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El programa espartaquista

Los socialistas españoles consideraron que no habían cumplido con el deber de divulgar el programa defendido por la Liga Espartaquista. Por ello decidieron hacerlo al comenzar el mes de febrero de 1919 para que se conociera, precisamente, recién asesinados Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. La difusión del programa debía servir para excitar la repulsa de la opinión pública hacia los asesinos de ambos. Pero antes hagamos un poco de historia sobre la crisis de la socialdemocracia alemana a cuenta de la guerra.

Cuando se constató que la guerra duraría mucho tiempo, es decir, cuando se despertó del espejismo entusiasta de los primeros meses, la ruptura en el seno del socialismo alemán se hizo evidente. El sentimiento de repulsa hacia la guerra comenzó a crecer. En diciembre de 1914, Karl Liebknecht rompió la disciplina y votó en contra de la concesión de nuevos créditos de guerra. Al presentarse el presupuesto en marzo de 1915 treinta diputados socialdemócratas votaron en contra de su aprobación. En diciembre de ese mismo año fueron veinte diputados los que votaron contra la guerra. El día 24 de marzo de 1916, el sector contrario a la guerra en el Reichstag fue expulsado del grupo socialdemócrata y también del partido. El 6 de abril de 1917 en Gotha se creó el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD). El líder de la nueva formación sería Hugo Haase, que había liderado la fracción izquierdista del SPD contraria a la guerra en el parlamento.

Por otro lado, estaba el círculo de Rosa Luxemburgo que luchaba por el derrocamiento de la Monarquía y por el fin de la guerra. Desde el año 1915 comenzaron a hacer una intensa propaganda para dar a conocer sus propósitos. En abril de ese año este grupo, junto con Liebknecht, Clara Zetkin y Franz Menhring, editó un único número de un periódico denominado Internationale, profundamente crítico con la actitud del SPD por considerar que era nacionalista y por haber traicionado los ideales de la Internacional. Además, crearon un grupo nuevo con el mismo nombre, aunque en enero de 1916 pasaron a ser el Grupo Spartakus, o Liga Espartaquista, cuya denominación se refería al famoso esclavo que se enfrentó a las legiones romanas. Durante la guerra fueron muy activos en su propaganda antibélica, aunque su influencia fue muy relativa. A pesar de eso, las autoridades temieron la popularidad de Liebknecht y le detuvieron y encarcelaron en 1916, a partir de su participación en una manifestación antibélica. En reacción se produjeron manifestaciones, protestas y huelgas. Rosa Luxemburgo también fue detenida, pero eso no le impidió seguir trabajando desde la cárcel. Los espartaquistas terminaron por asociarse con el USPD en 1917, aunque de forma autónoma. La cita con la historia de este sector de la izquierda estaba a punto de producirse cuando los acontecimientos se precipitaron en Alemania con el armisticio y el fin de la Monarquía.

El texto que publicó el periódico socialista español tiene su importancia porque, creemos que es la primera vez que se difundió en España.

El primer apartado del programa versaba sobre las medidas inmediatas conducentes a la victoria de la revolución, pasando por el desarme de la policía, los oficiales y soldados no proletarios del ejército, así como de los miembros de las clases dominantes. Esas armas debían ser incautadas por los Consejos de obreros y soldados, además de pasar a controlar las fábricas de armas. En contraposición, había que armar a la población masculina proletaria adulta con el fin de crear la milicia roja. Además, había que formar una guardia roja de trabajadores para luchar contra los atentados y maquinaciones de tipo contrarrevolucionario. Dentro de este apartado también era necesario desarticular la jerarquía y la obediencia militares, que quedarían sustituidas por la espontánea disciplina de los soldados. Los oficiales serían elegidos por dichos soldados, con el derecho de revocación. Se abolirían los tribunales militares, y se procedería al alejamiento de los oficiales de los Consejos de soldados. Se sustituiría a los funcionarios políticos del régimen por hombres de confianza de los Consejos de obreros y soldados. Habría que crear un Tribunal revolucionario para juzgar a los responsables de la guerra, incluidos los miembros destacados de la familia imperial, Ludendorff, Hindenburg y Tirpitz. Por fin, se procedería a la confiscación de alimentos para asegurar el abastecimiento de la población.

El segundo apartado estaba dedicado a las medidas políticas y sociales, comenzando por una profunda reorganización de la estructura territorial de Alemania, ya que se abolirían los estados y se crearía una República Socialista Alemana unida. Por eso, había que abolir todos los parlamentos y concejos comunales, cuyas funciones serían asumidas por Consejos de obreros y soldados. Esos Consejos serían elegidos por los obreros mayores de edad de ambos sexos, tanto en el ámbito urbano como en el rural. En relación con los Consejos de soldados serían éstos los que los elegirían, sin poder participar en este proceso los oficiales. Los elegidos en ambos tipos de Consejos podrían ser revocados en cualquier momento.

Estos Consejos elegirían delegados para formar el Consejo Central, que, a su vez, elegiría al Comité ejecutivo, órgano fundamental porque sería el supremo en el ejecutivo y el legislativo. El Consejo Central debía reunirse al menos cada tres meses, con nuevas elecciones cada vez, con el fin de ejercer el control sobre la actividad del Comité Ejecutivo. Los Consejos de Obreros y Soldados también tendrían la potestad de poder revocar a sus representantes en el Consejo Central cuando no actuasen conforme a los deseos de sus mandatarios. Por su parte, el Comité Ejecutivo elegiría y destituiría a los comisarios del pueblo, y demás autoridades y empleados centrales.

Se abolirían todos los títulos nobiliarios, además de implantarse la igualdad jurídica y social entre ambos sexos.

El programa planteaba una intensa legislación social: acortamiento de la jornada laboral para evitar el paro, y teniendo en cuenta el debilitamiento que había provocado la guerra. La jornada laboral máxima se fijaba en seis horas diarias. También había que cambiar radicalmente la legislación referente a alimentación, vivienda y educación.

El punto tercero del programa se refería a la atención de los problemas económicos inmediatos.

En primer lugar, había que proceder a la confiscación de todos los patrimonios y rentas reales en beneficio de la colectividad. Recordemos que en el Imperio alemán, además de la casa imperial, había más casas reales.

Después se procedería a la anulación de la deuda del Estado, así como todos los empréstitos de guerra.

Las grandes y medianas propiedades agrarias debían ser expropiadas, fundándose cooperativas socialistas agrícolas en todo el país, y con una dirección centralizada. Las pequeñas propiedades agrícolas quedarían en posesión de sus dueños hasta que voluntariamente se adhiriesen a las mencionadas cooperativas.

Se procedería a la expropiación de bancos, minas, ferrocarriles y de las grandes empresas industriales y comerciales. La expropiación también alcanzaría a los grandes patrimonios, a partir de una cuantía fijada por el Consejo Central.

La República también se haría cargo de los medios de transporte.

En las fábricas se establecería una especie de control obrero a través de los Consejos de Obreros en materia de condiciones de trabajo, vigilando la producción para asumir al final la dirección de las mismas.

Las huelgas quedarían reguladas a través de una Comisión Central de Huelgas, para que los movimientos huelguísticos estuvieran coordinados desde una orientación socialista y en ayuda de los Consejos.

Por fin, en cuestiones internacionales se estipulaba la inmediata reanudación de las relaciones con los demás partidos socialistas para establecer la Revolución y asegurar la paz.

Podemos acudir a la siguiente bibliografía:

Paul Frölich, Rosa Luxemburgo. Vida y obra, 1976.

Sebastian Haffner, La revolución alemana. 1918-1919, 2005.

Rosa Luxemburgo, Obra y semblanza de Rosa Luxemburgo. Edición de Maxim Montoto, 2016.

César de Vicente Hernando, La revolución de 1918-1919. Alemania y el socialismo radical, 2018.

Como fuente hemos empleado el número 3464 de El Socialista del primero de febrero de 1919.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.