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Números de descenso... y desazón

  • Escrito por Carlos del Barco
  • Publicado en Deporte

El Betis es capaz de jugar veinte minutos buenos, desconectarse durante cuarenta obviamente malos, recibir un baño de goles y maquillarlo después, síntomas todos de un equipo espasmódico que aún no sabe qué quiere ser de mayor y que, según su entrenador, Alexis Trujillo, suma en su fragilidad defensiva y en los 52 goles encajados guarismos de descenso a Segunda División.

Alexis Trujillo dirigió ante el Levante su segundo partido como máximo responsable del Betis tras sustituir al destituido Joan Francesc Ferrer 'Rubi' y, después de la goleada sufrida ante el Levante en La Nucía (Alicante) (4-2), se movía entre la desazón, la decepción y las incógnitas sobre un equipo que se cae a las primeras de cambio.

Disgusto, pesadumbre, inquietud interior, desabrimiento o insipidez son algunas de las acepciones que la RAE da al concepto de desazón y que encajan como un guante en los estados de ánimo de una entidad y un equipo que, por determinadas actitudes, da por momentos la sensación de haber dado por terminada una temporada que no lo está.

Pese a que Sergio Canales y Juanmi Jiménez maquillaron frente al Levante un resultado sonrojante con sendos goles postreros, los cuatro tantos recibidos por los verdiblancos han sido, además de la imagen mostrada y las febles prestaciones defensivas exhibidas, un aldabonazo y un baño de realidad tras la agónica victoria casera ante el Espanyol (1-0).

Decimotercero en la clasificación con 37 puntos, a once del Mallorca que marca los puestos de descenso, el Betis sólo ha encajado menos goles que los mallorquinistas (55) y deambula ya en la clasificación en una frustrante tierra de nadie en la que, además, aún tiene que certificar la salvación de manera oficial.

Pese a que algunos jugadores, instalados en el lugar común, aún hablan, como Sergio Canales, de que es "muy difícil estar arriba y encajar goles así", la descarnada realidad habla de que el Betis hace mucho tiempo que vive desconectado y que las miras europeas no pasan de ser una quimera frente el objetivo real de salvar la categoría.

Ya el presidente bético, Ángel Haro, ha calificado de "fracaso" la temporada bética tras conjugar todos los tiempos del verbo fracasar en las metas de estar el año que viene en Europa y en lograr la Copa del Rey, tan lejos también como los dieciseisavos en los que los de Heliopolis cayeron eliminados por el Rayo Vallecano.

Las declaraciones de intenciones y los propósitos de enmienda se han estrellado de forma contumaz con la tozuda realidad de que los verdiblancos se han derrumbado cada vez que veían una luz, como la de la victoria ante el Real Madrid antes del parón por el coronavirus (2-1) y, sin ir más lejos, ayer con el Levante después de ganar al Espanyol.

Con una sola victoria fuera del Villamarín de las nueves sumadas hasta ahora, la lograda en Mallorca, nunca ha logrado el Betis en este año ser ese equipo fiable que matizara la idea del omnipresente Quique Setién, cuya estela, para lo bueno y lo malo, sigue presente en Heliópolis como la del cesado vicepresidente Lorenzo Serra Ferrer.

Este ambiente soterradamente convulso ha pesado en el efímero paso de Rubi, quien no pudo completar el primero de los tres años que firmó por la entidad tras la salida del hoy entrenador del Barcelona por, entre otras y nada desdeñables razones, no dar con la tecla defensiva ni ensamblar un once con una plantilla que, por lo visto, ha mostrado más oropel que el oro pregonado.

Sólo el internacional francés Nabil Fekir ha mostrado más que destellos de su indudable talento de los que llegaron para abanderar el nuevo proyecto desde el césped, ya que Borja Iglesias, quien llegó avalado por su goles en el Espanyol, mediatizado por el peso de los treinta millones de su cláusula y que ha sido una de las grandes decepciones de un año en el que sólo ha logrado tres tantos y una indiscutible proyección mediática.

Por encima de nombres propios, que también, el Betis se ha desangrado en buena parte del año por sus lagunas defensivas, con defensa de cuatro o de cinco como ante el Levante, entre otros, y también por desconexiones de algunos de sus componentes a los que, como se dice en la jerga, se les pueden adivinar tentaciones de chancla.

Alexis y Juan Merino, su segundo, afrontan la difícil papeleta de recomponer ánimos, de enderezar actitudes y de poner sobre el verde a quienes saquen adelante un año para olvidar en el que, en su recta final, los dirigentes han tenido a su favor el no ser sometidos al escrutinio del Benito Villamarín tras la dolorosa derrota ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán en la reanudación liguera.

El Betis tiene ante sí un calendario en el que recibirá en casa a Villarreal, Osasuna y Alavés, y viajará a Vigo para enfrentarse al Celta, a Madrid para hacerlo con el Atlético y a Valladolid para poner punto y final a un año para olvidar que, posiblemente, sea de uno en los que los números de descenso no se traduzcan en descender: aunque sí en desazonar a la incondicional afición bética. EFE.