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Hospital del Tajo, nueva normalidad: Gestionar el futuro... Y las emociones

  • Escrito por Patricia de Arce
  • Publicado en Crónicas
Cinzia Cucchi, Jefa de anestesia del Hospital del Tajo de Aranjuez, durante una entrevista el pasado 22 de junio de 2020, en el centro médico madrileño, uno de los que también sufrieron los efectos de la pandemia del Covid 19. Un espejo cuelga de una de las paredes de la UCI del Hospital del Tajo en Aranjuez. EFE/David Fernández Cinzia Cucchi, Jefa de anestesia del Hospital del Tajo de Aranjuez, durante una entrevista el pasado 22 de junio de 2020, en el centro médico madrileño, uno de los que también sufrieron los efectos de la pandemia del Covid 19. Un espejo cuelga de una de las paredes de la UCI del Hospital del Tajo en Aranjuez. EFE/David Fernández

Un espejo cuelga de una de las paredes de la UCI del Hospital del Tajo en Aranjuez. Lo colocó allí una enfermera para que los trabajadores sanitarios pudieran mirarse de vez en cuando, en medio de la vorágine, y comprobar que seguían protegidos mientras trataban a los enfermos de la COVID-19.

Ese espejo ha sido testigo de los momentos más duros vividos en este centro sanitario de la Comunidad de Madrid que pese a su tamaño menor y su radio de acción -cinco municipios y una población de referencia de 84.000 personas- ha vivido esta crisis con mucha intensidad.

Ahora, el hospital ha entrado en esa nueva normalidad que se confunde por momentos con la vieja, con escenas habituales como las filas para pedir cita, las esperas para la extracción de sangre o la zona quirúrgica a pleno rendimiento.

Y cuando parece que todo vuelve a ser como antes, otras imágenes nos recuerdan que todo, en realidad, ha cambiado.

Empezando por la gran pantalla colocada en el recibidor del centro, una donación de estos meses que el hospital utiliza para dar la bienvenida con un vídeo de recomendaciones de higiene y seguridad contadas por una enfermera de urgencias. Mascarillas, dispensadores, señales, cartelería.

No falta nada. O sí: Las sillas de en medio en filas de tres asientos que han retirado para que nadie espere pegado a nadie. Es el mismo hospital que antes del coronavirus. Pero es también otro. Como le ocurre a su trabajadores.

LA NECESARIA ELASTICIDAD

El gerente del Hospital del Tajo, Antonio Romero, explica a Efe cómo se está viviendo esta nueva etapa. Por un lado está toda la reorganización asistencial, con los circuitos diferenciados que garanticen la distancia entre enfermos y posibles infectados del virus del resto, y lo que denomina plan de "elasticidad", o lo que es lo mismo, estar preparados para posibles rebrotes.

Lo resume en una frase: "Ordenar lo que se ha hecho durante la crisis de manera desordenada". Se trata del aprovisionamiento de material, para contar con una reserva estratégica que permita funcionar, y de tener todo listo por si hay que reorganizar plantas y áreas, por si hay que volver a duplicar camas o, en el caso de la UCI, triplicarlas.

Y por otro lado está la "gestión de las emociones". Así define Romero este momento en el que todo el mundo tiene "inquietudes, ansiedad y miedo" ante una enfermedad que no ha terminado de irse y en el que también pesa mucho el cansancio de quienes han trabajado sin tregua para combatirla.

UN EQUIPO MULTIDISCIPLINAR CONTRA LAS SECUELAS

El trabajo que toca ahora hacer es diferente pero intenso, porque se trata de garantizar tanto la seguridad del profesional como del paciente. Un proceso en el que "para dar un paso hay que coger mucha, mucha carrerilla", en palabras del jefe del servicio de neumología, Fernando González Torralba.

Él es el encargado de coordinar la puesta en marcha del "ConCOVID", la comisión interdisciplinar que se va a dedicar a atender a los pacientes "con mayor complejidad" que han sufrido la enfermedad y que tienen que ser tratados y vigilados por especialistas de distintos servicios.

El objetivo, evitar la "dispersión" del paciente entre distintas consultas y garantizar su tratamiento de forma coordinada. Neumología, medicina intensiva, medicina interna, urgencias, cardiología, neurología, psiquiatría...

Todos se van a organizar para dar una atención integral a estos pacientes, que necesitan recuperación respiratoria, muscular y también emocional. Porque muchos de ellos pasaron semanas en el hospital. Y buena parte de ellos en la UCI.

LA FAMILIA DE LA UCI

La Unidad de Cuidados Intensivos el Hospital del Tajo es pequeña y habitualmente sólo acoge hasta a seis pacientes. Durante la crisis llegó a tener hasta veintiuno, entre la suma de los más críticos y los "intermedios", que necesitaban también de vigilancia constante.

En la UCI están los dos únicos enfermos de COVID-19 que quedan en todo el hospital. Han negativizado el virus, pero siguen allí porque su infección fue compleja, como lo está siendo su recuperación. Les sigue cuidando el mismo equipo que ha afrontado lo más duro de esta pandemia.

La enfermera Yolanda Torrejón recuerda con pena cómo se había logrado "humanizar" la UCI, con horarios más amplios de visitas cuando llegó el coronavirus y obligó a aislar esta unidad para evitar más contagios.

Los mensajes de audio, las fotos de familiares colgadas en las paredes, las vídeollamadas cuando era posible... Así intentaban consolar a los pacientes mientras trabajaban sin parar, porque "no había manos" suficientes, cuenta.

Por eso o esconde su inquietud e incluso enfado cuando habla de quienes se saltan las medidas de seguridad. "Creo que se ha visto poco de lo que hemos vivido en primera línea". "Y no estamos bien. No, no estamos bien", confiesa.

La doctora Miriam Chana, intensivista en la unidad, enseña la foto que tiene guardada en su móvil y que les ha mandado un paciente que paso allí muchas semanas y que ahora se recupera en casa.

Recuerda cómo se amplió esta UCI colocando camas y respiradores en todos los huecos posibles y cuenta la sintonía con la que siempre, también en los momentos más duros, ha vivido este equipo que en su mayoría lleva trabajando en esta UCI doce años, los mismos que tiene el centro.

Son, dice, una "pequeña familia" que había vivido ya de todo y que ahora ha pasado por el horror del coronavirus. Y a la que se han sumado subraya los compañeros del servicio de Anestesia.

Intensivistas y anestesistas, muchas veces rivales, han trabajado como un solo equipo, en una unión "física y emocional": "La gran colaboración entre los dos servicios ha ayudado a que todo fluyera", cuenta.

Con el mismo orgullo destaca este buen entendimiento entre ambas áreas la jefa de Anestesiología, Cinzia Cucchi. Los dos equipos han sido uno y han funcionado con una "armonía" que todavía "sigue".

Cucchi fue uno de los trabajadores que se alojaron en el hotel cercano, que fue medicalizado para recibir tanto a pacientes como a personal del centro sanitario. Ella pasó allí dos meses para no contagiar a su marido y sus dos hijos, que estaban en casa, muy cerca del hospital.

En muy poco tiempo se preparó este establecimiento. Una tarea en la que se volcó Yolanda Hijosa, que habitualmente se encarga de la programación quirúrgica. Fue, dice, "muy bonito" poder trabajar atendiendo a sus compañeros sanitarios -se llegaron a alojar veintidós- y a los quince pacientes que también pasaron muchos días allí.

LA VOZ DE LA CONCIENCIA

La mayor parte de los profesionales que hablan con Efe llevan muchos años trabajando en Aranjuez, casi los mismos que lleva abierto el hospital. No es el caso Sergio Martínez. Tiene 49 años y lleva sólo dos como auxiliar de enfermería.

No es vocación tardía, es que antes, por circunstancias de la vida, no pudo dedicarse a esto. La pandemia no ha podido con su ilusión por este trabajo, y cuenta a EFE no sólo lo mucho que ha aprendido estos meses, también su intención de seguir formándose.

Reconoce, eso sí, que muchas veces le asaltan imágenes de lo vivido, de los momentos más duros. La tensión constante, la sensación de desbordamiento y sobre todo el miedo en la mirada de los pacientes.

Por eso ahora, entre los suyos, es un poco la "voz de la conciencia"; y repite a familiares y amigos la importancia de prevenir. "Sin dramatizar", pero pidiéndoles prudencia. Como sus compañeros, necesita descansar. Pero no cree que desconecte del todo. Eso es algo imposible después de lo vivido.EFE.