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Los conflictos sociales en la Barcelona de 1854

Retrato de Pascual Madoz (1873) por José Nin y Tudó. / Wikipedia Retrato de Pascual Madoz (1873) por José Nin y Tudó. / Wikipedia

El año 1854 fue un momento de especial tensión social en Barcelona, comenzando antes de la Vicalvarada que terminó con el monopolio moderado en el poder, dando comienzo al Bienio Progresista en el reinado de Isabel II, porque en la capital catalana se prolongó hasta 1856, es decir, durante toda esta etapa del reinado de Isabel II. En todo caso, en esta pieza nos centraremos en el primer año.

En la primavera, el conflicto laboral en La España Industrial se saldó con una fuerte represión, ya que cincuenta obreros fueron detenidos. Fue la mecha que prendió en el movimiento obrero porque el 23 de marzo se declaró la huelga general en Barcelona, extendiéndose al resto de localidades industriales cercanas.

El 3 de abril terminó la huelga general. Las autoridades prometieron atender las reivindicaciones obreras sobre la base de dos cuestiones. En primer lugar, se decretaría la libertad de los detenidos, y en segundo lugar, se estableció que se restaurarían las condiciones salariales y laborales que se habían aprobado en 1842. Por otro lado, no debemos olvidar que las autoridades y cierta prensa habían transmitido a la opinión pública que la actitud de los trabajadores podía ayudar a la reacción carlista, un factor que también habría que tener en cuenta a la hora de explicar el fin del conflicto.

La recién restablecida paz social no se prolongó durante mucho tiempo porque el 14 de julio, mientras estallaba la Vicalvarada en el resto del país, se puso en marcha otra huelga. Este conflicto laboral tuvo una dimensión política indirecta, ya que, al parecer, estimuló a la guarnición militar de Barcelona para decidirse por apoyar el pronunciamiento progresista. El conflicto laboral fue protagonizado, por su parte, por los hiladores y los tejedores, que siguieron en huelga hasta después de la victoria del pronunciamiento. En este conflicto hubo una dimensión tardía de ludismo, ya que fueron quemadas algunas fábricas y hubo destrucciones de selfactinas.

El capitán general publicó un bando en el que amenazaba con el fusilamiento a los saboteadores, poniendo en práctica dicha amenaza, ya que ejecutó a tres detenidos, aunque esto no hizo, precisamente, que el conflicto se terminara. Así es, la huelga se extendió por Mataró, Manresa y Valls. El 18 de julio se publicó otro bando conminando a los obreros a que regresaran a sus puestos de trabajo, pero no tuvo éxito. Parece evidente que esta resistencia era fruto del nivel de organización al que habían llegado los obreros a estas alturas del siglo. El boicot a las selfactinas había sido decidido desde la Comisión de Trabajadores de las fábricas de hilados, donde destacaba la figura de José Barceló.

Por fin, el capitán general La Rocha publicó un tercer bando el 25 de julio que supuso una cesión ante la resistencia obrera, ya que prohibió la utilización de las sefalctinas. En consecuencia, los tejedores regresaron al trabajo. Habían conseguido, además, una mejora salarial y la formación de una comisión paritaria para resolver futuros conflictos. Pero el caso de los hiladores era más complejo porque sus patronos eran los más directamente afectados por la prohibición del empleo de selfactinas. Al no poder emplearlas decidieron establecer el cierre patronal.

Gracias a la labor mediadora del nuevo gobernador civil de Barcelona, Pascual Madoz, se llegó a un acuerdo entre patronos y obreros. En una comisión paritaria que presidió en el mes de agosto se acordó que las sefalctinas volverían a ser empleadas y, a cambio, los obreros conseguirían un aumento salarial. No cabe duda que la epidemia de cólera que se desató en aquel verano ayudó a acercar posturas. En el mes de septiembre, Madoz remitió una circular a las autoridades locales para que le enviaran al Gobierno Civil los estatutos de las sociedades obreras y cuanta documentación pudieran reunir sobre dichas organizaciones: miembros, reuniones, objetivos, etc.. El poder, aunque ahora ocupado por los progresistas, seguía muy interesado y preocupado por conocer y controlar los medios que empleaba un movimiento obrero cada vez más organizado.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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