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Enric Botí: "La nueva normalidad complica la movilidad a las personas ciegas"

  • Escrito por Pilar Tomás
  • Publicado en Crónicas

Después de semanas de confinamiento por coronavirus, volver a salir a la calle ha supuesto para las personas ciegas o con otras discapacidades tener que adentrarse en una "nueva normalidad" con medidas que "complican la movilidad" y la comunicación, según ha explicado a Efe el delegado de ONCE en Cataluña, Enric Botí.

Entre los obstáculos que encuentra este colectivo en la actual situación se encuentra la dificultad de desplazarse manteniendo la distancia de seguridad, ya que "no es fácil saber si estás a un metro y medio de separación de otros peatones", indica Botí.

Del mismo modo los guantes entorpecen el sentido del tacto y las mascarillas impiden a las personas sordas la comunicación por lectura labial, unos inconvenientes que, según el delegado de ONCE en Cataluña, pueden sobrellevarse con la "colaboración ciudadana" y "trabajando en equipo".

Tras 81 años de actividad ininterrumpida, el coronavirus obligó a los vendedores de lotería de la ONCE a detener su trabajo en la calle de marzo hasta junio, cuando pudieron volver a trabajar con mascarillas, guantes y gel hidroalcohólico para demostrar que "la ilusión puede protegerse" en tiempos de pandemia, asegura Botí.

Estos "centinelas de la ilusión" son parte de las 72.000 personas ciegas afiliadas a la institución -unas 10.600 en Cataluña-, que reciben servicios personalizados para mejorar su inclusión y autonomía personal.

Durante el confinamiento el voluntariado del Grupo Social ONCE hizo unas 273.000 llamadas, ayudó a más de 1.500 estudiantes catalanes a acabar con éxito el curso de forma telemática y creó una red de atención domiciliaria para comprar alimentos y llevar medicamentos a las 3.000 personas mayores ciegas que viven solas en Cataluña, 14.000 en el conjunto de España.

Los trabajadores de la ONCE capearon el estado de alarma acogiéndose a un ERTE o, en función de su actividad, implementando el teletrabajo, una "reconversión interna" que la institución ha completado "preservando su parte humana y solidaria", apunta Botí.

"Cedimos nuestros hoteles Ilunion para tratar de cuidar al personal sanitario y a enfermos con la COVID-19 y pusimos las lavanderías industriales a disposición de los centros hospitalarios", recuerda el delegado de ONCE en Cataluña, convencido de la necesidad de "actos de generosidad" para combatir la pandemia.

Cada día de estado de alarma, con los trabajadores confinados, un ERTE en vigor y la venta de lotería paralizada, costó 6,3 millones de euros a la ONCE, que dejó de ingresar en total unos 600 millones, según afirma Botí.

No obstante prevé que los ingresos del resto del año, junto con los "buenos resultados" obtenidos en 2019, darán oxígeno y garantizarán la "sostenibilidad" de la institución a pesar de los estragos que ha causado el coronavirus en las cuentas de la entidad.

La ONCE cerró el año pasado con ganancias de 2.255,3 millones de euros por venta de juegos de azar, un 4,4 % más que en 2018, y destinó un total de 265,1 millones a inversión social directa para personas ciegas o con otras discapacidades, según refleja el Informe de Valor Compartido de 2019.

De cada 100 euros que se ingresó por la venta de lotería, 54 se destinaron al pago de premios; 33,60 euros a salarios y gastos de gestión; 10,10 euros a inversión social directa y 2,30 cubrieron otros gastos.

Por otra parte Botí destaca los niveles de generación de empleo de ONCE, que contrató el año pasado a 11.340 personas -un 95 % de ellas, con discapacidad- y firmó 935 contratos indefinidos para vendedores de juegos de azar.

Estas cifras engrosaron la plantilla hasta los 72.693 trabajadores el año pasado -6.896 en Cataluña-, lo que convirtió a la institución en el cuarto mayor empleador estatal no público y el primero en cuanto a personas con discapacidad.

"El panorama de ahora es incierto, pero la ilusión que tenemos y las ganas de esforzarnos y de compartir solidaridad no tiene límites", asegura Botí, que confía en la "capacidad de ser capaces" y de "luchar el doble" para afrontar las dificultades que esconde la "nueva normalidad".

Ante la posibilidad de futuros rebrotes de COVID-19, Botí apela al optimismo y rememora cómo los primeros vendedores de la ONCE lograron abrirse paso en plena posguerra: "tenían miedo, pero la ilusión era más grande que la incertidumbre", concluye. EFE.