflicto no solo afectaba al ámbito funerario, sino también a la construcción, y los arquitectos decidieron intervenir, dirigiéndose a los líderes de la huelga para ofrecerse como intermediarios.

El trabajo de la Junta Directiva de la Sociedad de Arquitectos dio sus frutos y en la segunda quincena del mes de octubre se llegó a un acuerdo entre la patronal y los trabajadores, recogido en unas bases, como era habitual.

Se estableció la jornada de ocho horas durante todo el año, pero de trabajo efectivo, bien dentro del taller, o en tajo fuera del mismo, según estableciera el maestro, considerado el único elemento con potestad para organizar el trabajo con arreglo a las necesidades de cada taller, siguiendo las prácticas usuales.

Se podrían exigir más horas de trabajo en casos extraordinarios, pero dicho tiempo no podría exceder de cuatro horas.

No se hicieron modificaciones en relación con los jornales.

También se debía observar el descanso dominical, salvo en casos excepcionales.

Para la interpretación de las bases del acuerdo y resolver conflictos se crearía un Jurado mixto, regido por un reglamento, y compuesto por cinco maestros y cinco obreros, bajo la presidencia de una persona considerada competente, extraña a ambas colectividades y elegida por ambas partes de común acuerdo al comenzar cada año.

Hemos seguido este conflicto empleando los números 709, 710 y 712 de El Socialista, del mes de octubre de 1899.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.